Pocos territorios reúnen las condiciones que hacen de Canarias un punto de referencia para la ciencia climática europea. Situado en el punto de encuentro entre corrientes frías y cálidas, el archipiélago funciona como un laboratorio natural donde universidades públicas, administraciones y entidades como Loro Parque Fundación con la colaboración de Loro Parque, llevan años estudiando con instrumentos cada vez más sofisticados, los efectos del cambio climático sobre el medio marino en Canarias.
Uno de los indicadores que mejor refleja ese pulso es la acidificación del agua marina, un fenómeno que ya deja huella en la biodiversidad del entorno insular. La química del mar cambia cuando absorbe más dióxido de carbono del que puede procesar. El aumento de la acidez del agua afecta directamente a organismos que dependen del carbonato cálcico: moluscos, corales de aguas profundas y otros seres que sostienen la cadena alimentaria. El fenómeno ya se mide y los datos confirman que avanza.
Un archipiélago que escucha el mar
Además de la acidificación, los científicos canarios siguen de cerca otro factor: el ruido submarino. El tráfico marítimo, las prospecciones y otras actividades humanas generan un paisaje sonoro que altera la comunicación y el comportamiento de numerosas especies marinas. Detectarlo no es sencillo: se necesitan instrumentos que registren miles de horas de grabaciones en distintos puntos del litoral.
Ese trabajo de escucha y medición forma parte del proyecto CanBio de investigación medioambiental, financiado a partes iguales por la Consejería de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias y Loro Parque Fundación. Con una inversión de cuatro millones y medio de euros hasta finales de 2027, el programa reúne a investigadores de la Universidad de La Laguna y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria en torno a un objetivo común: estudiar el cambio climático, la acidificación oceánica, el ruido submarino y sus efectos en la biodiversidad marina y terrestre del archipiélago.
El pasado mes de abril, una de las mayores investigaciones sobre cambio climático impulsadas en las islas mostró sus primeros resultados en un encuentro celebrado en la Universidad de La Laguna. Según los datos difundidos por el Gobierno de Canarias, más de medio centenar de personas asistieron a la VI Jornada científico-divulgativa «Un viaje al futuro sostenible», donde los equipos expusieron los avances logrados en los distintos frentes del proyecto.
Caracoles, arañas y boyas: la biodiversidad bajo lupa
Los datos presentados dibujan un mapa de alertas y hallazgos. La investigadora predoctoral Irene Sánchez, del subproyecto CanOA, subrayó que la acidificación oceánica afecta a todas las costas de las islas y a la economía azul, una advertencia que conecta directamente el estado químico del mar con actividades productivas que dependen de él, como la pesca o la acuicultura.
En cuanto a la contaminación acústica, el subproyecto BuoyPAM, liderado por Fernando Rosa, ha mejorado el desarrollo técnico de los instrumentos para el registro acústico del ruido submarino del archipiélago, un avance que los propios investigadores describen como un paso hacia la independencia tecnológica desde la academia, capaz de alimentar sistemas de monitorización abiertos a escala internacional.
La fauna terrestre tampoco escapa a este seguimiento. Los investigadores localizaron en Anaga conchas de un caracol endémico cuya presencia viva no había sido confirmada, reabriendo la esperanza de encontrar ejemplares vivos en la zona. «Los caracoles son los principales termómetros del cambio climático, hay que seguir investigando», concluyó la investigadora Carolina Castillo.
Mientras tanto, la reevaluación de dieciséis especies de artrópodos arrojó un dato preocupante: la especie acuática Hydroporus compunctus ha subido su nivel de amenaza a «Críticamente Amenazado», con la etiqueta de «Posiblemente Extinta», un retroceso que el equipo vincula a la pérdida de hábitat por la explotación de acuíferos.
Por su parte, el subproyecto SonMAR ha reunido ya 3.000 horas de grabaciones del estado actual de los paisajes sonoros de Canarias, un archivo que servirá como referencia para medir la evolución del ruido marino en los próximos años y orientar decisiones de protección con criterios científicos.
Colaboración público - privada para la conservación
Tras siete años de trabajo conjunto, iniciado en 2019, el programa ha trabajado para establecer una red de monitorización de parámetros vinculados al cambio climático, la contaminación acústica submarina y su impacto en la biodiversidad, convirtiéndose en una fuente de datos para los modelos climáticos de la región macaronésica.
Esa red no sería posible sin la colaboración entre administración pública, universidades y entidades privadas. El vicerrector de la ULPGC, Juan Alberto Corbera, definió esta alianza como «un ejemplo para otras regiones periféricas en lo que respecta a la lucha del cambio climático», mientras que su homólogo de la ULL, Antonio Aparicio, insistió en que el futuro de la transferencia científica exige que «las fundaciones y empresas permanezcan unidas» a la academia.
En esta misma línea, Christoph Kiessling, presidente de Loro Parque Fundación, destaca que «se trata de un trabajo de investigación de referencia mundial por su eficacia, calidad y resultados».
En este caso, Loro Parque Fundación aporta la cofinanciación que sostiene ocho subproyectos —entre ellos BuoyPAM, MacPAM, CanOA, BioACU, BioMAR, BioTER, SonMAR y BioModClim— dedicados a distintas facetas de un mismo problema. Ese respaldo permite que grupos de investigación canarios mantengan una vigilancia continuada sobre variables que, de otro modo, resultarían difíciles de costear solo con presupuesto público.
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