Nvidia se constituyó en 1993 por unos jóvenes socios que tenían un proyecto común, para lo que pusieron un total de 40.000 $. Es el típico caso de Silicon Valley. 30 años después fue la 7ª compañía en llegar al billón de dólares de capitalización (valor bursátil). Unos meses después dobló esa cifra. En 2025 fue la primera compañía en alcanzar 4 billones y después 5 billones. En este segundo trimestre de 2026 su cifra de ventas fue de 96 mil millones de dólares y el beneficio operativo de cerca de 64 mil millones. Este margen tan asombrosamente elevado (66%) es señal de un dominio casi absoluto de su mercado: apenas tiene competencia.
En su origen los socios fundadores vieron que había una oportunidad con los juegos por ordenador, que necesitan un tipo especial de chip o semiconductor llamado GPU (graphic processing unit). En términos informáticos, una imagen es una agrupación de gráficos y para producirlos hay que calcular simultáneamente la posición, iluminación, color, textura, movimiento de una cantidad elevada de elementos. Son procesadores que tienen que realizar muchísimas operaciones parecidas al mismo tiempo. Y aquí está la clave de Nvidia: un procesador o chip GPU, creado para mejorar las imágenes de los videojuegos, terminó siendo el adecuado para la Inteligencia Artificial (IA).
Pero vayamos por etapas. Muy pronto Nvidia empezó a diseñar las tarjetas gráficas de las que forman parte las GPU. Una tarjeta gráfica contiene un chip, en este caso GPU, y además capacidad de almacenamiento, conexiones y refrigeración. La tarjeta es como un coche y la GPU su motor.
Con el desarrollo de sus GPU y tarjetas, Nvidia tuvo la visión de convertirlas en plataformas de computación con una finalidad más amplia que la de los gráficos-imágenes. En 2006 crea CUDA, que es el software que permite que sus GPU realicen esas otras actividades. Esa combinación de software (programas) y hardware (chips y tarjetas) le empieza a dar una importante ventaja competitiva.
Las posibilidades de las GPU aumentan si estas pueden trabajar conjuntamente en un mismo proyecto, lo que supera las capacidades de un ordenador. Para que muchas GPU de distintos ordenadores trabajen juntas, Nvidia desarrolló tecnologías de red entrando en el campo de los servidores. Estos son grandes ordenadores que trabajan para múltiples ordenadores más pequeños. Finalmente, las necesidades de la IA exigen que miles de GPU trabajen conjuntamente, lo que supera las capacidades de un servidor. Se montan los centros de datos que agrupan en un mismo espacio físico muchos servidores, que trabajan con software y hardware de Nvidia, concebido como una plataforma integrada. Un hito clave en ese camino fue la adquisición de Mellanox en 2020.
Más del 90% del negocio de Nvidia son los centros de datos, explotados por los grandes del sector tecnológico como Microsoft, Google, Amazon o Meta. Es la llamada nube, que en vez de estar en el cielo son edificios claramente terrestres. El resto de clientes básicamente son laboratorios de IA, como Anthropic y Open AI (Chat GPT).
Una pena que no tengamos este tipo de empresas en Europa. Nuestra famosa regulación impide que el mítico garaje que reúne a tres amigos se convierta en una gran empresa
Es difícil que Nvidia conserve su dominio mucho tiempo. Un negocio con tanto margen y con unos clientes tan poderosos permite suponer que pronto desarrollarán sus propios productos. Además, cuenta con el riesgo de la oposición a los centros de datos, tanto por motivos ideológicos (consumo de energía y agua) como por miedo a la IA. Con su gran capacidad de generación de fondos, Nvidia financia o avala proyectos de clientes suyos que le permitirán diversificar su clientela superando el enorme peso de los grandes tecnológicos.
Una peculiaridad de Nvidia es que no fabrica directamente, crea, diseña y subcontrata la fabricación. Sus chips, por ejemplo, se fabrican por diversas empresas, principalmente por TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company). A pesar de ello cuenta con más de 42.000 empleados. Como curiosidad, la mitad gana más de 240.000 $ anuales.
En resumen, una empresa excelente, que conserva entre sus líderes a parte de sus fundadores. Se ha mantenido fiel a su idea original y ha sabido desarrollarla, viendo las potencialidades que iban surgiendo. No ha sido solo un crecimiento orgánico, sino que en el camino ha ido comprando empresas complementarias, lo que ha exigido que para financiarlas los fundadores se diluyesen, viendo que era necesario para el cumplimiento de sus objetivos. Y ha contado con un sistema financiero que les ha facilitado los recursos para pasar de los 40.000 dólares iniciales a los 5,4 billones de hoy.
Una pena que no tengamos este tipo de empresas en Europa. Nuestra famosa regulación impide que el mítico garaje que reúne a tres amigos se convierta en una gran empresa. ¿Se imaginan qué dirían las autoridades de la competencia con el abuso de posición dominante?
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