Aviones que envían datos meteorológicos al instante, ‘vacas conectadas’ que informan del momento perfecto para su inseminación, señales que te avisan de los atascos o cómo facturar más de 17.000 millones de euros al año aplicando la tecnología en las bombas del sector petrolero. El Internet de las cosas revoluciona el negocio de las grandes compañías. 

El Internet de las Cosas (IoT) ampliará las funciones de toda la realidad que nos rodea conforme ésta se conecte a la red. Después de varios años de desarrollo, el problema de su explosión comercial a gran escala, desde el punto de vista tecnológico, está cerca de resolverse. Aunque todavía quedan nudos gordianos que desenredar, como los estándares de comunicación para que las cosas ‘hablen’ entre sí y vuelquen la información en la red; o la propia infraestructura TIC para soportar un negocio que McKinsey estima que puede alcanzar entre 3.500 y 9.900 millones de euros al año, pero en el que es posible ganar dinero con anchos de banda mínimos.

Las expectativas de negocio del IoT son tan potentes que pueden cambiar la identidad de los líderes en sectores enteros. KPMG sostiene que, en cinco años, el 90% de los coches nuevos tendrá acceso a internet; en 2019 se venderán 1.900 millones de dispositivos del hogar inteligente, por un total de 439.000 millones de euros; dos de cada tres consumidores planea adoptar tecnologías conectadas en 2020; y el valor proyectado de la tecnología IoT alcanzará en 2025 los 5.500 millones de euros. Gartner ha afinado sus predicciones y habla ya de 6.400 millones de cosas conectadas en todo el mundo en 2016, un 30% más que en 2015, y espera que casi se dupliquen en 2018, hasta los 11.400 millones. Aunque menciona expresamente a la seguridad como una de las claves que definirá tanto la rapidez de su expansión como la forma en la que se distribuirá ese crecimiento por sectores.

En cinco años, el 90% de los coches nuevos tendrá acceso a internet

El director del área de Industria y Energía de Teradata International, Niall O’Doherty, acaba de publicar en la revista de la escuela de negocios del MIT (Massachusetts Institute of Technology) Sloan una llamada a los directivos de las empresas a salir de la zona de confort y empezar a plantearse cómo va a cambiar su sector con visión a largo plazo. El título de su artículo es elocuente: «Changing the Game whit IoT» (Cambiando el juego con El Internet de las cosas).

O’Doherty se hace eco de la opinión de los expertos, que apuntan a que cuatro de cada cinco implementaciones del Internet de las Cosas que surjan en los próximos meses van a desperdiciar las oportunidades de transformación de esta tecnología, «debido a que los casos de uso y los análisis tienen un enfoque demasiado estrecho». ¿Tan importante es el cambio que viene? En su discurso de apertura del curso del MIT Internet of Things: Roadmap to a Connected World, uno de los padres del IoT, Sanjay Sarma, preguntó al público: «¿Qué es el IoT?» No es un objeto, ni una tecnología, ni algo susceptible de ser comprado por sí mismo, respondió, «es un nuevo lenguaje, una nueva visión del mundo». Y para sobrevivir en el nuevo entorno, el factor diferencial será el de disponer de una buena estrategia de negocio.

En realidad, O’Doherty y Sarma no hacen más que sumarse al coro de voces de los principales foros mundiales. Las empresas han intensificado en los últimos años el desarrollo de proyectos piloto para integrar el IoT. Se han volcado fundamentalmente en nuevas fuentes de generación de datos, en procesarlos más eficientemente y en contextualizarlos, en escalarlos y finalmente integrarlos en su core business. Después de un tiempo, la mayoría cuenta con sistemas de medición de valor de los datos. Pero, como ponen de manifiesto eventos recientes como el IoT Tech Expo de Berlín, en muchos casos no dejan de ser iniciativas aisladas, orientadas a demostrar la viabilidad de la tecnología. Queda pendiente la tarea más ardua, la de reinventar el negocio.

