Después de un año y casi ocho meses, los líderes de PP y Vox volverán a compartir escenario en una manifestación. La última coincidencia se dio en la manifestación de apoyo al presidente electo de Venezuela, Edmundo González, tras los úlitmos comicios del país, en la Puerta del Sol el 9 de enero del año pasado. Entonces ambos líderes arremetieron contra el régimen chavista y contra la posición del Gobierno de Pedro Sánchez, neutral, que determinaron como "cómplice". Desde entonces se han sucedido una serie de convocatorias a título personal por parte del PP, pero también de otras entidades de la sociedad civil en las que ambas formaciones han participado pero sin la coincidencia de ambos. O uno acudía y el otro cedía el testigo a segundos espadas por agenda, o viceversa.
Hasta la fecha Feijóo y Abascal han mantenido algún despacho. Por ejemplo, se difundió que a mediados del año pasado los dos se reunieron en el Congreso de los Diputados. Abascal instó a Feijóo a promover esa, luego, reiterada moción de censura contra el Gobierno. Todo, frente a un escenario judicial que se agravaba progresivamente. Luego, la negativa del primero ante la falta de apoyos, las tensiones por la falta de apoyos por presupuestos autonómicos, entre otros asuntos, tensionaron a ambas formaciones. La campaña extremeña reventó la relación hasta llegarse a enfrentar con acusaciones directas. Feijóo determinó que Abascal actuaba desde Madrid como un "cacique" al condicionar las negociaciones o la investidura del PP al quite de María Guardiola como candidata una vez concluidas las elecciones. Todo se resolvió con una llamada entre ambos en la que se priorizó el compromiso de pactos autonómicos para facilitar el giro a las políticas de Sánchez y evitar dar oportunidades a la izquierda, disgregada.
El clima tenso entre ambas formaciones, superado el último ciclo electoral con Andalucía como broche, se disipó. El PP y Vox normalizaron sus relaciones, asumieron unos puntos en común como el de la 'prioridad nacional' –libremente interpretada, eso sí, por unos, por arraigo, y otros, por nacionalidad–. Sin embargo, aunque no hay agresión directa entre grupos, al menos constante, la crisis de Ceuta ha abierto de nuevo una competencia velada entre ambos. Lo dejó patente la puesta de escena de este lunes del dirigente de Vox, junto a la primera fila de la organización, exigiendo una oposición más dura contra Sánchez, dejando la pelota en el tejado de los populares para avalarla o no –y que sean los españoles los que la juzguen–. Se exigió aprobar propuestas como la de suspender el Tratado de Amistad con Marruecos, la revisión de los acuerdos bilaterales con el país, y llamar a consultas e incluso retirar a los embajadores, el español en Rabat y el marroquí en Madrid. Eso en todo caso compete al Gobierno y el parlamento carece de capacidad material, de ahí que Vox lo haya registrado como proposición no de ley en el Congreso.
Aunque sí insisten en Vox en que Feijóo, si de verdad se toma en serio la oposición contra Sánchez, debería demostrarlo apoyando la propuesta de recurrir al artículo 102 de la Constitución, para instar a la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo a abrir una investigación contra él y su Gobierno por "traición" o por haber tomado decisiones que afecten a la Seguridad Nacional. Fuentes de Vox confirman en privado que el giro del PP en materia migratoria, o al menos lo que se ve en Ceuta, es de valorar positivamente, pero creen que debe ir a más. De ahí que no se explayen demasiado en esas críticas directas. Más allá de esa vía judicial, para Vox es imprescindible un gesto político: romper toda la relación con el PSOE, tanto en Ceuta, para dar un giro de gobierno [Vivas], como a nivel nacional y europeo. Que no le aprueben ninguna ley más, reclamó la portavoz parlamentaria, Pepa Millán, este martes en rueda de prensa.
Otra crítica lanzada a la posición de los populares, por parte de ella misma, fue que la protesta que volverá a unir a ambos líderes nacionales de la derecha, sí tiene carácter reivindicativo y de cuestionamiento del Gobierno: "Claro que es contra el Gobierno, el PP debe abandonar la tibieza". Mientras los populares buscan oponerse duramente a Moncloa pero a la vez intentando mantener cierta moderación, el regreso de Vox al 100% de la actividad política busca tensionar un discurso allanado por Génova paso a paso minuciosamente en todo agosto. "Que Vox diga y haga lo que considere oportuno, nos parece más preocupante que haya delegados del Gobierno impidiendo" a cargos del PSOE que participen en esas manifestaciones frente a los ayuntamientos. Añaden sobre la propuesta de romper con los socialistas que no es el momento de buscar beneficios políticos e instan a Vox, en esta crisis a mirar cómo han actuado todos los grupos ceutíes, haciendo frente conjunto entre derechas, socialistas críticos y "partidos musulmanes".
Las palabras de Millán llegan por la polémica generada entorno a la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Su presidenta, alcaldesa popular de Jerez de la Frontera, de forma autónoma aseguran fuentes de la entidad, decidió convocar manifestaciones generalizadas en todos los municipios aprovechando que este miércoles es el Día de Ceuta, como muestra de solidaridad con Vivas, sin partidismos. Esto ha sido cuestionado por el Gobierno, el PSOE y sus socios de izquierda estatal y nacionalista. Se acusa al PP de utilizar indirectamente la institución para plantear revueltas contra Sánchez, aunque fuentes de Génova lo niegan y son tajantes: si quisiesen "reventar las plazas" las convocatorias las harían bajo sus siglas y con discursos de Feijóo y el resto de la cúpula del partido. Justifican esa posición con las llamadas a la neutralidad de las protestas que han hecho a lo largo del día varios cargos populares y ha hecho reaccionar a Vox.
