Mientras la atención internacional sigue concentrada en las guerras abiertas y las disputas territoriales, desde Ucrania hasta Oriente Próximo o el Indo-Pacífico, los responsables de seguridad nacional no pierden de vista una amenaza latente y con un potencial devastador difícil de igualar: la proliferación de armas de destrucción masiva.

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El Informe Anual de Seguridad Nacional 2025, aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional y publicado el pasado 21 de abril de 2026, sitúa este fenómeno entre las principales preocupaciones estratégicas de España y advierte de una combinación especialmente delicada: el aumento de las tensiones entre potencias, los avances científicos susceptibles de un uso militar y la existencia de redes internacionales capaces de mover materiales sensibles a través de circuitos ilícitos cada vez más sofisticados.

La preocupación no es nueva, pero sí más intensa que hace apenas unos años. Naciones Unidas define las armas de destrucción masiva (ADM) como aquellos dispositivos capaces de eliminar indiscriminadamente a un gran número de personas y provocar daños "catastróficos a gran escala". Aunque el término engloba armas nucleares, químicas, biológicas y radiológicas, son las primeras las que vuelven a ocupar un lugar central en la política internacional.

Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), actualmente hay nueve países que poseen armamento nuclear: Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel. El mismo organismo advierte en su Anuario de 2026 que los "Estados dependen cada vez más de las armas nucleares como instrumentos de poder nacional".

Más de 12.000 ojivas

Sin embargo, son las cifras concretas las que ayudan a comprender el alcance de este fenómeno: el informe apunta a un total mundial estimado de 12.187 ojivas –la parte superior de un misil o cohete donde se aloja la carga explosiva– en enero de 2026, de las que "unas 9.745 estaban en arsenales militares para un uso potencial". De ellas, al menos 4.012 "estaban desplegadas con misiles y aeronaves, y el resto se encontraba en almacenamiento central", y "entre 2.100 y 2.200 de las ojivas desplegadas se mantenían en estado de alta alerta operativa en misiles balísticos". Casi todas estas ojivas pertenecían a Rusia o a Estados Unidos y, en menor medida, a Francia y Reino Unido, pero China e India podrían estar desplegando ocasionalmente un pequeño número de ojivas montadas en misiles en tiempos de paz.

La guerra de Ucrania ha contribuido a acelerar algunas de las dinámicas que más inquietan a los expertos en control de armamentos. El Informe de Seguridad Nacional es especialmente contundente al respecto y sostiene que "la agresión de Rusia contra Ucrania se ha convertido en el principal factor de desgaste de la arquitectura internacional de no proliferación".

Ese deterioro no se limita a la esfera diplomática. Según el documento, también se traduce en hechos especialmente graves como "la violación de las garantías de seguridad dadas por un país dotado de armas nucleares (Rusia) a uno no nuclear, como Ucrania", el "uso sistemático por la propia Rusia de agentes químicos prohibidos por la Convención de Armas Químicas" y el bloqueo que Moscú ejerce en distintos foros internacionales para evitar la rendición de cuentas.

La preocupación española por este escenario quedó reflejada el pasado 16 de diciembre de 2025, cuando el Consejo de Seguridad Nacional aprobó la primera Estrategia Nacional contra la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva. El documento aclara que el enfoque español surge como respuesta no solo a las amenazas procedentes de actores estatales que desafían el régimen internacional de no proliferación –con especial referencia a la agresión rusa contra Ucrania y a las crisis de proliferación aún no resueltas en Irán y Corea del Norte, que habrían debilitado instrumentos como el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP)–, sino también a aquellos grupos "no gubernamentales o redes terroristas que intenten acceder a materiales nucleares radiológicos, biológicos y químicos (NRBQ)".

Las "ya erradicadas" armas químicas y biológicas

El temor, sin embargo, no se limita al ámbito nuclear. Las armas químicas continúan ocupando un lugar destacado en las agendas de seguridad internacional pese a décadas de esfuerzos para su eliminación. La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) recuerda que la Convención sobre Armas Químicas de 1997 estableció el compromiso de destruir estos arsenales bajo el mandato de "erradicar para siempre el flagelo de las armas químicas y de verificar la destrucción, en los plazos establecidos, de los arsenales de armas químicas declarados". Algo parecido ocurre con las armas biológicas, consideradas especialmente difíciles de detectar y controlar. Naciones Unidas las define como aquellas que "diseminan organismos patógenos o toxinas para dañar o matar a seres humanos, animales o plantas".

Las armas radiológicas plantean otro desafío distinto. A diferencia del armamento convencional, no existen realmente como armas en sí mismas, sino que su capacidad destructiva depende del mal uso que se pudiera hacer de materiales radiactivos empleados diariamente en hospitales, industrias o centros de investigación. Precisamente por ello, el control internacional de estos materiales recae en el Organismo Internacional de Energía Atómica, que supervisa su uso y trazabilidad.

La posición de España

Mientras tanto, España ha ido reforzando durante los últimos años los mecanismos de protección y vigilancia sobre las instalaciones que manejan este tipo de materiales sensibles. El Informe de Seguridad Nacional revela que la Dirección General de Planificación y Coordinación Energética (DGPLACE) tiene bajo su competencia la aprobación de los Planes de Protección Física de un total de 41 instalaciones repartidas por el país, concretamente "10 instalaciones nucleares" y "31 instalaciones radiactivas".

El objetivo es impedir que cualquier actor hostil logre completar con éxito un acto malintencionado. En este sentido, hasta diciembre de 2025 se emitieron cinco resoluciones de aprobación de revisiones de estos planes y se registraron "tres solicitudes de protección física de transporte de material nuclear de categoría III".

La vigilancia tampoco termina en las instalaciones. El tráfico internacional de materiales sensibles obliga a las autoridades aduaneras a enfrentarse a métodos de ocultación cada vez más sofisticados. El propio documento advierte de que "el transporte marítimo y la utilización de pabellones de conveniencia, transferencias buque a buque o manipulación de sistemas de identificación automática (AIS) constituyen vectores potenciales de ocultación de materiales sensibles".

Para responder a estas prácticas, España concluyó durante 2025 la actualización tecnológica del sistema "MEGAPORT, un sistema integral de gestión de alarmas para material radiactivo basado en herramientas no intrusivas y técnicas de Inteligencia Artificial". A ello se sumó el despliegue de "tres unidades móviles de retrodispersión localizadas en Vigo, Bilbao y Las Palmas", destinadas a reforzar la capacidad de detección en algunos de los principales nodos logísticos del país.

Albares se pronuncia

La preocupación por el posible empleo de agentes químicos también se ha trasladado al ámbito político. El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, adelantó el pasado 5 de mayo, tal y como informó Europa Press, que se había procedido al aumento del nivel de amenaza, calificándolo como "prioridad de seguridad nacional", al tiempo que anunciaba el respaldo español al desarme químico supervisado por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ).

Durante su reunión con el director general del organismo, Fernando Arias, el ministro también se refirió a las aportaciones financieras voluntarias españolas dirigidas "muy particularmente" a iniciativas como RedHispana y al 'dosier sirio'.

En un momento en el que el debate internacional vuelve a girar alrededor de la disuasión nuclear, la guerra convencional y la competencia entre grandes potencias, los expertos en seguridad insisten en que las amenazas más peligrosas no siempre son las más visibles.