El monolito está de camino al campus. Las rosas que se colocaron hace un mes, coincidiendo con el aniversario, están ya marchitas. En el suelo una placa recuerda a Fernando Buesa y Jorge Díez. ETA los mató el 22 de febrero de 2000. A su paso, cuando el político del PSE y su escolta se dirigían a pie al Parlamento Vasco, la banda terrorista hizo estallar una furgoneta bomba con 20 kilos de explosivo. Frente a él cada día pasan cientos de jóvenes, muchos desconociendo quiénes fueron, qué ocurrió. A escasos 300 metros se accede a la biblioteca, al edificio ‘Las Nieves’ del campus alavés de la Universidad del País Vasco. En su interior, una gran pancarta colgada da la bienvenida al visitante. Es una llamada a participar el 5 de abril en el ‘Aberri Eguna’, el ‘Día de la Patria Vasca’.

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Es solo una de ellas. En cada pared, un mural de carteles con proclamas políticas se entremezcla con informaciones académicas y actividades universitarias. La ideología comunista, la de la izquierda extrema y la afín a la izquierda abertzale lo invaden todo. Subir por la escalinata al primer piso es toparse con un grafiti de grandes dimensiones, de lado a lado. Con tipografía de gran tamaño y de un rojo intenso se puede leer: ‘Faxismoa borrokatu’ (Lucha contra el fascismo). No parece una acción furtiva ni clandestina, sino una obra ejecutada con tiempo y mimo… y sin que nadie lo impidiera.

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Ascender un piso más es descubrir otro mural de reivindicación política. Esta vez por los altercados del 3 de marzo de 1976. ‘La lucha continúa’ y la imagen pintada de los cinco trabajadores muertos por la intervención policial se entremezclan con la consigna en euskera ‘Contra el ataque del capital’ y más carteles del ‘Aberri Eguna’. En los pasillos las pintadas se repiten: más consignas, llamadas a movilizaciones, a huelgas, a ‘alistarse’ al comunismo…

En la planta baja un operario acaba de terminar de pintar el único hueco de pared que hay sin carteles ni pintadas en el edificio. Algunas fuentes aseguran que fue el rector quien ordenó pintarla para posar ante ella durante una entrevista televisiva. Aquel fondo recién pintado es en realidad una fantasía.

Pugna juvenil por controla el espacio público

En el recorrido por el resto de edificios del campus la estética se repite. En las fachadas y en los pasillos. De nuevo un carrusel de cartelería, pancartas y pintadas con la misma intención: vencer el pulso por ganar visibilidad que se libra en la Universidad vasca entre diferentes grupos estudiantiles, todos ellos de izquierdas y en la mayoría de los casos afines al nacionalismo.

Los servicios de limpieza tienen prohibido retirar los carteles. Oficialmente se deben respetar, al menos, hasta que el evento al que hacen referencia se haya celebrado. Pero muchos de ellos ya han caducado, pese a lo que siguen ‘decorando’ el campus. Otros son proclamas generales sin aparente ‘fecha de caducidad’, casi atemporales: contra el fascismo, el capitalismo, a favor de la universidad sólo euskaldun, por la independencia de Euskal Herria…

Hace décadas que la Universidad Pública Vasca normalizó este clima de consignas, pancartas y movilizaciones estudiantiles como parte de su vida académica. Hubo años en los que incluso fue más intensa y peligrosa que hoy. Pero la relajación que parecía haberse instalado hace unos años ha desaparecido para dar paso a una suerte de resurgir de la coacción radical. Los más críticos aseguran que es el resultado de dos factores. Uno, la fractura en el seno de la izquierda abertzale que ha llevado a sus dos facciones juveniles a luchar por el control de los jóvenes en ámbitos como la universidad.

