Son dos las cepas predominantes de gripe grave hoy en día. Afectan sobre todo a aves pero tienen la capacidad de contagiar a humanos. Emergieron de los corrales chinos hace menos de una década y volaron hasta infectar a personas de todos los continentes. Son los virus H5N1 y H7N9. Los científicos han averiguado que la fecha de nacimiento determina que unas personas estén inmunizadas frente a una de las cepas y sean vulnerables a la otra. Los nacidos antes de 1968 están protegidos frente a la primera. Los que nacieron después, combaten con soltura la segunda.

Más que la fecha de nacimiento, lo que determina la fortaleza frente a un virus u otro es la primera gripe que uno ha padecido en su vida. “Esta huella de la niñez proporciona una fuerte protección frente a las infecciones severas y mortales de las dos cepas de gripe aviar mayoritarias”, asegura el biólogo evolutivo James Lloyd-Smith, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), uno de los científicos que ha participado en este hallazgo.

Por eso los científicos observaron tras analizar los 1400 casos de H5N1 y H7N9 conocidos que se han producido en el mundo que la última afecta más a los mayores mientras que los niños y adultos jóvenes sufren más infecciones por H5N1. Han averiguado que la primera gripe de nuestra vida produce un efecto en el sistema inmunológico insólito. Hasta ahora se creía que la exposición a un virus de la gripe no proporcionaba inmunidad frente a nuevos virus que por primera vez dan el salto del animal al humano.

La explicación tiene que ver con un suceso histórico. En 1968 se extendió por el planeta la gripe de Hong Kong (H3N2), que dejó 1 millón de muertos, unos 8.400 en España, y borró del mapa las cepas que abundaban antes. La primera vez que los niños nacidos tras esa fecha contraían gripe, lo hacían con esa cepa o una versión derivada ligeramente distinta desde el punto de vista genético. Estos niños quedaban protegidos de por vida frente a esta gripe y sus posteriores versiones. Entre las cepas parecidas a la de Hong Kong figura la H7N9.

La mayoría de los casos se han producido en Asia y Oriente medio. Esa zona del mundo es el principal reservorio de gripe. Allí el hacinamiento entre personas es habitual y es muy común convivir con aves. La gripe que afecta a los humanos proviene de estos animales que sirven a la naturaleza de coctelera para crear nuevos virus. Las aves se infectan con varias cepas de manera simultánea e intercambian segmentos de ADN. Así puede nacer un nuevo virus con características distintas a las habituales. Luego, las aves migran y dispersan la enfermedad por distintos puntos del globo. Si el nuevo virus se contagia entre humanos, la diseminamos con rapidez gracias a los desplazamientos en avión.

Las dos gripes aviares estudiadas están en el punto de mira de los expertos en salud pública porque la tasa de letalidad de las infecciones humanas por esos virus es mucho mayor que la de la gripe estacional. Preocupan porque tienen la capacidad, aunque limitada, de contagiarse de persona a persona, lo que aumenta la posibilidad de que protagonicen una pandemia. Cabe la posibilidad de que sufran cambios que los hagan más transmisibles entre los humanos.

Los pasajeros viajan en el metro con mascarilla para evitar el contagio de la gripe.

Los pasajeros viajan en el metro con mascarilla para evitar el contagio de la gripe.

A lo largo del siglo XX se han producido tres grandes pandemias gripales muy letales. Una es la ‘gripe española’ (H1N1), que infectó entre 1918 y 1920 a la tercera parte de la población mundial y mató a 40 millones de personas. Los científicos creen que el mecanismo recién descubierto podría explicar porqué esta gripe mataba más a jóvenes que a mayores. También fue muy virulenta la ‘gripe asiática’ (H2N2) de 1957, que causó 2 millones de muertes, y la mencionada ‘gripe de Hong Kong’ (H3N2) en 1968, con 1 millón de muertos.

La gripe estacional que golpea en Navidad

La gripe común produce unas 5000 muertes cada año en España. La producen tres o cuatro virus parecidos que circulan de manera simultánea cada año y persisten décadas, con ligeras variaciones en su genoma. Cada cierto tiempo aparece un virus con mutaciones más acusadas que afectan con más virulencia al infectado. Es el caso de la gripe A (H1N1) que apareció en 2009, despertó profunda preocupación en la población y los epidemiólogos, pero poco a poco nuestro organismo ha normalizado y combate adecuadamente.

El pico suele empezar a finales de diciembre y se prolonga hasta febrero o marzo. Aunque la gripe está presente todo el año, en esas fechas, sobre todo las navideñas, se multiplican los casos porque se dan las condiciones ideales que favorecen el contagio. Solemos permanecer más tiempo compartiendo espacio en lugares cerrados con escasa ventilación. Así, las posibilidades de contagio aumentan.

La baja humedad y temperatura favorece la transmisión puesto que en estas condiciones el virus puede vivir más tiempo fuera de un individuo, entre 24 y 48 horas. El virus de la gripe entra en nuestro organismo a través de las mucosas, como la presente en los ojos, la boca o la nariz. Si algún infectado estornuda y salpica en alguna de estas zonas puede contagiar. También si tocamos alguna superficie donde esté el virus y a continuación nos frotamos un ojo, chupamos los dedos o metemos uno en la nariz. Los pomos de las puertas, los botones del ascensor, las barras de los autobuses son lugares donde pueden reposar los virus. Por eso para evitar el contagio hay que lavarse las manos tras tocar superficies de uso común y evitar tocarnos las mucosas.