Meñique, índice, corazón, pulgar, anular”. Nathan Copeland cita los dedos de la mano que está sintiendo. Hace 10 años se rompió el cuello en un accidente de coche y desde entonces no siente su cuerpo. Ahora percibe como propia la mano biónica que tiene acoplada al cerebro y distingue qué dedo le están tocando. Por primera vez en la historia la tecnología ha devuelto el tacto a un humano.

“La mayoría de las veces siento los dedos con extrema precisión. Es una sensación muy extraña. Unas veces es eléctrica y otras de presión”, explica el joven de 28 años. “Sentir el tacto será genial para la gente con mi condición o con amputaciones. Tocar algo y saber si es duro o blando, coger el café y que no se te caiga”, asegura.

Es una sensación muy extraña, unas veces es eléctrica y otras de presión»

Para lograr esta hazaña, los científicos de la Universidad de Pittsburgh implantaron la primavera pasada a Nathan unos electrodos en la zona de la corteza somatosensorial vinculada con el movimiento de las manos y el tacto. Estos chips están conectados a un ordenador que amplifica la información que genera esa zona del cerebro, la interpreta y la traduce en comandos que envía al brazo robótico. Así, con solo pensarlo el paciente puede mover la prótesis. También funciona en la otra dirección, la prótesis envía señales al cerebro y así el paciente siente. Esta última modalidad es la gran novedad.

“Al principio no sentía nada. Estimulábamos la zona del cerebro con los electrodos y no pasaba nada. Durante un mes estuvimos bastante nerviosos”, reconoce el ingeniero biomédico Robert Gaunt, coordinador de la investigación. Un mes más tarde sucedió. Nathan, cauto y sorprendido, dijo: “Creo que estoy sintiendo algo”.

Desde entonces durante varios meses estuvo entrenando tres días a la semana en sesiones de cuatro horas. Estos ensayos sirven para pulir el sistema de traducción de señales. Los informáticos ajustan su programa a la manera de pensar del paciente. Hoy Nathan acierta con los ojos vendados el 84% de las veces qué dedo están tocando a la prótesis a la que está conectado.

Los investigadores han comprobado que puede recuperar las sensaciones de calor y presión

Los investigadores también han comprobado que puede recuperar las sensaciones de calor y presión en la palma de la mano con estimulación eléctrica de esas áreas del cerebro. En el experimento, que ha durado seis meses, describió el 93% de los estímulos como sensaciones naturales, muy fieles a la realidad.

Devolver el tacto a los pacientes con parálisis es uno de los grandes retos de los científicos especialistas en neuroprótesis. En esta última década el desarrollo de prótesis biónicas ha experimentado un salto espectacular. En 2012 dieron la vuelta al mundo otros logros de este equipo; las imágenes de Jan Scheuermann, con tetraplejia por una enfermedad neurodegenerativa, mordiendo una tableta de chocolate que se acercaba moviendo con su mente una mano biónica. O Tim Hemmes, paralizado por un accidente de moto, dando la mano artificial a su novia. Hoy los dedos de Nathan han iniciado el camino hacia la prótesis sensitiva.