Nuevo rectorado... afín a la izqueirda abertzale

El segundo, la llegada hace poco más de un año, en enero de 2025, del nuevo equipo rectoral liderado por Joxe Ramón Bengoetxea, afín al entorno de EH Bildu. Este catedrático de Filosofía del Derecho, con un pasado que le sitúa en la órbita de Eusko Alkartasuna, no ha tardado en poner su sello ideológico. Uno de los más llamativos ha sido suprimir la denominación en castellano de la universidad y apostar por Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU). Hasta ahora la institución académica se denominaba UPV/EHU. Además, ha modificado el color corporativo hacia un verde “muy presente en todo ese mundo abertzale”, señala un docente. Entre el profesorado crítico con Bengoetxea también se le acusa de ser “una marioneta” al servicio de los sindicatos ELA y STEILAS.

En las últimas semanas los episodios de tensión vividos en la universidad se han sucedido. El cierre del campus en Álava por la celebración de un acto político por parte de Vox y la llamada a impedirlo lanzada por diversos grupos estudiantiles radicales fue el más llamativo. El pasado 23 de febrero el campus fue blindado por la Ertzaintza, que estableció un cordón de seguridad para evitar el encontronazo entre los ‘antifascistas’ y los miembros de Vox.

Los señalamientos a algunos firmantes de la carta de 40 profesores contra la decisión del rector de suspender la actividad docente fue el inicio de otro episodio de acoso. Después llegaron los mensajes electrónicos amenazantes o las visitas a los despachos por parte de estos grupos.

A algunos de los miembros del equipo de gobierno no les gusta que a estos grupos juveniles se les califique como radicales. Los consideran ‘jóvenes con mensaje’. “El Rectorado les ha mimado desde que ha llegado. Lo primero que hizo fue financiar una fiesta universitaria de manera generosa y ahora prepara una reforma de estatutos para que tengan un plus de representatividad en los órganos de gobierno”, asegura José María Portillo, profesor de Historia Contemporánea en la UPV.

Hijos de un pasado violento en la UPV

Portillo afirma que la tensión que ahora se vive es diferente a la que atravesó la Universidad Pública Vasca en los años duros de ETA. “Ahora asistimos a una pugna interna, entre los herederos de ‘la parte roja’ de HB y los herederos de la ‘parte de ikurriña’”, asegura en referencia a la fractura entre abertzales y comunistas que se constata en las organizaciones juveniles como IAS (Ikasle Antolakuntza Sozialista) e Ikama. Una pugna que por el momento se manifiesta más en forma de arrogancia que de violencia física.

Portillo comenzó hace cuatro décadas a dar clases en la UPV. Sabe bien lo que es estar amenazado por pensar diferente. En los 90 sufrió dos atentados. El primero, en 1997, fue la advertencia: “Recuerdo que un compañero me dijo que se estaba quemando un coche, ‘¿es el tuyo?’, me dijo. Sí, era el mío". Dos años más tarde, una bomba con temporizador estalló bajo su coche: “Quedó destrozado. Por casualidad, ese día estaba dando una clase extraordinaria que no solía impartir”. A partir de ahí, le recomendaron abandonar la universidad y ‘emigró’ a América hasta su regreso en 2013: “Ahora no hay pistolas, pero sí mucha arrogancia”, apunta. “Y lo que es peor, cuentan con la equidistancia del rector. Se siente orgulloso de ser equidistante, dice él, entre la agresividad de ciertos grupos y los agredidos. Esa actitud es un premio a los agresores”.

Un grupo de estudiantes accede a la biblioteca de la UPV en Vitoria bajo una pancarta que llama a acudir al 'Aberri Eguna'.

En este mes de marzo las movilizaciones han sido numerosas. Además del cierre del campus, también ha habido acciones como arrojar botes de humo en el interior de los edificios. Interrumpir clases de los profesores para llamar a la movilización se ha convertido en una rutina incómoda, normalizada en el día a día universitario. O las llamadas a celebrar jornadas de huelga: “Convocatorias que son aceptadas por el Rectorado y en las que no se puede explicar materia que sea examinable, ni hacer pruebas o exámenes”.

Equidistancia ante los radicales y sus víctimas

El rector ha anunciado esta semana que trabaja en un protocolo de actuación ante lo que considera que son “problemas de convivencia” y que se basará en la “mediación y el diálogo”. Por ahora, ha evitado aplicar sanciones o prohibir pintadas o acciones de acoso a través de correos electrónicos o interrupciones de clases. Bengoetxea también ha evitado en todo momento señalar o incluso citar a los grupos que lideran los incidentes y episodios de acoso a profesores.

