El lema "No a la guerra" ha vuelto al centro del debate político español después de que Pedro Sánchez lo haya recuperado explícitamente. El objetivo era definir la postura de su Gobierno ante la escalada bélica en Oriente Próximo y las presiones de Estados Unidos. Además, reivindica la tradición pacifista que se forjó en las protestas contra la invasión de Irak en 2003.
Por qué vuelve ahora el 'No a la guerra'
En una comparecencia de urgencia en La Moncloa, Sánchez ha sintetizado la posición oficial de España ante la actual ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán en "cuatro palabras: no a la guerra". Lo hace en un contexto de fuerte tensión diplomática tras las advertencias directas de Donald Trump a España. Estas se enmarcan en su negativa a alinearse sin matices con la estrategia militar de Washington.
El Gobierno defiende que España no será "cómplice de algo malo para el mundo" ni cederá por miedo a represalias económicas o políticas. También ha apelado al respeto al derecho internacional y a la Carta de la ONU como guía de su política exterior. En este marco, recuperar el "No a la guerra" le permite a Sánchez conectar la respuesta a la crisis actual con un símbolo muy arraigado en la memoria colectiva contra la guerra de Irak y contra la foto de las Azores que representó el alineamiento de José María Aznar con George W. Bush y Tony Blair.
Qué fue el 'No a la guerra'
El "No a la guerra" fue el lema que aglutinó las masivas movilizaciones ciudadanas contra la invasión de Irak en 2003. En el Estado español llegó a convertirse en un auténtico grito generacional y en un símbolo gráfico. Destaca aquí el famoso cartel de letras rojas "sangrantes" sobre fondo negro que se multiplicó en pancartas, pegatinas, chapas y balcones.
El 15 de febrero de 2003 millones de personas salieron a las calles de centenares de ciudades del mundo para oponerse a la inminente intervención militar en Irak liderada por Estados Unidos. Se calcula que entre seis y diez millones de manifestantes participaron globalmente en las protestas coordinadas de ese fin de semana. En España se estima que se manifestaron entre ocho y once millones de personas, con cifras de entre cientos de miles y varios millones en ciudades como Madrid y Barcelona, en la que fue una de las mayores movilizaciones de la historia reciente.
Cómo surgió y se expandió el movimiento
El movimiento surgió como respuesta a la decisión del Gobierno de Aznar de apoyar la invasión de Irak pese al rechazo abrumador de la opinión pública, que rondaba el 90% en contra de la intervención militar según las encuestas de la época. La articulación de la protesta fue muy amplia. Participaron sindicatos, partidos de izquierda, asociaciones vecinales, organizaciones pacifistas, colectivos estudiantiles, movimientos cristianos de base y plataformas ciudadanas, que convirtieron el "No a la guerra" en un paraguas común.
También el mundo de la cultura se implicó de forma visible. Durante la ceremonia de los Premios Goya de 2003 muchos actores y directores lucieron chapas con el lema y convirtieron la gala en un alegato contra la guerra. En las calles, figuras como Pedro Almodóvar leyeron manifiestos antibelicistas ante plazas abarrotadas, intercalando el grito de "No a la guerra" que coreaba la multitud. La difusión del mensaje se apoyó en herramientas que entonces eran novedosas, como internet y los SMS. Estas sirvieron para convocar manifestaciones y cadenas humanas a una velocidad hasta entonces inédita.
Por qué Sánchez lo recupera hoy
Al recuperar explícitamente el eslogan, Sánchez busca condensar en una fórmula muy reconocible su rechazo a una nueva escalada militar en Oriente Próximo y su negativa a subordinar la política exterior española a los dictados de la Casa Blanca. La referencia a Irak y a la foto de las Azores le permite trazar un contraste con el alineamiento sin fisuras del Gobierno de Aznar en 2003. Además, presenta la postura actual como heredera de aquella mayoría social pacifista que se expresó en las calles.
Además, el "No a la guerra" opera como un recurso de memoria emocional. Interpela a una generación que vivió aquellas manifestaciones y a una cultura política para la que la defensa de la paz y el multilateralismo se convirtieron en señas de identidad frente al unilateralismo militar. De este modo, Sánchez intenta blindar su posición en la actual crisis internacional. Lo hace con un símbolo que conecta su Gobierno con uno de los consensos más amplios de la sociedad española de las últimas décadas.
Te puede interesar
-
Irán recuerda las relaciones históricas con España y se olvida de Zapatero
-
La Audiencia Nacional asume la investigación sobre el rescate de la aerolínea Plus Ultra
-
María Jesús Montero propone a una alto cargo de Hacienda para presidir la AIReF
-
El paraguas nuclear francés se extiende a ocho países europeos y España se queda fuera
Lo más visto
Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registrado