Las direcciones nacionales de PP y Vox intercambiaron durante todo el día de ayer documentación relativa al acuerdo de gobernabilidad en Aragón. La implicación de Génova y Bambú ha sido intensa y crucial para la culminación de un pacto que investirá de nuevo a Jorge Azcón presidente aragonés, rompiendo la "maldición" de los populares en la región, pues nunca consiguieron gobernar dos legislaturas seguidas. Lo más llamativo de ese intercambio de papeles es que se produjo a la par del enfrentamiento que ambos partidos protagonizaron en el pleno del Congreso a cuenta de una una moción consecuencia de interpelación urgente de Vox sobre el término "prioridad nacional", finalmente rechazada por los populares.

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Génova no tiene inconveniente en hacer suya la "prioridad nacional", asumiendo que, con ello, entran en el marco semántico de Vox. Pero a continuación subrayan la literalidad de ambos pactos, es decir, vincular la prestación de ayudas sociales a los que mantengan "un arraigo real, duradero y verificable" en el territorio, independientemente de su procedencia. O como dijo literalmente Azcón "todo aquel con residencia legal". Matizan que el texto que los ultras llevaron a la Cámara Baja "no era consecuente con lo que hemos firmado hasta ahora", en referencia a Extremadura y Aragón.

Pelea en el Congreso, pacto en Aragón

El PP propuso enmendar el texto de dicha moción, incluso una votación de sus puntos por separado, pero Vox se negó. Lo más curioso es que mientras los ultras escenificaban sus diferencias con el Grupo Popular de viva voz, los dos partidos alcanzaban su segundo acuerdo de legislatura con intervención de las direcciones nacionales respectivas. Por el PP la tarea de interlocución recayó en el secretario general popular, Miguel Tellado, y en la directora de gabinete de Alberto Núñez Feijóo, Marta Varela. De Vox intervinieron el homólogo de Tellado, Ignacio Garriga, y su número dos, Montse Lluis. Pero con el tiempo se integraron el protavoz nacional de vivienda, Carlos Hernández Quero, y el portavoz de economía y deregularización, José María Figaredo.

A sabiendas de la controversia que genera y sigue generando el que es uno de los puntos más sensibles de los dos pactos autonómicos alcanzados -que el PSOE y el conjunto de la izquierda usan como artillería contra el PP- los populares se defienden recordando las cesiones de Pedro Sánchez al independentismo, tanto de izquierdas como de derechas. Extremadura y Aragón no han sido pactos, aducen, "a cambio de amnistiar a políticos que han alterado el orden constitucional", tampoco excarcelando "a etarras y agresores sexuales" y defendiendo "la igualdad de los ciudadanos frente a otros que buscaron apoyos parlamentarios imponiendo un sistema de financiación a la carta".

La sombra de la ruptura de julio de 2024

La dirección nacional popular prefiere poner el acento en el compromiso alcanzado por ambos partidos para dar continuidad a sendas legislaturas, asegurando cuatro años de presupuestos autonómicos y una agenda "centrada en los intereses de los ciudadanos", esto es, "vivienda, funcionamiento de los servicios públicos, rebajas de impuestos y una mejor calidad de vida". Otra cosa es que Vox, como hizo en julio de 2024, rompa abruptamemte todos los gobiernos de coalición por un mero cálculo político. Nunca nada está garantizado con Bambú.

Pero, de momento, en Génova, todo son parabienes. La investidura de María Guardiola se materializó ayer, y la de Azcón lo hará la próxima semana. Asimismo, no tienen dudas resepcto a que Alfonso Fernández Mañueco volverá a ser presidente de Castilla y León, aunque, de momento, los contactos con Vox en esta comunidad están siendo muy preliminares a la espera de los dos territorios que más prisa corrían.

A diferencia de 2023, el PP tiene la presidencia de las tres cámaras autonómicas

La dirección nacional popular se declara "muy satisfecha". El balance "no puede ser más positivo". El PP no sólo vuelve a renovar parte de su ingente poder territorial sino que, además y a diferencia de 2023, tiene la presidencia de las tres cámaras autonómicas, lo que le permite mantener también en buena medida el control del legislativo, antes en manos de Vox incluso tras abandonar los ejecitivos autonómicos. "Y ahora vamos a por el siguiente", dicen animosos en el cuartel genral de los populares, esto es, Castilla y León.