Hay dos movimientos en torno a Vox que han levantado ampollas entre las capas de fieles a la dirección nacional de Santiago Abascal y han agitado un cruce de acusaciones en plataformas como X estas últimas horas. El primero es el de Iván Espinosa de los Monteros, que junto a otros 14 firmantes han oficializado una recogida de firmas -ya se superan las 1600- para forzar a Bambú a la celebración de un congreso extraordinario que debata las posiciones ideológicas del partido y la forma en la que se organiza internamente. Le acompañan desde Rocío Monasterio, hasta Javier Ortega Smith o José Ángel Antelo.
El segundo, es la ofensiva emprendida por Juan García-Gallardo contra Abascal y su gestión tras las elecciones de Castilla y León, reclamando una renovación íntegra del partido. Desde hace meses viene reclamando una línea más dura a través de redes. A ambos se les acusa de estar influenciados por el PP de Alberto Núñez Feijóo, algo que desmienten los dos y Génova.
Aunque a priori ambos discursos comparten un objetivo de remodelación en un periodo de desafección, ideológicamente la propuesta que defiende Espinosa difiere notablemente de lo que representa García-Gallardo. Que el burgalés "no haya firmado el manifiesto del exdirigente de Vox para el impulso de esa asamblea demuestra que quieren cosas distintas", argumentan fuentes de Vox. Espinosa es la línea más aperturista de Vox, la más liberal y atlantista que fue víctima de una purga progresiva entre 2022 y 2023. García-Gallardo es la propuesta radical, más ultra. Similar a la que despliega actualmente la dirección, incluso cercana a la de figuras como Carlos H. Quero. Su motivación en contra de la cúpula es "más personal que política".
En ese manifiesto, Espinosa y los suyos claman por mayor democracia interna y debate en la organización sin depender del búnker que a su juicio somete a Abascal. En eso se coinciden. Pero si se profundiza, el exportavoz parlamentario de Vox plantea la vuelta a posturas de defensa del libre mercado, de la monarquía sin matices o del retorno a alianzas dentro del Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR). Eso es completamente ajeno a García-Gallardo.
Este último es favorable a una alianza amplia con todos los "partidos patriotas", desde Meloni a Orbán, pero sin que ello genere servilismo a entes extranjeros. Es más proteccionista y aunque hay respeto por la monarquía, se rechaza la "clara injerencia" del Gobierno en los pronunciamientos del Rey Felipe VI. Lo ven comprobado con las disculpas de jefe del Estado a México por las atrocidades durante la conquista de América, aunque desde Casa Real se asegura que "eligió personalmente sus palabras". Esa corriente que lidera el partido está fomentando un alejamiento intencionado de este monarca para evitar un desgaste por su proximidad a Pedro Sánchez.
Además, el peso de la remigración es muy fuerte en García-Gallardo como en la nueva hornada de dirigentes de Vox: está a favor de un cierre total de fronteras y de la prioridad nacional. Y es que García-Gallardo fue uno de los impulsores de ese giro en 2023, algo que estuvo pegado a las protestas contra el PSOE en Ferraz, que encabezó el entonces vicepresidente de Castilla y León. Con un discurso hiper patriótico, de prioridad nacional y donde se coqueteó con partidos de extrema derecha como FE de las JONS o Democracia Nacional, movimientos neonazis y con el embrión de lo que hoy es Núcleo Nacional.
Espinosa se alinea más con la inmigración regular ligada al mercado de trabajo, algo que defiende el PP en su último documento sobre inmigración lanzado en octubre del año pasado. Quiere renegar de partidos que tengan vínculos con Rusia, en este caso la Fidesz húngara, el Partido de la Libertad (FPÖ) austriaco, incluso Andrej Babís, presidente checo y líder de ANO 2011. También la francesa Reagrupación Nacional, sobre la que orbitan dudas por financiación del Kremlin en la campaña de 2014. Una propuesta europeísta a imagen y semejanza de la desplegada por Meloni desde la presidencia italiana.
Por otro lado, rechaza ese giro obrerista, estatalista y proteccionista. También en cuestiones de vivienda. Desde su salida, García-Gallardo no ha dejado de publicar píldoras en X con las que reflejaba su posicionamiento: "La inmigración sudamericana sube el precio de la vivienda en España. Pásalo". Hay una predilección por vincular la inmigración al resto de asuntos, como Vox. Así como con la competencia por los recursos sociales. La concepción de los vínculos con Hispanoamérica son otro de los puntos de ruptura entre ambas facciones.
Desde un inicio Vox abogó por primar el vínculo y la inmigración latina por los lazos históricos. Ahora esa nueva corriente a la que pertenece García-Gallardo habla despectivamente de 'Hispanchidad' en lugar de 'Hispanidad'. Se plantea mayor intransigencia con la inmigración y se prioriza la vivienda y afrontar una reforma del sistema de pensiones que garantice su cobro a las nuevas generaciones. Tampoco gusta a Espinosa que Solidaridad, que se presentaba como 'el primer sindicato de derechas' haya bebido de esa corriente socialpatriótica y que ahora se ataque a estructuras como el Ibex.
Dos modelos para llevar a Vox por encima del 20%
Además, ambos exdirigentes difieren en el modelo del éxito al que debe acercarse el actual Vox. Espinosa lo viene dejando claro en sus constantes apariciones estas semanas. Para él hay que seguir el modelo Meloni: sin renunciar a principios, cree que se puede agregar capas que no necesariamente piensan igual en un mismo partido y eso permite ensancharlo. Pero que también dé seguridad al electorado: no ve serio que haya una negativa a pactar con el PP cuando la única vía para una alternativa de gobierno es esa. Los procesos electorales en Extremadura, Aragón y Castilla y León así lo han demostrado.
