Ahora ya son tres los escenarios en que PP y Vox deben alcanzar bien un pacto de investidura, de gobernabilidad o de coalición salvo condenar a Extremadura, Aragón y Castilla y León a una repetición electoral. Y esta vez Génova tiene prisa. Una vez resignados a la maniobra dilatoria de Vox de retrasar las conversaciones a la celebración de los comicios castellanoleoneses de este domingo, entienden que el camino está despejado y, además, no pueden ni deben esperar a las autonómicas andaluzas, pues los plazos, tanto en el caso de María Guardiola como de Jorge Azcón, se agotan el 3 de mayo, antes de esa consulta ante las urnas.

Feijóo emplazó ayer a Vox a que se deje de excusas. Su "ya está bien" resonó alto y claro en varias partes del discurso pronunciado ante la Junta Directiva Nacional popular, que escenificó su tercer triunfo consecutivo de este ciclo electoral. El PP repite negociadores con el partido de Abascal. Si era pública y notoria la interlocución del secretario general de Génova, Miguel Tellado, algo menos visible era el papel de la directora de gabinete de Núñez Feijóo, Marta Varela, ambas personas de la estrechísima confianza del líder del primer partido de la oposición. Ambos perfiles dan una idea de la importancia que para Feijóo tiene llevar estas negociaciones a buen puerto.

Los barones, con peso orgánico y político en el PP, quieren pilotar las conversaciones

La entrada de estos negociadores y el documento-marco para alcanzar esos acuerdos son dos de los instrumentos con que cuenta Génova habida cuenta de que por parte de Vox el peso de la negociación la lleva Bambú, en concreto, Ignacio Garriga, vicepresidente de este partido y su mano derecha, Montserrat Lluis, secretaria general adjunta. Pero, de hecho, existe un 'tapado'. No es otro que Kiko Méndez Monasterio, asesor personalísimo de Abascal y quien mueve los hilos internamente.

Pero si bien las baronías de Vox carecen de peso orgánico, no pasa así con las del PP, a las que no se puede orillar en una negociación. Lo cierto es que la inopinada entrada de Génova en estos contactos vino motivado por el bloqueo en Extremadura y el riesgo de conducir a esta comunidad a una repetición electoral, pero tanto Azcón como Mañueco reclaman su espacio negociador, tener las manos más o menos libres. Es por ello que Feijóo destacó ayer que cada territorio tiene su peculiaridad.

Fernández Mañueco prefiere un gobierno en solitario

Por ejemplo, Mañueco dijo ayer preferir un gobierno en solitario con apoyos puntuales. "Mi experiencia en esta legislatura ha sido un gobierno en coalición y un gobierno en solitario. Lo mejor para mi tierra ha sido en solitario; ha habido mayor crecimiento económico, mejor gestión de los servicios públicos y, además, estabilidad política. Este es el proyecto que queremos ofrecer". Y ante una hipotética exigencia de Vox de entrar en el gobierno autonómico, hace de la necesidad virtud al apelar a la importancia de "construir un proyecto de futuro para las personas de Castilla y León. No se trata de sillones" e incluso considera una buena base el documento que firmaron ambos partidos en 2022.

Por su parte Azcón parece estar más abierto que su compañero de filas a dar entrada a Vox en su ejecutivo y Guardiola así se lo ofreció a los voxistas. El aragonés quiere un acuerdo "lo antes posible" y que los de Abascal "den un paso adelante y digan si quieren gobernar". Y la extremeña mostró sus prisas por "ponerse a trabajar ya y llegar a un acuerdo que sea bueno y beneficioso para los extremeños. En eso estoy desde hace más de dos meses. Así que deseando de que dé sus frutos", con Vox dentro o fuera del ejecutivo autonómico, "como quieran", apostilló.

No terminan de tener claro si Vox quiere entrar en los ejecutivos a pesar de lo dicho por Abascal

Porque no acaban de tener claro lo que quiere Vox. Si bien Santiago Abascal habló ayer de su disponibilidad de entrar en los gobiernos autonómicos, como en 2023, lo cierto es que en julio de 2024 dieron una patada al tablero y dejaron los ejecutivos. Además, durante la negociación en Extremadura fueron cambiando de posición hasta desembocar en el "no rotundo" dispensado a Guardiola tanto en la primera como en la segunda votación de la sesión de investidura de los días 3, 4 y 5 del presente mes.

El PP se aferra a la idea de que si no ha habido acuerdos hasta ahora era porque Abascal quería concurrir en Castilla y León sin mochilas, a la espera de un resultado espectacular, superior al 20 por ciento de voto, y con los 18 procuradores que les daban no pocas encuestas. No lo consiguieron. En Génova señalan a El Independiente que "esa era su decisión y la respetamos", pero "acabado este proceso electoral ya no hay ningún motivo para que se mantenga la situación de bloqueo". Hasta ahora las negociaciones con Vox han sido una especie de campo de minas, sujeto a rupturas abruptas y acusación de filtraciones varias. Ahora entienden que sin más obstáculos, los contactos se deben retomar de inmediato "porque estos tres territorios necesitan tener gobiernos que les dé estabilidad".

FAES, el nuevo azote de Vox, acusa a Abascal de pedir el voto "para malbaratarlo"

La Fundación de José María Aznar, FAES, se ha convertido en el nuevo 'azote' de Vox. En una nota editorial hecha pública ayer bajo el título "Claridad castellana", se felicita de que tras un periodo tan largo de gobierno en Castilla y León (39 años ininterrumpidos desde que él mismo ganó las elecciones allí por la mínima) y "con la demagogia confluyente de socialistas y voxistas a pleno rendimiento –criminalización de los incendios, no a la guerra, no a Mercosur– añadir más de cuatro puntos porcentuales a los resultados de 2022 es un índice elocuente del éxito de Fernández Mañueco".

Aznar, al que le constan, según él mismo ha confesado, contactos de Vox con el entorno de Moncloa, denuncia la "aporía electoral" de Sánchez consistente "en que necesita agarrarse a un flotador que él mismo se dedica a deshinchar: es problemático a medio plazo absorber el voto de partidos a los que se necesita para gobernar." Y a Vox "le han penalizado su inestabilidad orgánica y la que pretende inducir en los territorios donde negocia en clave partidista, con la indisimulada pretensión del sorpasso a medio plazo". El electorado "sanciona que se le pida un voto para malbaratarlo", advierte la Fundación aznarista.