El consejero de Ciencia, Universidad e Innovación y exrector de la UPV, Juan Ignacio Pérez Iglesias, ha arremetido con dureza contra el rector. Le acusa de “quedarse corto” al limitar su plan a un protocolo pero evitar siempre referirse y sancionar a los responsables. Esa falta de firmeza genera “desasosiego y temor” entre el profesorado y el personal.

Pintada en el campus de la UPV en Leioa (Bizkaia). / JON MARTINEZ

Antonio Rivera es catedrático de Historia Contemporánea. Fue uno de los firmantes del manifiesto en el que se acusaba al rector de aplicar una “política del avestruz en la nueva EHU”. El escrito estuvo respaldado por 40 profesores y exvicerrectores y en él que acusaban a Bengoetxea de permitir a los radicales “campar a sus anchas” por el campus: “Es valiente con los legales y cobarde con los radicales”, aseguraban en relación al cierre de la universidad, “un espacio de libre debate”, durante el acto de Vox.

Del 'ultranacionalismo' al 'paleocomunismo'

Rivera sufrió los años de amenaza terrorista que sobrevolaron la UPV. Ahora asegura que el fenómeno es diferente, “es más una muestra de fuerza que de violencia”: “La experiencia del pasado hace que estos muchachos tengan mucho cuidado en no pasar determinadas líneas y una de ellas es mostrarse violentos. Eso lo cuidan mucho. El problema es que por ahora van repitiendo miméticamente la historia de sus mayores hace 50 años y que sólo puede dar el salto a la violencia quien está en ese juego del control por la fuerza”.

Monolito en memoria de Fernando Buesa y Jorge Díez, asesinados por ETA en 2000 en el Campus de la UPV en Vitoria.

No oculta, sin embargo, que su capacidad de movilización entre los jóvenes es importante y que les guía un “espíritu totalitario” y de control del campus: “Personalmente, a mí ya me resulta más cansino que otra cosa. Que después de tantos años tengamos que volver a estas chorradas… Es una muchachada que no es capaz de expresarse. Hemos pasado de un mundo ultranacionalista a otro de carácter ‘paleocomunista’ que lo está desplazando”.

Rivera muestra su sorpresa por la ideología de carácter “marxista” y con “una visión del mundo de los años 30” que mueve a muchos de estos grupos: “Repiten consignas. Son hijos de unas generaciones que les han educado en unos valores y formas políticas. Sorprende este fenómeno en una sociedad, como recuerda un amigo mío, con una renta per cápita de 30.000 euros”. Añade que se ha producido un cambio generacional: “Sus mayores han pasado de pantalla, de apoyar un tipo de violencia soportada en el terrorismo y el radicalismo político a actuar institucionalmente. Eso les ha dejado un espacio vacío, un discurso que pueden ocupar sin apelar al nacionalismo y centrándose en un discurso social extremo”.

La maxima para 'convivir': "Por la paz, un Ave Maria"

La presión ejercida por estos grupos y la actitud del Rectorado ha alimentado un clima de cierto temor entre parte del profesorado. Un docente universitario que habla con ‘El Independiente’ asegura que prefiere no ser identificado. Afirma que cada vez son más los que temen que hablar de modo crítico pueda tener consecuencias académicas o laborales: “Hace años se tenía miedo a que te pegaran un tiro, ahora no. Pero sí a que lo que digas pueda tener consecuencias en tu trabajo”.

Este docente conoce bien la gestión universitaria y destaca que lo que ahora está haciendo el Rectorado es plegarse a los deseos de quienes les votaron. Bengoetxea ganó con una amplia mayoría. Gobernará la institución hasta 2031. “De ahí la permisividad hacia ellos, hacia estos grupos. Esa equidistancia. Son rehenes de sus votantes”. Lamenta que, como se ha hecho históricamente en la UPV, “se siga aplicando la máxima de 'por la paz, un Ave María'”.