Durante los últimos días los coches voladores de Uber han acaparado muchos titulares. Según ha informado la propia compañía estadounidense en una conferencia por todo lo alto, las pruebas para tenerlos disponibles en el año 2020 ya están marcha en Dubai y en el norte de Texas, en Estados Unidos. En cualquier caso, no son coches voladores. Ni lo serán.

Por mucho que algunos medios de comunicación o los propios fabricantes se empeñen, no son coches voladores. Apenas existen un par de ejemplos concretos que puedan responder a esa descripción de manera más o menos fiel, y desde luego entre ellos no están los de Uber.

Lo que está probando la aplicación californiana es un vehículo de despegue y aterrizaje vertical, llamado así por las siglas VTOL (En inglés, Vertical take-off and landing vehicle). Son, basicamente, pequeños helicópteros con una escueta cabina para los pasajeros que despegan gracias al impulso de unas hélices que casi podrían ser las de un dron. De hecho, ese sería un nombre más adecuado.

“Odio eso de coche volador”. Esas palabras han salido de la boca de Mark Moore, un ingeniero de la NASA que fichó por Uber para ayudar a impulsar la fabricación de estos vehículos. “No se conduce nada. Son pequeñas avionetas, sólo de un tamaño algo inferior”, ha dicho.

El coche volador de Uber.

El prototipo de taxi volador de Uber. UBER

El prototipo de coche volador de Uber, que está en la imagen, es imposible de conducir. ¿Cómo se podría conducir eso? Por lo tanto, la propia nomenclatura no es la apropiada. Son simplemente pequeñas avionetas, que casi se asemejan más a las posibilidades que ya ofrece un helicóptero o un autogiro.

El VTOL de Uber es eléctrico y no tiene emisiones, lo que haría relativamente fácil que pudiera sobrevolar una ciudad. Los cerebros de la compañía de capital privado más grande del mundo ya tienen incluso un plan de tarifas: 1,32 dólares por milla y pasajero, poco más de 1,2 euros por milla. Es algo más de lo que ya cuesta utilizar el servicio UberX que hay en ciudades como Madrid. Otro de sus problemas es que necesita de un piloto, por mucho que a largo plazo el plan de la empresa dicte que deberían ser autónomos.

Un verdadero coche volador

Un ejemplo de un vehículo que sí podría recibir el calificativo de coche volador lo acaba de presentar AeroMobile, una empresa eslovaca, en el Top Marques de Mónaco, uno de los eventos más exclusivos del sector.

Allí se desveló el diseño de un coche que, según los ingenieros de la propia compañía europea, puede circular por carretera y además surcar el aire. Para pasar del asfalto a los cielos apenas se necesitan tres minutos, lo que tardan las alas en acoplarse o en desplegarse de la carrocería, según sea el modo que el conductor quiera activar. La autonomía permite al improvisado piloto viajar hasta 750 kilómetros.

AeroMobile ha informado de que, de aquí a 2020, planea construir 500 de estos vehículos voladores, que saldrán a la venta por un precio de 1,2 y 1,5 millones de euros. Ya están aceptando las primeras reservas, así que cualquiera con un bolsillo bien profundo puede hacerse con uno de ellos. Eso sí, primero tendrán que sacarse la licencia de vuelo.

El otro actor que podría apuntarse un tanto similar es Terrafugia, un proyecto iniciado por estudiantes de ingeniería aeronáutica del MIT estadounidense. Es una empresa con sede en Woburn, Massachusetts, que lleva más de una década trabajando en el desarrollo de esta tecnología.

Las proyecciones que ha realizado la compañía dicen que su vehículo podría viajar a más de 250 kilómetros por hora con autonomía de más de 800 kilómetros. Por supuesto, y muy en la línea del resto de empresas implicadas en el desarrollo de esta tecnología, está muy lejos de materializarse: las mejores previsiones dicen que no estará en el mercado hasta 2025. Lo cierto es que puede que este sea el plazo más lejano en el tiempo, pero a la vez el más realista.

El vehículo de Terrafugia, en tierra.

Proyección de cómo sería el coche volador de Terrafugia. TERRAFUGIA

Pese a que se están dando pasos en la dirección correcta, quedan muchos años antes de que haya un coche que surque el cielo. Lo cierto es que ya no son unas pocas start ups o ciertos proyectos universitarios los que están investigando para conseguirlo, es que se ha metido en la pomada Uber, una empresa valorada en más de 62.000 millones de dólares, casi 57.000 millones de euros.

El objetivo de todos ellos parece ser el año 2020, cuando la Exposición Universal se instale en Dubai. Las autoridades del país árabe van a poner todo el esfuerzo económico que haga falta para que, cuando el mundo esté mirando, puedan demostrar que están a la cabeza de la tecnología mundial. Por dinero no va a ser.