Lleva más de 50 años de editor en nuestro país y su rostro es escasamente conocido ante su negativa a conceder entrevistas o a asistir a actos sociales. Y ahora, cuando la mayoría de los editores no tienen más remedio que arrodillarse ante el altar de los clics y los algoritmos, Mariano Nadal ha hecho lo contrario: ha cerrado la web de Pronto y ha decidido centrar su negocio en aquello a lo que ha dedicado toda su vida: el encuentro con sus lectores con papel couché con olor a tinta fresca en los quioscos y centros comerciales del barrio.
Sólo del editor capaz de regalar monedas de 100 pesetas con sus revistas para fomentar su venta cabía esperar un gasto tan anacrónico como personal. Alguien cuya obsesión por lograr vender sus revistas le hacía capaz de analizar y estudiar cómo superar o reventar a sus competidores en la cita con los quioscos. Con la oferta adecuada, o la bajada oportuna de precios.
Sin estudios superiores, Nadal empezó a los dieciséis en la imprenta de su padre –el famoso editor de Garbo y Fotogramas– y se curtió en la distribuidora familiar en los puestos más duros, incluido el tráfico nocturno de camionetas de reparto. Influido quizá por su hermano jesuita, invirtió sumas considerables en proyectos humanitarios para el Tercer Mundo.
A los veinticinco años fundó Pronto con seis millones de pesetas prestados de un banco: cuatro millones se fueron en promoción y dos en regalar los cien mil ejemplares de la primera tirada a los quiosqueros para ganarse su favor y que la exhibieran de la mejor manera posible. Un día, cansado de esperar la comida, bajó a la cocina y encontró a la cocinera ensimismada con el serial radiofónico Lucecita. Casi no comió; volvió a la redacción y ordenó serializarlo en las páginas de la revista. Las ventas se doblaron de inmediato.
Nadal no tenía la chequera con la que EduBank podía lograr los posados exclusivos que tenía ¡Hola!, no tenía las primicias insolentes de Javier Osborne en Diez Minutos, o la consolidación territorial del Lecturas de Juli Bou, pero a cambio Nadal había desarrollado un olfato para saber qué promoción, suplemento o regalo, basado en tal serie de moda o personaje de actualidad, iba a atraer al lector a comprar su revista. Un olfato que aplicó tanto en el sector del corazón con Pronto como en el sector de la televisión con Teleindiscreta. Regaló cromos de la serie V hasta convertirse en el primer editor español que superó el millón de ejemplares vendidos. Siempre ha sido el primero en olfatear las convulsiones sociales –desde las Spice Girls a Parque Jurásico, pasando por Titanic– y sacarles partido para la venta de revistas.
En ocasiones ha sabido ser despiadado con sus competidores, como cuando destruyó la revista TV Plus, del grupo alemán Bauer. Los germanos hicieron una exitosísima difusión de los tres primeros números a 25 pesetas, para, una vez consolidada la publicación, subir el precio a 60 pesetas. Viendo en peligro a su Teleindiscreta, Mariano Nadal esperó justo a la subida de precios de TV Plus para sacar una revista clon llamada Clan TV, copiando hasta la publicidad de TV Plus pero, eso sí, dejando el precio a 25 pesetas. El resultado fue un éxito, y el proyecto de Bauer quedó cortocircuitado.
Cuando los franceses de Hachette crearon para España la revista Super Tele, en un caso espectacular de espionaje industrial, el número completo de su primera edición acabó en las manos de Nadal antes incluso de que la revista hubiera salido a los quioscos.
Nadal no ha tenido otra gran fijación en estas cinco décadas que vender revistas. A esa obsesión parece guiarle su última gran apuesta: anteponer la venta de su revistas a la lógica digital. Como aquella cocinera que no atendía la sartén porque Lucecita la tenía hechizada, Mariano Nadal quiere seguir intentando hechizar a los compradores con su publicación para aquellos que prefieran el placer antiguo de pasar páginas por sus dedos, al pasar las falanges de la mano por las pantallas táctiles. Sea cual sea el resultado de esa apuesta, Nadal sabe que cuenta con la admiración de todo el gremio de los editores. A los que le busquen, ya sabe que respuesta darles: "Pronto, cada lunes en tu quiosco".
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