En tres años se venderán 1.900 millones de dispositivos del hogar inteligente por un total de 439.000 millones de euros

El vicepresidente senior y responsable de estrategia de producto y marketing de Software AG, Giles Nelson, sugiere el ejemplo de General Electric. ¿Vende aviones?, se pregunta, «no, vende potencia; no está interesada en el motor, sino en la energía que puede obtener». General Electric ha sensorizado por completo sus motores para que las líneas aéreas puedan saber «cómo funcionan en todo el mundo y predecir el mantenimiento». Según Nelson, «la cuestión es cuál es el valor de mis datos y cómo controlo su uso por terceros».

«Hay que dar un paso atrás desde la tecnología y adoptar una primera aproximación de negocio», aconseja el influencer Jason Kay. Pone como ejemplo el gasto que podrían ahorrar en energía las empresas de alimentación que están sobrecongelando muchos alimentos porque, dada la complejidad de la cadena de suministro, es la única forma de garantizar al 100% que el transporte de las piezas esté libre de cualquier riesgo. Si diseñaran una plataforma de IoT adecuada, capaz de integrar los datos cualitativamente diferentes de todos los dispositivos y todos los proveedores en contacto con el alimento y de ‘hablar’ con las máquinas de refrigeración, dice Kay, éstas podrían adaptar automáticamente su temperatura a los diferentes contenidos.

Todas las grandes compañías han puesto el foco en el Internet de las Cosas.

Otro experto, con 40 años de experiencia en el sector, Peter Ruffley sostiene que «esta revolución de los datos no se basa en encontrar nuevos modos de aumentar la eficiencia del negocio o impulsar el servicio al cliente; trata de crear flujos de información que promuevan modelos de negocio colaborativos y que puedan ser activamente monetizados». E insta a imaginar las opciones que se abren para un fabricante de automóviles capaz de combinar el sensor de combustible con información externa sobre gasolineras, y que además consigue integrar ese flujo de información con campañas de fidelización y ofertas.

Las experiencias colaborativas que empiezan a forjarse en torno al IoT resultan, en efecto, deslumbrantes. El CIO de Lufthansa Systems, Joerg Liebe, explica el potencial de las líneas aéreas para convertirse en suministradores de datos meteorológicos para las empresas de predicción. «Es algo en lo que las aerolíneas no habíamos profundizado hasta ahora», afirma, «pero puede ser un nuevo canal de ingresos el utilizar los aviones básicamente como sensores voladores».

Palo Alto ha añadido sensores a todas las señales y son controladas a través de un centro que las conecta a la nube, de modo que pueden conocer en tiempo real el tráfico

La ciudad de Palo Alto, en California (EEUU), ha añadido sensores a sus sistemas de señalización de tráfico. Todas las señales están en internet y son controladas a través de un centro que las conecta a la nube, de modo que pueden conocer en tiempo real el tráfico que les rodea. Su aportación puede ser definitiva, porque el 40% de las congestiones en zonas urbanas se deben al movimiento de personas en busca de plazas de aparcamiento. El CIO de la corporación municipal, Jonathan Reichental, relata que las compañías de coches conectados de Silicon Valley quieren disponer de los datos que recolecta el Ayuntamiento para mejorar sus operaciones. «Recogemos los datos en el transcurso del trabajo que realizamos y ellos lo consumen a través de una API, lo que les permite diseñar coches más seguros», señala.

Intel ha colaborado con los productores de arroz de Malasia, cuya relación con la agencia del Ministerio de Agricultura que controla los canales de suministro de agua a la agricultura nunca ha sido sencilla. Las necesidades de irrigación del cultivo, que debe estar bajo una capa de cinco a siete centímetros de agua, son variables e impredecibles y contrastan con la tradicional lentitud en la toma de decisiones de la agencia. De modo que resultaba imperativo implantar un sistema de gestión inteligente basado en el IoT.

