Los replicantes de Blade Runner, aquellos humanos artificiales que creó Philip K. Dick y que Ridley Scott inmortalizó para el cine andaban amotinados en 2019 en una hipotética ciudad de Los Ángeles. Estamos a dos años de alcanzar la fecha y la idea de que los robots repliquen al ser humano en ciertos procesos no es futuro. En 2016 es el presente.

De hecho, The Washington Post, diario propiedad de Jeff Bezos, fundador de Amazon, durante los pasados Juegos Olímpicos de Río de Janeiro dejó en manos de un robot parte de las informaciones deportivas.

«No estamos tratando de reemplazar a los periodistas», dijo Jeremy Gilbert, encargado de dirigir los proyectos digitales del diario. “Solo buscamos liberarlos de tareas mecánicas”, añadió. Bautizado como Heliograf y desarrollado en las paredes del Washington Post, este avanzado software de inteligencia artificial tiene la capacidad de analizar en segundos millones de datos desprendidos de los resultados de las competencias deportivas, para interpretarlos y convertirlos así en noticias.

Está claro que nadie es insustituible y la automatización o robotización de determinados procesos de las empresas ya no es una predicción. Sin embargo, el reto que se presenta es complejo, puesto que conseguir el trabajo conjunto de personas y robots implica un cambio profundo de mentalidad y de forma de trabajar. Si se consigue combinar de manera óptima las ventajas de la automatización vía robótica, con la creatividad y la energía de personas motivadas por conseguir su máximo potencial, el beneficio es enorme. Es una realidad que se está aplicando actualmente en muchas empresas y se puede augurar un rápido crecimiento ya no en los próximos años, si no en los próximos meses.

Chaplin en una escena de ‘Tiempos Modernos’.

Inevitablemente el debate está abierto. A priori, la idea de que las máquinas sustituyan al ser humano, el desconocimiento de su potencial, da miedo. ¿Se van a apoderar los robots de trabajos que hoy en día realiza el ser humano? Nos encontramos ante una constante en la evolución. En su día, las máquinas se adueñaron del campo, lo que provocó un aumento de la producción y el trasladó la mano de obra a las fábricas. Más tarde, las fábricas se automatizaron y donde se necesitaban cuatro operarios ya sólo hacía falta uno o ninguno. Hoy por hoy, estamos inmersos en otra revolución, la cibernética.

El debate abierto alrededor de las tecnologías de RPA (Robotic Process Automation) y cognitivas, particularmente sobre el impacto de la sustitución de empleados humanos por robots genera inquietud y abre la puerta a especulaciones extremas. Sin embargo, tanto las empresas como los empleados tienen mucho que ganar con esta tendencia.

Con la robotización las compañías y las personas ganan potencial para realizar actividades nuevas

Como comenta Belén Díaz, socia de Función Financiera y responsable de RPA de KPMG, con la robotización de procesos “las compañías y las personas ganan en potencial de realizar actividades nuevas y de más valor que actualmente no se hacen por falta de recursos y dedicación a las tareas más rutinarias y operativas”. En este sentido, el desarrollo de la tecnología y la robótica bien implementada pueden “ayudar a que los profesionales dediquen más tiempo a iniciativas de más valor para la organización o con un mayor componente de innovación”, añade.

Las empresas, por su parte, encuentran ante sí una enorme oportunidad para optimizar procesos y obtener ventaja competitiva impulsando y complementando la inteligencia humana. Se calcula que los ahorros de una función digital son entre tres y diez veces superiores al  coste de automatización del proceso. Según describe KPMG, es razonable señalar que las máquinas ofrecen ventajas en términos operativos a muchos niveles.  Trabajan de forma continuada, responden al instante y a velocidad digital a las variaciones en las cargas de trabajo y dejan un rastro perfectamente auditable y documentado de todas sus acciones y los resultados que se obtienen con ellas.

No obstante, no hay que olvidar que son máquinas y están configuradas por personas para responder a determinados problemas de la misma manera en todas las ocasiones. Los robots de software hacen lo que se les pide, no cometen errores en este sentido. No obstante, un error de configuración o mantenimiento pueden traducirse en fallos  capaces de generar daños a gran velocidad.

A pesar de todo y asumiendo que las ventajas de la automatización superan con creces a los riesgos, como explica Belén Díaz, “el gran reto en estos momentos no es el plano tecnológico, sino considerarlo como parte de un proceso de transformación, donde una adecuada  estrategia de comunicación, gestión del cambio e integración efectiva de esta nueva operativa en los equipos de trabajo será clave para la implantación exitosa y con escalabilidad”.


Este contenido ha sido elaborado con la colaboración de KPMG