La dirección del CIS por parte de José Félix Tezanos no escapa de la polémica y de la crítica del conjunto de partidos españoles salvo el PSOE por las sucesivas mediciones a contracorriente de la casi veintena de empresas demoscópicas privadas que lanzan también sondeos periódicamente. La famosa 'cocina' del organismo, que busca ajustar la muestra y las respuestas al contexto político real, es una de ellas. Partidos de izquierda como Sumar o Podemos han reprochado las transferencias previstas a otras formaciones, aunque en su caso sí se amoldan bastante a lo que reflejan el resto de métricas de terceros. En el caso del PP, se denuncia una reducción intencionada e inflamiento de partidos como Vox, a la vez que no se recrimina que no se consulten asuntos tan destacables como la opinión que suscita la gestión del Gobierno central en Ceuta tras la crisis iniciada a finales de julio con la entrada irregular de más de 72.000 personas por la frontera con Marruecos. No se ha incluido en el último estudio de este lunes.

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Más allá de este asunto, hay otra arista en las mediciones y los microdatos del CIS que pueden generar problemas de interpretación aunque en la representación porcentual final no termine influyendo con contundencia como tal: que pequeños porcentajes extraídos de muestras minúsculas de votantes se atribuyan como miles de papeletas que cambian hacia uno u otro partido respecto a las elecciones de 2023. Ocurre especialmente con los partidos minoritarios, regionalistas y nacionalistas. Hay un ejemplo muy destacable en esta última oleada del CIS que afecta a todos los partidos pero permite crecer unas décimas al PSOE.

Si bien por lógica las transferencias dentro de los bloques izquierda y derecha son algo cotidiano, por ejemplo entre PSOE, Sumar y Podemos, el CIS percibe grandes porcentajes de transferencia entre otros socios nacionalistas de centroderecha a los socialistas. En el caso de Junts, uno de los principales antagonistas del Gobierno de Sánchez pese a su apoyo inicial de la investidura, el centro público refleja unas transferencias del 15,5% de los votos posconvergentes al PSOE. Sobre los resultados de julio de 2023 suponen casi 61.300 papeletas que ahora conseguiría Sánchez para compensar otras fugas estimadas. Es llamativo que ninguno de los consultados que apoyaron a Sánchez ahora apostarían por los de Carles Puigdemont. Lo más llamativo es que ese porcentaje se construye con cinco entrevistados de una muestra que votó a Junts conformada por 35 personas. Sobre la muestra de 4.042 entrevistas, los votantes de Junts son el 1,6% del total y un 0,25% de voto directo repercute sobre Sánchez.

Del 31% de voto válido atribuido al final en la encuesta del CIS, 0,25 puntos corresponden a esa transferencia. No es falsa, pero distorsiona la tendencia del voto tradicional de centroderecha de Junts. Por poner un ejemplo, en el estudio postelectoral de las generales de 2023, con una muestra mayor de 10.104 personas, 133 se declararon votantes de Junts y solo el 2,4% aseguraba que cambiaría su voto a favor de Sánchez, en un momento en el que no se habían producido los encontronazos entre el PSOE y Puigdemont, donde había aperturismo para negociar y se contemplaba incluso la amnistía que luego se pactó y aprobó y de la que aún sigue esperando para beneficiarse.

Esa 'distorsión' aparece también con el PNV. Tras las urnas hace tres años, de 96 consultados que decían haber votado al PNV, solo el 6,1% afirmaba que cambiaría su voto por Sánchez en un contexto de igual sintonía y sin tanto desgaste por diversos escándalos. En un periodo crítico en el que los de Aitor Esteban marcan posición o vienen pidiendo elecciones al considerar agotada la legislatura, el último CIS ahora advierte una transferencia del 23,6% de los votantes jeltzales, con 22 entrevistas de las cuales cinco se posicionan ahora en favor de Sánchez. Esos más de veinte puntos de voto, tomados del escrutinio de 2023, son 65.440 papeletas. En dirección contraria, un 0,2% de los votantes socialistas (limitados a Euskadi) pasarían al PNV. El caso del porcentaje del PNV que nutre la estimación final de Sánchez se trata de un 0,17% que, sumado a los traspasos de Junts, da un total de casi medio punto: 0,42%.

Las cifras con otros competidores de espacio como Sumar crecen, aunque se mantienen en la línea a otros estudios anteriores: un 18,6% de los votantes magentas irían al PSOE ahora. En lo que sí coinciden distintas encuestadoras es en la desmovilización del votante de izquierdas: Sánchez lograría prácticamente el mismo resultado que en 2023 con un 14,1% de indecisos. El CIS atribuye en parte la compensación a esas entradas y especialmente a los abstencionistas y nuevos votantes jóvenes que elegirían ahora la papeleta socialista.

Coalición Canaria y PACMA nutren al PP

Hay casos peculiares también en el bloque de derecha. Es el caso de Coalición Canaria (CC) que repercute en el PP. De 12 entrevistados que votaron a CC, siete lo harían ahora por Feijóo. Eso deja al CIS la interpretación de que el 54,9% de los votantes nacionalistas canarios pasan a engrosar las filas populares. Es un 0,22% de voto a Feijóo final pero que tiene coherencia por sintonía ideológica. Ya tras las elecciones de 2023, un 25% de los votantes de CC afirmaban que irían al PP con el triple de muestra. ¿Qué supone ese porcentaje en la interpretación a la hora de consultar esa transferencia de voto? Que siete votantes de CC se conviertan en 63.880 papeletas.

Sí llama especialmente la atención la transferencia de PACMA al PP por la distancia entre ambas formaciones en cuestiones como la tauromaquia o la caza. En 2023, ningún votante animalista estaba dispuesto a cambiar su voto por Feijóo. Ahora Tezanos estima que un 17,5% de esos votantes lo harían. Son tres de las 19 personas consultadas –casi 30.000 personas sobre los votos de 2023–. Ninguna iría al PSOE y uno de esos votantes respectivamente que así se identifican permite reflejar una transferencia del 7,1% a Sumar y del 4,7% a Vox. Con el segundo se reduce mucho más que con el PP la sintonía ideológica. Con la muestra de votantes de PACMA en 2023, de 43 personas, ninguno optaba por el PP, y ocho se repartían a medias entre PSOE y Sumar.

¿22.300 papeletas de ERC a Vox?

El último dato llamativo de transferencias entre formaciones es la cifra de ERC a Vox, partidos en las antípodas. El estudio de septiembre refleja que un 4,8% de los votantes de Gabriel Rufián en las generales de julio de 2023 ahora optarían por la candidatura de Santiago Abascal. Sobre los datos reales, esos casi cinco puntos de voto sobre los 466.020 de la formación independentista serían 22.300 papeletas. Sin embargo, el porcentaje sale de una muestra de 65 votantes de esos 4.042 entrevistados, de los cuales solo tres determinan ese cambio de posición hacia Vox. Supone 0,1% de los 16,6 puntos de voto que refleja el CIS, algo mínimo.

El problema, por tanto, no está necesariamente en que las respuestas sean falsas, sino en la dimensión que adquieren cuando porcentajes obtenidos a partir de submuestras muy reducidas se proyectan, por ejemplo, con estudios anteriores como el postelectoral de 2023. En grupos con pocos entrevistados, cada respuesta tiene un peso elevado y puede mover varios puntos la tasa de transferencia, dejando una percepción equivocada a la hora de consultar esos datos. Al trasladar después ese porcentaje al número de votos obtenido por cada formación en las anteriores generales, se da una sensación de sobrerrepresentación.