Con mil litros de agua por función, 23 actores y bailarines sobre el escenario, nueve músicos en directo y la rúbrica de Àngel Llàcer y Manu Guix, el musical «Cantando bajo la lluvia» tiene todos los ingredientes para convertirse en el estreno de la temporada en Barcelona. «Hemos hecho todo lo posible para que la gente se lo pase bien» aseguraba Llàcer este miércoles en la presentación ante la prensa. Toda una declaración de intenciones de los responsables de éxitos de taquilla como «La jaula de las locas» y «La tienda de los horrores».

El público les ha creído. Ya llevan 25.000 entradas vendidas antes del estreno, el 30 de septiembre, en el Teatro Tívoli de Barcelona, donde seguirá hasta principios de 2022, para desembarcar después en el Teatro Calderón de Madrid.

Ivan Labanda emulará a Gene Kelly en el papel de Don Lockwood para cantar el mítico «singin in the rain«, y Diana Roig hará las veces de Kathy Selden, la principiante interpretada por Debbie Reynolds en el clásico del cine musical de 1952. Junto a ellos, Ricky Mata en la piel de Cosmo Brown, Mireia Portas como Lina Lamont, José Luis Mosquera como R.F.Simpson y Oriol Burés será Roscoe Dexter.

Historia de amor

Esta historia de amor clásica entre el Pigmalión y la principiante ambientada en los inicios del cine sonoro es, para Llàcer, el título «ideal» para el momento que vivimos. Con el Covid todavía marcando la agenda y la gente «con muchas ganas de pasarlo bien», conociendo la mayoría la película y algunas de sus principales canciones.

El guion original narra de forma irónica la propia historia del mundo del cine, mostrando al espectador las dificultades de los actores, productores y directores a la hora de utilizar las nuevas técnicas del cine sonoro. Qué mejor argumento para un musical ambientado en la década de los años 20.

Apto para todos los públicos, el musical será el estreno absoluto más grande de la temporada barcelonesa, según sus artífices. Con un presupuesto de unos 2,5 millones de euros, se trata de la producción más ambiciosa de Nostromo Live, en palabras de Jordi Sellas.

Puro espectáculo

La coreógrafa Miryam Benedited destaca además el reto que supone el montaje para actores y balarines. «Hacen un ejercicio físico brutal» con una propuesta adaptada al público del siglo XXI, con algunas pequeñas modificaciones con respecto al film original. Catorce números musicales, 75 cambios de escena y 190 cambios de vestuario dan fe en cifras de ese reto.

Hay más. Las luces cambian 300 veces y se usan unos 50.000 vatios de sonido. «Es una obra superdinámica -según Llàcer- en la que nadie para ni un solo momento, con una súper apuesta para que llueva en el escenario. En la próxima, haremos volar a alguien», ha bromeado.

Ciertamente, en el número de «Singin’ in the rain», Iván Labanda y los bailarines acaban más que mojados, con charcos en el escenario, y es que en cada función, gracias a un sistema de última tecnología que permite que llueva, caerán unos mil litros de agua, que se irá reciclando para poder ser reutilizada.