A todos nos interesa el futuro. Es el lugar donde, en el mejor de los casos, pasaremos el resto de nuestra vida. Y a cualquiera que tenga curiosidad por lo que nos espera le convendría ver Black Mirror, la serie de Netflix que estrena este fin de semana la tercera temporada.

No, no es una distopía, por más que la crítica se empeñe en llamarla así. Está más basada en más hechos reales que los dramones supuestamente verídicos que nos tragamos después de comer.

Black Mirror muestra el lado oscuro de los miedos y las contradicciones que vivimos a diario. Es lo familiar que resulta todo lo que más miedo nos da. ¿Nos es ajena acaso la cansina pulsión por parecer todo el rato más guapos, mejores cocineros y más interesantes de lo que en realidad somos en las redes sociales? De distopía nada.

¿Cómo sería vivir en un mundo con un Tripadvisor de la gente que nos permitiera puntuar al resto del 1 al 5?

Nosedive, el primer capítulo de la tercera temporada, lleva al extremo esa tendencia. Es una sátira pero resulta desalentadoramente verosímil. La protagonista vive en una sociedad obsesionada por la puntuación online que los demás le puedan dar a través de una especie de Tripadvisor de la gente. Todo el mundo marca el número de estrellitas que le merecen las personas que se cruza. Y sólo unos pocos privilegiados tienen más de 4,5 sobre 5.

Son la élite que tiene acceso a los mejores trabajos (porque los empleadores miran la puntuación), les dan mejores créditos bancarios (¿cómo fiarse de alguien con menos de un 2?) y les invitan a las fiestas más estupendas (todos quieren caerles bien). Es como vivir atrapado para siempre en el pasillo de un instituto lleno de adolescentes desesperados por ser populares.

 

¿Ciencia ficción? En absoluto. Ya existe, de hecho, una app que permite a los usuarios dar su opinión sobre los demás. Se llama Peeple y claramente ha sido fuente de inspiración para este capítulo de Black Mirror.

Sólo los que tienen mejor reputación online tienen acceso a los mejores trabajos

– «Es sorprendente lo rápido que baja tu rating cuando empiezas a decir lo que piensas», dice uno de los personajes.

-«Todos estamos dentro, así es como funciona el mundo», responde la protagonista, resignada a cocinar platos fotogénicos para subir a las redes sociales que le ayuden a mejorar su puntuación.

Peeple, la versión de esta pesadilla del mundo real, también se diseñó para que cualquiera pudiera calificar al resto sin que mediara ningún permiso expreso. El revuelo social que se montó en EEUU y las leyes de protección de datos frenaron su lanzamiento tal y como fue concebida inicialmente. Ya hay en el mercado una versión descafeinada. Aunque de momento no parece que vaya a ir a más, la creciente relevancia (¿tiranía?) de la reputación online que vivimos es suficiente para que el argumento del capítulo dé escalofríos.

¿Cómo sería vivir en un mundo que nos permite puntuar a los demás del 1 al 5? ¿Qué pasaría si pudiéramos puntuar a los vecinos, los compañeros de trabajo y hasta a los ex, igual que estamos acostumbrados a hacer con los hoteles y restaurantes?

El desasosiego lo producen los ejemplos más cotidianos, como ver a la protagonista cocinar platos fotogénicos para sus redes sociales

No es que en la ficción la tecnología se vuelva de repente peligrosa porque haya habido un error en Matrix. Charlie Brooker, creador de la serie, no nos plantea un futuro paralelo en el que algo salió mal y los personajes sean malas personas haciendo algo inconcebible. Reconocemos el lado más negro del futuro en el agobio que generan a los personajes los ejemplos más cotidianos.

Por no tomar la precaución de tapar con un esparadrapo la cámara del ordenador, algo que los expertos en ciberseguridad nos recomiendan hacer a todos, el protagonista de Shut up and dance se ve inmerso en un terrible periplo. Que un hacker pueda grabarnos en la intimidad de nuestra habitación para chantajearnos luego no se lo inventa Brooker. Ya está aquí.

«No hay cura para internet, nunca desaparecerá. Es una puta maldición», dice uno de los personajes de este capítulo de la tercera temporada. Y lo dicen también los que reivindican el derecho al olvido en Google.

Y por eso Black Mirror es tan desasosegante. Porque los protagonistas suelen ser tipos corrientes que tratan de salir airosos de algún problema sobrevenido por cometer algún pecado venial. Tiene algo de Hitchcock tanto antihéroe de andar por casa.