Dirigirlo todo desde el sofá

Las versiones de negocio que abre la economía colaborativa gracias al IoT se suman a otras ventajas sobre las que ya existe un consenso generalizado. Una de ellas es el servicio al cliente. La directora de conectividad del fabricante de productos de iluminación outdoor Husqvarna, Petra Sundström, asegura que «los clientes hoy quieren algoritmos inteligentes para sus jardines, quieren robots y servicios digitales para inclinarse ante las máquinas. Quieren apretar botones y dirigirlo todo desde el sofá o controlarlo cuando están de vacaciones».

También en el ámbito de los consumidores, Samsung Electronics está explorando las conexiones entre el IoT y la Realidad Virtual, porque cree que se necesita «una aplicación móvil para controlar y visualizar», compatible con visores que recolecten los datos, como su Gear VR. «Muchas industrias y mercados serán reinventados», sentencia su vicepresidente de ecosistemas y director general de IoT, Curtis Sasaki.

Los clientes hoy quieren algoritmos inteligentes para sus jardines, quieren robots y servicios digitales para inclinarse ante las máquinas

Otra de las ventajas evidentes tiene que ver con la energía. Intel ha protagonizado una batalla vatio a vatio para optimizar la navegación del velero trimarán Macif en la regata TransAt, entre la inglesa Plymouth y Nueva York. El objetivo era que el núcleo del procesador que se encarga de gestionar los datos del banco no consumiera más de 35 vatios. Cada vatio equivale a un litro de fuel y cuanto menos combustible, más ligera es la nave. Los cerca de 50 sensores del barco gestionaron una gran cantidad de datos, desde factores meteorológicos a los propios de la embarcación, como los ángulos del mástil y timón, la velocidad, presión y posición en los cilindros hidráulicos. Los más relevantes se comprimían en un mensaje de 30 octetos y eran enviados cada cinco minutos vía satélite a un servidor de Francia.

Fujitsu trabaja en el desarrollo de soluciones relacionadas con la integración de wearables, y ha conseguido mitigar algunos problemas hasta ahora irresolubles. Su dispositivo móvil Ontenna se ajusta al pelo de cualquier persona con problemas de audición y permite convertir el sonido en vibraciones, similares a las que sienten los gatos en sus bigotes con el aire. En sus últimas apariciones en eventos relacionados con el IoT, la multinacional nipona suele exponer su solución de ‘vaca conectada’ mediante la plataforma Gyuho, capaz de detectar con una precisión nunca vista el momento perfecto para inseminar al ganado. Cada vaca lleva un podómetro conectado que registra continuamente sus pasos y mide sus niveles de estrés.

La industria en el punto de mira

Aunque quizás el desarrollo que más expectativas genera es el Internet de las Cosas Industrial. La petrolera y gasista Apache Corporation, tras desarrollar una tecnología capaz de anticipar posibles fallos de sus bombas, sostiene que si aumentara el rendimiento de las bombas del sector petrolero mundial apenas un 1%, la producción se incrementaría en medio millón de barriles diarios, lo que trasladado a ingresos representa 17.000 millones de euros más de facturación al año.

La última locomotora de General Electric tiene 250 sensores que miden 150.000 puntos de información por minuto. En 2007, el coste medio de un acelerómetro era de tres dólares; en 2014, el coste se situó en 54 céntimos. En 2020, los costes de los componentes se habrán desplomado hasta el punto de que la conectividad se convertirá en una propiedad estándar, incluso para procesadores que costarán menos de un euro.

Accenture resume en cuatro normas la hoja de ruta para los directivos de las empresas que deben tomar decisiones en el ámbito del Internet de las Cosas Industrial: Pensar de forma no convencional acerca del valor del cliente; Ser el proveedor de información más valioso; Compartir más datos de equipo con los partners; y Tratar los servicios como I+D para los productos.

“El IoT es revolucionario», resume Peter Ruffley, muchas empresas «podrían ver cómo sus procesos de core business tradicionales se ven sustituidos en valor por la monetización de la información procedente del IoT. El desafío para las organizaciones no es simplemente aplaudir a los sensores en todas las piezas de sus equipos, sino mirar activamente a los nuevos flujos de datos que podrían ser creados y a su valor potencial tanto en el propio negocio como hacia terceras partes”.