Como si del frente ucraniano se tratase, la guerra con drones está a la orden del día en el estado mexicano de Michoacán. Pero no es el Ejército mexicano quien los usa. Son los carteles de la droga, que se disputan este territorio, los que se atacan los unos a los otros empleando las aeronaves teledirigidas. Recientemente el grupo Jalisco Nueva Generación ha golpeado los campamentos rivales de Cárteles Unidos, una muestra del poderío militar de estas organizaciones.
Aunque en sus inicios no eran más que grupos dedicados al tráfico de sustancias ilícitas, los carteles han evolucionado hasta convertirse en auténticos ejércitos paramilitares. Los criminales han ido introduciendo tácticas de guerra moderna que los convierte en una amenaza de primer nivel para el Estado y la población mexicanos. En su arsenal, drones, minas antipersona y hasta "narcotanques", conocidos como "monstruos" en el argot mexicano.
"El uso de este tipo de armas sofisticadas de guerra por parte de los carteles mexicanos se ha extendido y consolidado", explica a El Independiente el abogado y experto en crimen organizado Luis Izquiel. Una violencia que se traduce en números. Según datos del Uppsala Conflict Data Program, cinco de estas organizaciones son responsables de más de 200.000 muertes en México en los últimos veinte años.
Un fenómeno reciente
Izquiel sitúa el origen de la militarización de los cárteles mexicanos, que ha durado hasta hoy, en la creación del grupo Los Zetas en 1999. Formado por exmilitares de las Fuerzas Armadas que actuaban como mercenarios, en un primer momento actuaban como brazo armado del Cartel del Golfo. Esto marcó un antes y un después en la historia del crimen organizado en México.
La irrupción de Los Zetas (que en la actualidad han visto reducida su influencia) inició un proceso de militarización dentro de las organizaciones criminales mexicanas que ha ido avanzando de manera constante con el tiempo. Sin embargo, sería en el periodo entre 2020 y 2021 cuando los carteles incorporarían el uso de armamento de alta tecnología y tácticas de combate complejas.
Aunque en un primer momento los drones se destinaban para labores de vigilancia, el reciente ataque de Jalisco Nueva Generación muestra que los carteles han dado un paso más allá en el uso de esta tecnología. Una investigación a finales de año de El Informador detallaba el uso de "drones suicidas" con cargas explosivas, según un reporte detallado de la Secretaría de la Defensa Nacional mexicana.
Drones de contrabando y armas de fabricación casera
La adquisición de este armamento se realiza a través de diversas vías. La principal fuente es el contrabando con EEUU, aunque los carteles también obtienen armamento robándoselo al propio ejército mexicano. Aun así, Izquiel no descarta que estos grupos estén comprando drones provenientes de otros frentes como el de Ucrania: "Es difícil precisarlo con exactitud".
Además, las organizaciones criminales construyen sus propias armas, contratando a expertos en tecnología militar. Muchos de los drones que compran son aparatos comerciales, que luego modifican para que carguen explosivos. También los "narcotanques", que empezaron a aparecer en México durante la década del 2010, son de fabricación propia.

Para el experto en crimen organizado en Latinoamérica, la explicación detrás de esta capacidad para reclutar ejércitos y adquirir tecnología bélica reside en el factor económico. Su control del tráfico de droga hacia EEUU y otras partes del mundo los convierte en "las organizaciones criminales que manejan más dinero" en la región. "Eso genera gigantescas cantidades de dinero para comprar y crear armas de guerra y contratar personal paramilitar", explica.
Gobernabilidad criminal
El poderío militar de los carteles les ha valido para hacerse con el control de una parte importante del territorio mexicano. Esto ha generado, en palabras de Izquiel, una "gobernabilidad criminal" en algunos estados del país. Los grupos criminales imponen la ley, las reglas de comportamiento social o incluso toques de queda.
El Gobierno ya no puede por sí solo ante la fuerza militar que han creado
"La población civil está siendo victimizada por esta guerra entre carteles, muchas veces tiene que desplazarse de los territorios en conflicto hacia otras partes de México", comenta el experto. En ocasiones, en un estado la violencia se dispara por la pelea entre dos grupos, pero al año siguiente presenta "cifras criminales bajas" porque un cartel logra el control total. Se impone la paz criminal.
Un claro ejemplo del poder que ostentan los carteles en México se vivió en febrero de este año, cuando el Ejército mexicano asesinó a "El Mencho" (Nemesio Oseguera), cabecilla de Jalisco Nueva Generación. Su muerte desató un estallido de violencia en varios estados donde el grupo opera, que provocó el pánico entre la población.

La respuesta de las autoridades
Además de combatir con las organizaciones rivales por el control del territorio, los carteles se enfrentan directamente al Estado mexicano. "El Gobierno ya no puede por sí solo ante la fuerza militar que han creado", admite Izquiel. Y es que, a lo largo de los años, las distintas estrategias gubernamentales no han conseguido frenar la amenaza.
La política de ataque frontal y beligerante de Felipe Calderón, que incluyó el despliegue de las Fuerzas Armadas, no impidió que los cárteles se sostuvieran y crecieran. Tampoco la estrategia de "abrazos, no balazos" de López Obrador, orientada a rebajar la violencia y buscar un acercamiento, un periodo en el que los grupos delictivos continuaron fortaleciéndose.
El narcotráfico, comprando voluntades políticas, policiales y militares, es una dificultad para erradicar los carteles de la droga en México
En este sentido, no se puede ignorar la penetración del "dinero sucio" de estos grupos en la clase política, así como en los estamentos policiales y militares de México. Así, la colaboración de algunos funcionarios públicos con el crimen organizado impide, a ojos del experto, que haya una política realmente efectiva "para combatir frontalmente los carteles".
Y pone como ejemplo de esta corrupción institucional al exsecretario mexicano de Seguridad Pública Genaro García Luna, quien colaboraba con los cárteles avisándoles sobre futuros operativos. Un juez de EEUU lo condenó a 38 años de prisión por su apoyo al Cartel de Sinaloa. "El narcotráfico, comprando voluntades políticas, policiales y militares, es una dificultad para erradicar los carteles de la droga en México", sentencia.
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