Un chico que se masturba delante del ordenador, una chica que quiere aprovechar el discurso que da en una boda para ser más popular, una pareja un poco celosa que desconfía… La tecnología de última generación no es más que el macguffin para que avance la trama y poner nuestras obsesiones frente al espejo. Podíamos ser nosotros. Con el futuro en los talones.

 

¿Pero de verdad alguien cree que esto es ciencia ficción? Ese Tripadvisor de la gente no es el único ejemplo de las inquietantes tecnologías de la serie que ya están aquí o están a punto de hacerlo.

¿Te imaginas poder registrar en vídeo absolutamente todos tus recuerdos? Aún no tenemos en el iris los implantes biométricos que llevan los personajes del episodio Tu historia completa (de la primera temporada) capaces de grabar cualquier recuerdo en el disco duro mental y proyectarlo luego en una pantalla. Cualquier momento de su vida puede ser rebobinado. Pues bien, Snapchat empezará a comercializar este otoño sus Spectacles, unas gafas con cámara incorporada que permiten grabar y emitir en directo. No se insertan dentro del cuerpo, cierto, igual que los Airpods (cascos sin cables) del iPhone 7, pero suenan a caballo de Troya para habituarnos a los más que previsibles implantes que llevaremos en el futuro.

Gracias a Black Mirror ya no hace falta fantasear con ello. Sabes lo que pasa. Y no le quedan a uno muchas ganas de comprarse esas gafas.

¿Te imaginas poder registrar en vídeo todos tus recuerdos? Snapchat ya tiene gafas con cámara incorporada

En Ahora mismo vuelvo, de la segunda temporada (2013), la serie plantea un futuro en el que hay una especie de app de la vida eterna. La protagonista encarga una réplica de su marido fallecido y gracias a toda la información suya disponible en internet. El replicante no sólo tiene su apariencia, también es capaz de hablar y responder tal y cómo él lo haría.

Una versión menos tétrica de esto ya la está desarrollando el departamento de Inteligencia Artificial de la Universidad de Leeds, que planea devolver a la vida a través de hologramas a los actores de series exitosas que dejaron de rodarse. Según The Guardian, el primero de los personajes digitales será Joey Tribbiani de Friends. La técnica ya permite recrear escenas totalmente nuevas con su voz y el tipo de frase que previsiblemente dirían. De momento ya está aquí para resucitar personajes de ficción. De momento.

Y si tras ver aquel capítulo de Black Mirror a alguien todavía le quedan ganas de aventurarse en algo para sobrellevar mejor la pérdida de un ser querido ya existen empresas como Eterni.me  que crean a medida un avatar virtual post mortem.

Ya hay empresas que ofrecen recrear a medida un avatar post mortem para una vida eterna virtual

Pero no sólo es premonitorio en tecnología. De todas las predicciones de la serie, la más surrealista es sin duda que haya llegado a las noticias de verdad el planteamiento del primer capítulo de la serie, El himno nacional, estrenado hace cinco años, en la que un primer ministro británico mantenía relaciones sexuales con un cerdo. En septiembre de 2015, a las redes sociales saltó en Reino Unido el escándalo #piggate, cuando el diario británico Daily Mail llevó a su portada, basándose en detalles escabrosos de una biografía no autorizada sobre David Cameron, firmada por su enemigo político Lord Ashcroft, que el ex primer ministro británico “puso una parte privada de su anatomía en la boca de un cerdo muerto”.

«Mierda. Ahora resulta que Black Mirror es una serie documental», tuiteó Charles Brooker al ver el Daily Mail. A continuación escribió otro tuit aclaratorio dada la controversia: “Sólo para aclararlo: no, nunca había oído nada sobre Cameron y un cerdo cuando me inventé esta historia. Así que esto me sorprende”.

Ficción y realidad comparten una misma reflexión:  ¿Hasta qué punto condicionan los dimes y diretes de Facebook y Twitter las decisiones políticas?

 

 

La tercera temporada reúne seis episodios independientes, cada uno con actores y tramas  propios. Se diferencia de los seis episodios anteriores en que este año cada uno toca un género distinto. Pero ya sea la ciencia ficción, el thriller policíaco, el terror o el drama romántico, todos los capítulos tienen un hilo conductor que les une.

No es el futuro lo que nos obliga a replantearnos, sino qué estamos haciendo con el presente

“Es una serie sobre personas y la tecnología como trasfondo. Empiezas a sentirte en un territorio conocido y rápidamente te darás cuenta de que no sabes dónde demonios estás”, confiesa Charles Brooker. El hilo conductor que comparten todas las entregas es el lado oscuro del futuro. No hace falta estar interesado en las últimas tecnologías para ver Black Mirror, basta con querer saber más de uno mismo. Porque lo que nos obliga a replantearnos es qué estamos haciendo con el presente.