España

Pierde el poder tras 16 años

La caída de Orbán agrava la crisis en Vox al perder un referente político y financiero en Europa

Abascal pierde a su principal referente en Europa y homólogo dentro de Patriotas | El líder húngaro ha sido troncal en el planteamiento ideológico de Vox

El presidente de Vox, Santiago Abascal, junto a Viktor Orbán, durante una cumbre de Patriotas en Madrid en febrero de 2025
El presidente de Vox, Santiago Abascal, junto a Viktor Orbán, durante una cumbre de Patriotas en Madrid en febrero de 2025 | Europa Press/ Ricardo Rubio

La derrota del hasta ahora primer ministro húngaro y líder de la Fidesz, Víctor Orbán, supone un jarro de agua fría para sus socios europeos, y especialmente para Vox. La formación de Santiago Abascal encontró en Orbán un socio fiable al principio de su andadura nacional, cuando adquirió la fuerza suficiente para contar con representación en enclaves como Andalucía y, posteriormente, en el Congreso de los Diputados. De él bebió ideológicamente y copió fórmulas para extender electoralmente la defensa de las tradiciones, la cultura y también un contundente discurso contra la diversidad de género, sexual y la inmigración irregular.

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Junto a Orbán vinieron otras alianzas en Europa del Este, caso del partido Ley y Justicia (PiS), de Mateuz Morawiecki, de su mano quedan instantáneas importantes, como la protagonizada en la Cumbre de 2021 en Madrid. El modelo de Orbán ha sido replicado por otros socios de Vox como receta de éxito del nacionalpopulismo. Asiduas han sido las visitas de Abascal y los suyos -como su jefe de la delegación europea de Vox, Jorge Buxadé- a Budapest, desde para cumbres internacionales, como para encuentros privados, mano a mano, de la que seguir aprendiendo políticamente.

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Ahora la derrota electoral del líder húngaro deja a esos grupos socios sin uno de sus principales “faros” continentales en un momento de distanciamiento de Donald Trump generalizado -menos de Vox-, desde el sur al norte de Europa. La relación con Vox tejida en estos años ha conllevado acercamientos más institucionales.

Primero, a nivel parlamentario, con relaciones internacionales que han ido ascendiendo en la legislatura europea anterior desde el grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), hasta acabar integrando y liderando la nueva familia europea de la ultraderecha identitaria, Patriotas. Abascal es su presidente, y el respeto de Orbán lleva a límites incluso en los que le denomina de “jefe”. Volvió a hacerlo tras la CPAC de Hungría de marzo y un amplio mitin de los socios donde participó Abascal.

Segundo, con relaciones que además de políticas e ideológicas acercan temas culturales. A través de la Fundación Disenso de Vox, el partido ha acercado posiciones con la entidad homóloga, con el centro de ideas, el Centro de Derechos Fundamentales. La interacción es permanente entre instituciones. A través de Disenso la Fidesz ha abierto sus relaciones con líderes ultraconservadores de América Latina, caso de Javier Milei o José Antonio Kast.

En tercer lugar, y no menos relevante, Hungría y Orbán han permitido a Vox contar con una línea directa de crédito para afrontar los sucesivos procesos electorales de 2023. Es el caso del Magyar Bankholding (MBH), en parte de participación estatal a través del fondo Corvinus y que en otras ocasiones ha prestado dinero a otros partidos socios. En septiembre de 2024, Vox reconoció haber recibido prestamos de ese banco para las municipales, un préstamos de casi siete millones de euros que extendió para las generales a un total de 9,2 millones de euros. Se justificó indicando que las sucursales españolas, las cuales trabajaban con PP y PSOE, rechazaban financiarles. Algo que posteriormente las propias cuentas anuales de Vox desmentían con préstamos del BBVA y el Santander como publicó El Independiente.

El ‘padre ideológico’ de Vox, sin influencia

Abascal y el resto de integrantes de Patriotas -mientras que otros partidos de ultraderecha o la propia Meloni se han alejado, por cuestiones como su proximidad a Rusia y a Putin- pierden a una de sus principales brújulas europeas, uno de los mayores palos en la rueda europea en más de una década, con reformas institucionales y antidemocráticas que han puesto a Bruselas en alerta. Suyo es el modelo de democracia iliberal que gusta a la mayoría de homólogos, sistemas democráticos híbridos de apariencia en la que los contrapesos no funcionan con total independencia.

Tal ha sido el poder del húngaro entre los suyos que consiguió en verano de 2024 impulsar al tercer grupo de la Eurocámara, aglomerando en su seno a formaciones tan distintas como la Reagrupación Nacional francesa, Vlaams Belang o el propio Vox, con una concepción antiindependentista o antiaborto estos años que dista de los flamencos por un lado, y de los de Marine Le Pen por el otro.

Orbán también ha sido motivo de discordia dentro de la formación. La entrega profunda y el uso de sus mismos métodos generó diferencias entre el ala más dura de Vox y la más liberal, ya fagocitada con Iván Espinosa de los Monteros como principal cabeza visible. Otros afines a su persona, incluso figuras más radicales de Vox, han afeado el distanciamiento de los grupos más atlantistas o pro Ucrania y el respaldo acérrimo al que muchos consideran más que amigo, espía de Putin en Europa, su caballo de Troya. Hay un sector militar en Vox, como el general retirado, Agustín Rosety.

Esos mismos críticos también han manifestado el descontento por lanzarse a Patriotas dejando de lado a socias como Meloni, con la que pese a todo se sigue manteniendo buena relación institucional. Y del mismo modo, por las dudas económicas y de financiación que esa proximidad supone a Vox. Aunque ni el Tribunal de Cuentas ni la Fiscalía Anticorrupción han detectado a día de hoy irregularidades.

El debilitamiento de Orbán, en pleno frenazo de Vox

Apenas una semana antes de las urnas en Vox atendían con lupa a las encuestas, eran conscientes del posible golpe de Péter Magyar, pero también confiaban en los sondeos que daban a Orbán la victoria por encima de los 50 puntos. Esta derrota se da además en un periodo de "ralentización" del voto que deja a los de Abascal en una situación complicada de gestionar, especialmente en cuanto a expectativas. Después de las elecciones de Extremadura y Aragón, con subidas importantes en porcentaje electoral y duplicando escaños, Castilla y León apenas permitió ganar un escaño aunque se movieron por cifras de casi el 19%, el problema es que Vox ya venía de un 17% y durante semanas se alentó la posibilidad de superar por primera vez el techo del 20%.

En Vox niegan que haya una crisis electoral o un parón, culpan a los medios de situar esas expectativas en el público, en las tertulias. Pero sí se reconoce que el progreso en nuevos procesos como Andalucía pueden ser más lentos y obtenerse menos votos, siempre ganando y no perdiendo respecto a la representación actual. Esto se da durante las complicadas negociaciones con el PP en algunos de los territorios mencionados, caracterizados por los sucesivos bloqueos en medio de campañas.

La salida de Orbán del poder es una crisis de modelo, pero también de desgaste entre las capas ciudadanas húngaras. Un retroceso que ya se ha dado en Polonia. En plena eclosión de Vox estos meses atrás o de socios como Chega, queda por ver las consecuencias para la fuerza española, y si esta primera caída hace de ficha de dominó con el resto, diferencia a los nacionalpopulistas más europeístas o queda en nada.

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