La claridad en las alianzas, la disposición de diálogo sin bloqueos y la apertura a distintas sensibilidades vertebran la apuesta de organización que hace Espinosa. Ve que en este tiempo Vox ha pasado de ser una referencia para socios como el Chega, Meloni, Milei y José Antonio Kast en Chile, a que ellos, ya en los gobiernos o superando al socialismo, caso de los portugueses, lo sean para Vox.
Gallardo defiende una ruptura clara con el PP para consolidar una alternativa que iguale el peso político de Vox con otros socios europeos. Espinosa aboga por los pactos con Génova
En cambio, para García-Gallardo la clave del éxito para romper ese techo del 20% del voto que no se ha conseguido en Castilla y León es una ruptura clara con el PP. En su entrevista reciente para El Mundo, indica: "Vox, sobre el papel, nació para ser una verdadera alternativa, no para ser la muleta del PP, aunque algunos parezcan muy cómodos en esa posición, y además con estrategias realmente erráticas".
"Esas alianzas están siendo contraproducentes. El pacto en la Comunidad Valenciana ha sido un auténtico bluf, puro marketing vacío, en el que han arrancado dos declaraciones institucionales sin ningún efecto práctico contra el Pacto Verde y el migratorio. Anunciaron a bombo y platillo que habían conseguido la prioridad nacional en las ayudas sociales, pero muchos meses después, tanto la renta garantizada como la vivienda pública" no la tienen, considera.
Luchas de un "neoliberal" y de un "neofalangista"
En conversaciones con El Independiente, fuentes dentro de Vox que conocen bien a estos críticos analizan sus perfiles. A Espinosa se le describe como un claro "neoliberal" que encaja con el PP y la corriente madrileña. Incluso con "un punto elitista", lo definen. Ahí meten a su esposa, Monasterio, pero de igual forma a otros asociados en Atenea como a Inés Cañizares, Víctor González, Ricardo Garrudo, Rubén Manso, José Luis Steegmann o Víctor Sánchez del Real. Tras la salida de Monasterio, de hecho, fuentes de la dirección nacional de Vox reconocían que la marcha permitía permear en los barrios del sur de Madrid con figuras como Isabel Pérez Moñino, con un estilo más urbano.
A García-Gallardo se le define como una figura ideológicamente "neofalangista en el sentido de un patriotismo con la cuestión social y de cierto autoritarismo". "Eso es así, y no digamos Javier [Ortega Smith]. El 'boina verde' que va a nado a Gibraltar y que es admirador de José Antonio Primo de Rivera", afirman fuentes de Vox. Se hace referencia a la figura de Antelo, a quien estas fuentes retratan como un perfil más "estatista o intervencionista". La conclusión que se hace de por qué junto a Espinosa convergen figuras con facetas próximas a Gallardo en cuanto a programa, es por que "les mueve el odio".
Creen que hay un "cansancio" con Abascal y una ausencia de capacidad de digerir la pérdida de visibilidad y la necesidad de dar paso a nuevas caras para avanzar estratégicamente. "Espinosa no tiene nada que ver con Ortega o Antelo. Pero comparten que no han sabido gestionar su propio egoísmo", sintetizan. Creen que todos están en el mismo barco contra Vox sufriendo una especie de "síndrome de Estocolmo".
Se mencionan los choques que llegaron a tener el matrimonio Espinosa-Monasterio con Ortega durante su etapa como secretario general, cuando era "terrible". "Era el hombre de negro, acosaba a la gente sin ningún miramiento y era una época en la que no había ninguna contestación para nadie". Esta valoración coincide con el conocimiento de que Ortega llegó a elaborar un "informe durísimo contra Monasterio y Espinosa para pedir su cabeza" cuando aún seguían en Vox, a lo que ellos reaccionaron instándole a tomar "tratamiento psiquiátrico por su trato agresivo y violento con las mujeres". Así lo contó El Español este jueves al tener acceso a una filtración de correos entre el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, y Ortega, de hecho.
A García-Gallardo se le compara con liderazgos como el de Quero, de atracción de los jóvenes y planteamientos muy ligados a la corriente social-patriótica, "sin complejos". "Mientras Iván ve la vivienda como un bien de mercado, García-Gallardo o Quero defienden una visión totalmente social, no como producto especulativo. Ambos están muy a favor de la remigración en un momento de sustitución demográfica", trasladan miembros del partido.
Rencillas personales
La conclusión a la que llegan las fuentes consultadas es que a García-Gallardo solo le mueve el interés por un "enfrentamiento en lo personal" con Bambú, sin base ideológica pese a que reclame un partido de compromisos. Fijan el inicio de todo esto en enero de 2025, cuando se le dice que expulse a dos procuradores de Vox en Castilla y León y él se niega. La desobediencia a la dirección inicia el proceso de su salida.
Describen que García-Gallardo venía desarrollando un 'crecimiento' de ego por su liderazgo; que "se las daba de barón autonómico" cuando Vox no tiene de eso, y no aceptó los toques de atención de Garriga. Comparan este asunto con la salida de Antelo, a quien defiende jurídicamente García-Gallardo frente a Vox. Ambos "son los grandes despechados" de ese nuevo Vox donde siguen creciendo figuras como Quero. A su salida de Vox en febrero del año pasado, el burgalés negó que su marcha fuese por egos.
En el partido, la línea oficialista no ve capacidad de influencia de estos críticos. Creen que en unas semanas el asunto se desinflará, que comprobarán que no hay tampoco mercado para una nueva propuesta política -Espinosa dice no estar en eso- que dividiría, con Vox ahora dominando el discurso social-patriótico y el PP el liberal. "Espinosa se limitará a intentar conciliar a PP y Vox para lograr acuerdos de Gobierno. No podrá hacer nada más", creen.
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