Fueron dos dictaduras. Una, fruto de un levantamiento militar que derivó en una guerra civil a la que siguieron 40 años de opresión y falta de libertades en España. La otra nació en Euskadi como reacción a la primera. Se prolongó durante 60 años, la mayor parte de ellos en democracia. Lo hizo a golpe de armas y atentados. El Franquismo y ETA guardan similitudes como modelos de imposición, muerte y ausencia de libertad. En España aún quedan restos de ambos periodos. Incluso existen organizaciones que añoran, blanquean o defienden alguna de estas dictaduras olvidando y humillando a sus víctimas.

El Gobierno dio ayer un paso relevante para promover la ilegalización de quienes en la Fundación Francisco Franco defienden el legado del dictador y sus cuatro décadas de dictadura. Lo hizo remitiendo a la Justicia la petición de su ilegalización y extinción bajo el amparo de la Ley de Memoria Democrática. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, aseguró que la amplia documentación remitida incluye testimonios de quienes padecieron los peores efectos del franquismo. También una acreditación de actividades y mensajes que desde esta fundación suponen un “menosprecio y humillación de las víctimas”: “Estamos protegiendo su dignidad”, aseguró el ministro. Recordó que la Fundación Francisco Franco promueve una “exaltación” de la dictadura y que “en una democracia la dignidad de las víctimas debe estar siempre por encima de cualquier intento de blanquear la dictadura”.

"Existe un doble rasero"

Escuchadas las razones que justificaban el paso dado por el Gobierno, ayer las víctimas de la otra de las dictaduras vividas más recientemente en nuestro país, la de ETA, reclamaban ser tratadas, protegidas y consideradas del mismo modo. Recordaban que también a ellas numerosas organizaciones y eventos que cada año tienen lugar en Euskadi y Navarra les generan “humillación” mediante episodios de clara “exaltación” e intentos de “blanqueamiento” de quienes perpetraron el terrorismo de ETA.

Desde la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Maite Araluce recordó que con movimientos como estos al gobierno “parece que le da igual que a nosotros nos humillen”: “No tiene sentido que se prohíba humillar a las víctimas del Franquismo y no se actúe del mismo modo cuando se humilla a las víctimas de terrorismo”. Araluce considera que del mismo modo que ahora se quiere ilegalizar una fundación que promueve actos de exaltación y defensa del Franquismo “se deberían prohibir los homenajes a terroristas, los actos como la ‘Korrika’ en la que se les homenajea o lo que sucede todos los veranos en las fiestas de los pueblos del País Vasco”.

Un joven juega en un frontón con la pintada 'Siempre con el pueblo, muchas gracias. Gora ETA'. EFE | EFE

Araluce cree que se emplea un doble rasero para unas víctimas y otras. “A las organizaciones afines a ETA y sus presos se les deja hacer de todo, les homenajean sin ningún pudor, se les trata como héroes y aún no hemos logrado que se prohíban”. La AVT lleva años presentando cientos de indicios contra Bildu ante la Fiscalía General del Estado para que se proceda a su ilegalización: “con la ley en la mano deberían ser ilegalizados, pero les da igual”.

Un amalgama de organizaciones de apoyo al entorno de ETA

El entorno de los presos de ETA cuenta con un amplio grupo de organizaciones de apoyo que van más allá de las formaciones englobadas en el seno de la izquierda abertzale. Así, organizaciones como la red Sare suman muchos años reclamando el acercamiento de los presos primero y su excarcelación después. A ella se suma Etxerat, la organización de familiares de presos de ETA. Los propios reclusos cuentan con su propia organización, el EPPK. Junto a ellas, una amplia red de pequeñas organizaciones, muchas de ellas juveniles, se manifiestan en apoyo a los presos de la banda terrorista, en algunos casos reclamando la amnistía. En su entorno existen otros movimientos como la coordinadora independentista Jardun, -que considera "ejemplar" la lucha de los militantes de ETA "a los que debemos respeto"-, el movimiento pro amnistía 'Tinko' o la Organización de presos de ETA disidentes, ATA.

Desde la Fundación Fernando Buesa también consideran que se les trata de un modo diferente. Defienden que se pueda ilegalizar a una organización que humilla a las víctimas del franquismo pero consideran que con el caso de las víctimas de ETA “se emplea un doble rasero”. “Estamos de acuerdo con que se sancione el caso del Franquismo, pero ¿por qué en el caso de ETA no vale lo mismo? El argumento de que ETA no existe no vale; tampoco existe el Franquismo ni Franco”, asegura Eduardo Mateo. Añade que en España se ha instalado la idea de que hay unas víctimas “de derechas”, que serían las de ETA, y otras “de izquierdas”, que serían las del Franquismo.

Sin sanciones por enaltecer a ETA y humillar a sus víctimas

Mateo recuerda que organizaciones como Sare organizan todos los meses de enero una gran manifestación de apoyo a los presos, “y eso a nosotros nos duele muchísimo. ¿Dónde está la empatía hacia las víctimas?”. Cinco asociaciones de víctimas han reclamado en Euskadi que la Ley vasca de víctimas del terrorismo incluya un régimen sancionador a quien enaltezca y humille a las víctimas, tal y como incluye la Ley vasca de Memoria Democrática de 2022. Organizaciones como Covite, la Fundación Fernando Buesa o la AVT presentaron oficialmente una petición para que, al igual que se establece con el franquismo, también se incluyan sanciones a quienes enaltezcan el terrorismo. Por ahora la petición no ha sido resuelta.

Desde el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), su presidenta, Consuelo Ordóñez, aplaude los argumentos esgrimidos por Urtasun para ilegalizar la Fundación Francisco Franco “pero me gustaría que tuviera la misma empatía y sensibilidad y la misma vara de medir ante los actos que se organizan y que suponen un enaltecimiento y humillación a las víctimas del terrorismo”. Ordóñez señala que muchos de quienes ahora aplauden la ilegalización de la Fundación Francisco Franco, en cambio, “ven bien que se trate a los presos de ETA como presos políticos y se pida su excarcelación”. “La exaltación de los asesinos de nuestros familiares es una humillación. Los carteles en los que se les rinde culto aún tenemos que seguir viéndolos”, asegura.