Los neandertales usaban las plantas como medicinas. Si tenían una digestión pesada tomaban manzanilla. Para aliviar sus dolores y frenar la fiebre masticaban hojas de álamo, rico en compuestos típicos de la aspirina. Para comer recolectaban piñones, corteza y musgo. Tanto valoraban las plantas que algunos eran vegetarianos. Lo ha descubierto un equipo de científicos tras analizar dientes hallados en la cueva de El Sidrón, en Asturias, uno de los yacimientos más fructíferos del mundo.

Para averiguarlo los especialistas han analizado el material genético preservado en el sarro de dientes de hace 48.000 años. Han recuperado los restos siguiendo un severo protocolo para evitar la contaminación de las muestras con el ADN de los propios científicos. Los dientes analizados formaban parte de la dentadura de una mujer adulta, de la que tan solo se sabe que era diestra, y de un varón. Este último es un viejo conocido de los investigadores. Se dedicaba a retocar los filos de las herramientas de piedra con la boca.

El pulidor de herramientas estaba enfermo y tomaba medicinas. «Hemos descubierto que el sarro conservado en sus dientes contenía secuencias del patógeno Enterocytozoon bieneusi que, en humanos, causa problemas gastrointestinales, incluidas fuertes diarreas. Además, gracias a un agujero en su mandíbula sabemos que tenía un absceso dental. Ambos problemas debían producirle intensos dolores», explica el investigador Antonio Rosas, del Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC, que presenta el estudio detallado de los hallazgos en la revista Nature.

Mandíbula superior de un neandertal de El Sidrón

Mandíbula superior de un neandertal de El Sidrón MNCN-CSIC

“Tenemos pruebas de que este neandertal se medicaba”, asegura Rosas. Su sarro contiene restos de ADN de hongo Penicillium, un antibiótico natural, y álamo, un árbol cuya corteza, raíces y hojas contienen ácido salicílico, que actúa como analgésico. «Es muy sorprendente que usaran antibiótico 40.000 años antes de que descubriéramos la penicilina», dice Laura Weyrich, de la Universidad de Adelaida, en Australia, que ha dirigido la investigación.

«No hay duda de que los neandertales analizados se trataban los trastornos estomacales; también se demuestra una vez más que tenían un comprensión detallada de su entorno y eran capaces de utilizar las plantas de manera muy diversa», explica Karen Hardy, investigadora ICREA en la Universidad Autónoma de Barcelona. Conocían bien la vegetación del entorno que les rodeaba, paseaban por el campo y recogían florecillas que se llevaban al campamento o comían allí mismo para atenuar su malestar.

En investigaciones anteriores con neandertales de El Sidrón descubrieron, gracias a moléculas y microfósiles en los dientes, que tomaban plantas como la manzanilla y aquilea. Esta hierba sienta bien en infusión para evitar las náuseas y los vómitos. Masticada les aliviaría posibles indigestiones o infecciones gastrointestinales. La manzanilla les ayudaría a sobrellevar los gases y las digestiones pesadas.

Ambas hierbas tienen sabor amargo; los científicos creen que las comían porque les compensaba por los efectos que tenían después sobre su organismo. Como nos pasa hoy en día con muchos jarabes y medicinas que saben mal.

En cuanto a la dieta a base de vegetales, «nos ha sorprendido no encontrar restos de carne en los neandertales asturianos, ya que se les considera predominantemente carnívoros. Alguna de esas plantas podría haber sido cocinada para su consumo», señala Rosas. Nunca antes habían observado un comportamiento estrictamente vegetariano en estos seres del pasado que vivieron durante 270.000 años ocupando territorios desde Siberia hasta Iberia. El hallazgo es un fotograma de una película muy larga.

Piñones, musgo y setas, el menú vegetariano neandertal Andres Diaz/CSIC

La dieta de los neandertales era diversa en el sur de Europa, mientras que en el norte eran superdepredadores. En el yacimiento Spy II de Bélgica, los dientes hallados de los neandertales contenían restos de carne de rinocerontes y muflones. Además, junto a sus restos se han encontrado fósiles de grandes herbívoros. En el sur hay constancia de que se alimentaban con vegetales, conejos, tortugas y huevos de avestruz, entre otros. En Gibraltar, el último reducto de los neandertales antes de su extinción hace 28.000 años, se han hallado restos de herramientas con las que despedazaban las focas y útiles para recolectar marisco. Hay también restos de delfines, que probablemente no cazaban, sino que aprovechaban su carne cuando quedaban varados.

La cueva de El Sidrón, ubicada en Piloña, ha proporcionado la mejor colección de neandertales de la Península Ibérica. El yacimiento fue descubierto en 1994 y desde entonces se han recuperado de un pequeño espacio alrededor de 2.500 restos óseos de al menos 13 individuos de ambos sexos y diferentes edades. Allí habitaron y guisaron hace 50.000 años.