Opinión

Un mal dato de inflación

Un mal dato de inflación
Una persona reposta gasolina en un coche, en una gasolinera | Europa Press

La semana pasada tuvimos la mala noticia de que la inflación de julio llegó al 3,6 %, el peor dato desde hace más de dos años. La energía en general ha sido la gran culpable, con la crisis de Ormuz como telón de fondo.

PUBLICIDAD

Puede que, con el relajo veraniego, unas notas ligeras sobre la inflación tengan su interés. Los monetaristas, con Milton Friedman a la cabeza, afirman que la inflación es un fenómeno monetario, lo que no cuadra con nuestra sensación de que, en este caso, el origen está en la subida de los precios del petróleo, el gas y sus derivados, motivada por la guerra de Israel y EEUU contra Irán.

PUBLICIDAD

Simplificando, un monetarista puro afirmaría lo siguiente:

  1. Una restricción de oferta puede hacer subir el precio del petróleo un 50 %, pero inmediatamente la demanda se retraerá, por lo que, al consumirse menos petróleo y energía en general, el efecto final se diluirá en alguna medida.
  2. Si la cantidad disponible de dinero permanece estable, lo que podemos destinar al consumo del resto de bienes y servicios disminuye, produciendo una reducción de sus precios, que atenúa la subida de la energía.
  3. Solo si aumenta la cantidad de dinero, la demanda de esos otros bienes y servicios no bajará, con lo que la inflación motivada por la guerra se consolidará.

La realidad es mucho más compleja. En primer lugar, la demanda de energía puede ser relativamente inelástica, es decir, que baje poco aunque la energía suba mucho. En segundo lugar, todos tenemos reservas monetarias de las que inicialmente haremos uso para mantener nuestro consumo, con lo que tampoco bajarán los precios del resto de bienes. En conclusión, ante un shock de petróleo, la inflación subirá.

Los bancos centrales, para definir su política monetaria, analizan los efectos de segunda ronda para anticipar si esa inflación es pasajera o tiene visos de perpetuarse. Así, calcularán si los salarios van a subir para no perder poder adquisitivo, es decir, si los trabajadores tienen una posición de fuerza para conseguirlo. También si las empresas, sobre todo las intensivas en consumo de energía, tienen el suficiente peso en sus mercados para trasladar ese aumento de costes al precio de sus productos o tendrán que soportar una reducción de sus márgenes. Esta es la inflación persistente, la peligrosa, sobre la que los bancos centrales actúan, porque solo se puede producir si hay un aumento de la cantidad de dinero. Habría, pues, que reformular la afirmación de Milton Friedman: la inflación persistente es siempre un fenómeno monetario.

Volviendo al cierre del estrecho de Ormuz y su repercusión en los precios de la energía, vemos que somos más pobres porque, de entrada, ha provocado una subida de precios. Pero también nos empobrece como país, ya que, al ser importadores de petróleo, estamos transfiriendo más rentas al exterior. En términos aritméticos, en la fórmula para calcular el PIB, las importaciones tienen signo negativo. Y este descenso de renta provoca un aumento del gasto público para compensar y, al financiarse con deuda, crea dinero.

Resumiendo, un shock de oferta determina los precios relativos; la política monetaria, el nivel general de precios.

Esta es la inflación persistente, la peligrosa, sobre la que los bancos centrales actúan, porque solo se puede producir si hay un aumento de la cantidad de dinero

La pregunta que se estarán haciendo los bancos centrales es si estamos ante una inflación duradera. Un dato importante es la inflación subyacente, que excluye precisamente energía y alimentos no elaborados, los elementos más volátiles, y que ha llegado al 3 %, también muy lejos del objetivo del 2 %. Otro dato importante es que, desde abril de 2021, salvo unos pocos meses, la inflación ha estado por encima de su objetivo. Es decir, todo empezó 11 meses antes de la guerra de Ucrania con su crisis energética. Los bancos centrales llevan casi cinco años considerando cada repunte inflacionista como una excepción: primero, la pandemia; después, Ucrania, y ahora, Ormuz. Ha llegado el momento de dejar de llamar transitorio a lo que es estructural.

Comentarios

Normas ›

Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.

Regístrate para comentar

Te puede interesar

Lo más visto