Indirectamente se reconoce que esas convocatorias, en todo caso, terminan mostrando apoyo a Ceuta frente a un abandono que achacan al Gobierno después de "un mes de dejadez". No ayuda que a las convocatorias frente al Congreso, que pueden terminar fusionadas con la de Cibeles, acudan grupos de extrema derecha como el neonazi Núcleo Nacional.
Remontar el camino allanado por Feijóo
Esa presión de Vox al inicio del curso se da después de un trabajo de campo laborioso para el PP en el que ha tocado la opisición política, la parlamentaria con propuestas de las que ya se han adoptado el mando único y la llamada de Frontex, y la judicial, personandose en la investigación que aún debe dilucidarse el procedimiento tras la apertura de diligencias en la Audiencia Nacional. Desde el Congreso Nacional del partido en junio del año pasado y una posterior hoja de ruta en materia migratoria, Génova ha dado un giro en la línea de sus socios europeos, con un punto de vista más duro con la inmigración irregular y comprando alguno de los términos por excelencia de Vox. Lo recalcan entre las filas de Abascal: "Adoptan ahora lo que llevamos años defendiendo". En privado, fuentes de la dirección nacional descartan que tengan presión política por que Feijóo ahora puje por sus temas. Ven con ello avaladas sus políticas.
No obstante, la adopción de esos términos y el beneficio de que Vivas gobierne en solitario, ha permitido al PP monopolizar prácticamente la crisis en un choque dual con el Gobierno central, sin que las apreciaciones de los socios de izquierda para el PSOE, ni que en este caso de Vox, impliquen demasiado. A diferencia de Abascal, el relato construido por los populares se ha robustecido con varias visitas de Feijóo a la ciudad autónoma para exigir lo mismo que reclama Vox, el "retorno inmediato" de todos los migrantes.
Si bien la posición autonómica en Extremadura, Aragón, Castilla y León –y en Andalucía, aunque no tenga Vox las competencias– es la de respetar los acuerdos de gobierno con Vox y negarse por todas las vías legales a cualquier acogida, todo el PP aboga por ello. Sobre todo, y sin contemplar que choca contra la legalidad vigente –se abren a plantear futuras reformas legales–, ponen de relieve que el debate de la solidaridad con los migrantes no es el que toca al tratarse esto de "una situación excepcional" que requiere de "actuaciones excepcionales". Tachan como Vox lo ocurrido de "invasión" y ataque a la "soberanía nacional".
Y este miércoles, por el día de la ciudad autónoma, Feijóo volverá a plantarse en Ceuta junto a Vivas como previa a la manifestación, lo que le dotará de enorme carga visual, y como elemento clave para afrontar al día siguiente la comparecencia extraordinaria del presidente por la gestión de la crisis. Será crucial el desarrollo de las manifestaciones esta jornada. La posición de Vox, de afirmar claramente que las protestas serán contra el Gobierno, en todo caso, perjudica al PP a la hora de trasmitir que el problema lo tienen los socialistas por desmarcarse de Ceuta, y da combustible al Gobierno para justicar que ambos socios utilizan la FEMP para atacar al Ejecutivo.
La coincidencia con Feijóo adquiere por eso un significado añadido. El PP ha conseguido durante la crisis ocupar buena parte del espacio político que tradicionalmente ha explotado Vox en materia migratoria y ha convertido a Ceuta en uno de los principales frentes de su oposición al Gobierno. La manifestación permite a Abascal hacer las dos cosas al mismo tiempo: mantener la presión sobre Sánchez y recortar distancias para evitar que Feijóo siga capitalizando en solitario el malestar por la gestión de la crisis. Por eso Vox rechaza que la protesta sea presentada como una movilización meramente institucional o de solidaridad con Ceuta. Para Abascal, debe servir también para señalar al Gobierno y para exigir al PP que lleve su oposición hasta las últimas consecuencias.
Esta convocatoria no ha estado exenta de polémica. El Ayuntamiento de Madrid comunicó la concentración de este miércoles en Cibeles como una manifestación amparada por el derecho de reunión, y la Delegación del Gobierno le respondió que un ayuntamiento no puede ser titular de ese derecho ni convocar una manifestación en esos términos. El Ayuntamiento interpretó inicialmente el escrito como una negativa del Gobierno a autorizar el acto y denunció un intento de "boicot", mientras que el delegado, Francisco Martín, negó que se hubiera prohibido la concentración y aclaró que el Ayuntamiento sí puede celebrar el acto como institucional, además de asegurar que se han comunicado las medidas de seguridad para que se celebre. Fuentes del consistorio confirmaron a El Independiente que el asunto sigue en marcha. Ambas formaciones corrieron a arremeter contra el Ejecutivo pese a todo, confirmando la tensión de la convocatoria y cómo el Gobierno se perfila como objeto de confrontación.
Aunque se quiere contener la competición directa entre formaciones, la capitalización de la crisis puede volver a abrir la disputa entre ambas formaciones, especialmente cuando se despeje el siguiente paso que tomará el Gobierno en Ceuta que implique a las comunidades. Aunque Vox celebra que el PP se acoja a su discurso, la competencia de cara a las generales obliga a marcar constantemente distanciamientos y eso puede conducir a nuevos rifirrafes. En esa pugna velada por Ceuta, por ejemplo, Vox ya empieza a generar dudas sobre cómo respira el PP en relación a Marruecos. Cree que no se atreve a plantarse directamente contra Rabat, mientras que los populares reivindican la defensa de la soberanía a la vez que prefieren la pruedencia con un vecino con el que una vez en el Gobierno creen que deben tener buenas relaciones. En Vox advierten que no se pueden dar aún las elecciones como ganadas.
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