Iberia contaminada lumínicamente

Iberia contaminada lumínicamente NASA

Ciencia y Vida

El boom de las farolas que amenazan los cielos

Las luces led blancas se van imponiendo. Tienen ventajas pero nos impiden ver más estrellas que las lámparas naranjas.

“El mundo está cambiando de color”. Quien así habla es el astrónomo Alejandro Sánchez, del Instituto Astrofísica Andalucía (IAA-CSIC). “Por la noche, estamos pasando de un color naranja a un color más blanco“, cuenta preocupado a El Independiente este investigador que, junto con sus compañeros de la Asociación Cel Fosc llevan desde 1996 luchando por “contra la contaminación lumínica de la luz artificial”. La tecnología led que se está adoptando ahora en muchas ciudades puede permitir un ahorro en la factura, “pero no ayuda”.

Sánchez es impulsor, junto a científicos de la Universidad Complutense, del proyecto Cities at Night. Un programa para analizar las imágenes de la Estación Espacial Internacional (ISS) y recopilar datos de astrónomos aficionados para medir la calidad del cielo nocturno.

España es el país de la Unión Europea que más gasta en iluminar su noche con lámparas. Según datos del Atlas de Contaminación Lumínica, a nivel internacional, está en el puesto 18 de los estados con los cielos nocturnos más brillantes. Nuestros horarios y ritmos, con más vida en la calle que otros del continente, nos han llevado a tener luminarias por todos lados. Eso tiene una consecuencia: “Cada vez vemos menos estrellas”. Sobre todo con globos que apuntan sus rayos hacia todas las direcciones, incluido el cielo.

En este videorreportaje, te explicamos por qué los ledes blancos nos hacen ver menos estrellas y viajamos a Extremadura a conocer algunos de los cielos más limpios de Europa

 

Sin embargo, cuando parecía que las normativas y el sentido común empezaban a sembrar de farolas orientadas hacia abajo y bombillas eficientes nuestras ciudades… llegó el led blanco. “El blanco-azulado contamina mucho más los cielos”, sentencia este astrónomo basándose en lo datos de su proyecto y en una series de principios físicos.

Estamos acostumbrados a iluminarnos con fuego, gas y farolas naranjas. Ahora estamos volviendo al blanco

“Hasta hace 100 años iluminábamos con el fuego, luego con el gas”, rememora Sánchez. Pero tras la segunda mitad del siglo XX se pasó a las farolas blancas. “No estamos acostumbrados a ese color mucho más frío, que es el que tenemos durante el día”. Es cierto, sin embargo, que la luz blanca reproduce mejor los colores por lo que puede ser “adecuada para zonas comerciales”, pero “no tiene sentido en ámbito residencial o encontrársela antes de ir a dormir”.

Farola clásica de vapor de sodio

Farola clásica de vapor de sodio E.I.

A principios de los ochenta, sin embargo, empezó a imponerse la noche naranja. Lámparas de vapor de sodio a baja presión a las que nos hemos habituado. No fue un cambio arbitrario. “Las antiguas luces blancas [hechas de vapor de mercurio halogenado] eran perjudiciales para el medio ambiente, consumían muche energía, casi no se fundían, pero cada 5 años iluminaban la mitad, Además emiten mucho en el [rango] ultravioleta”, comenta este físico.

Sin embargo, el naranja que ha reinado en la noche durante los últimos 30 años, empieza a sustituirse por lámparas led de color blanco-azulado. Un led no tiene gas ni filamento. “Un led blanco es un led azul (este invento se llevó el Nobel en 2014) al que se añade una capa de fósforo que reemite en el blanco (es decir, todos los colores sumados). Y sigue emitiendo una parte muy importante de luz azul. Pasa también con el xenon, que es más deslumbrante”. Ahí está el problema para las estrellas.

¿Por qué el cielo diurno es azul? ¿Por qué ‘mata’ estrellas?

Un poco de física: los colores que vemos no son más que fracciones del espectro electromagnético, radiaciones como las microondas, los infrarrojos del mando a distancia o los rayos X. La diferencia es que determinadas frecuencias (espacios entre picos y valles de una onda) se pueden ver.

Milán y Madrid desde la ISS

Milán y Madrid desde la ISS NASA

El rojo tiene una onda larga. Su tamaño hace menos probable que choque con partículas del tamaño de un fotón o menores. Sin embargo, el azul, más energético y con una onda más corta, puede rebotar con estas pequeñísimas partículas con más facilidad. Digamos que el rayo de luz azul se dispersa. Es el conocido como Efecto Rayleigh, el mismo que explica por qué el cielo es azul por el día y rojizo al atardecer.

La luz azulada mancha más fácilmente los cielos nocturnos, tal como prentende demostrar Sánchez con imágenes tomadas desde el espacio y la combinación de datos de centenares de astrónomos aficionados que registran cuántas estrellas son capaces de ver en una región celeste con una y otra iluminación rebotada.

Extremadura, el negocio de ser reserva de cielos limpios

Si hay una región que lo ha visto claro es Extremadura. A falta (y gracias a ello) de gran industria y de densidad de población (apenas 26 habitantes por km2), “tiene dehesa, uno de los mejores entornos para ver cielos oscuros”, señala el Director General de Turismo de la Junta Francisco Martín Simón. Dispuestos a explotar el astroturismo, La Junta ha desarrollado la llamada Estrategia de la noche que pretende convertir la región en un referente del astroturismo.

Siguen la estela de otros puntos oscuros. El turismo de las estrellas atrae a más de 200.000 turistas cada años en Tenerife y unos de 430.000 en Chile.

La Vía Láctea en el Parque de Monfragüe

La Vía Láctea en el Parque de Monfragüe J.C. Casado

Con más de 200 días al año sin nubes, en pleno Parque Nacional de Monfragüe cuenta con certificación Starlight de cielo limpio. Allí acaban de estrenar un sistema de mirador nocturno que marca las constelaciones observables desde ese punto sobre una piedra que se ilumina a determinadas horas de la noche. Es el único punto de luz. No hay ni puede haber ninguna otra farola.

“Hemos tenido que convencer a los municipios de la importancia de que adapten y minimicen su iluminación”, señala el Carlos J. Rodríguez, Jefe de Gabinete del presidente de Extremadura. “Se trata de que puedan también sacar un provecho económico y para el empleo”.

Al calor de las noches oscuras, el sector turístico se pone las pilas. Desde las hospederías públicas y la hostelería privada, a granjas de telescopios donde se puede alquilar una pequeño espacio para plantar un miniobservatorio. En Entre encinas y estrellas, por ejemplo, se pueden ver las los cielos a distancia, conectándose por ordenador remotamente desde cualquier lugar del mundo. Su responsable, el también astrofotógrafo José Luis Quiñones, acoge telescopios de todo el mundo. “Hay gente que viene de Madrid donde ves ni treinta estrellas. Aquí se quedan impresionados porque ves miles”, explica.

Pedimos un estudio global del impacto producido por la reciente sustitución del 40% del alumbrado público de Madrid

Y es que no es fácil ver un cielo limpio. Se calcula que casi un 90% de los europeos nunca ha observado la Vía Láctea a simple vista. Los astrónomos claman al cielo. Y demandan a las instituciones que no corran –aún resuena el escándalo del caso Imelsa y la famosa bombilla led milagrosa–. Sánchez pide a las administraciones que, si van a hacer cambios en la iluminación, “compren siempre lo mejor”. Su asociación, junto a otros 14 colectivos, entre los que destaca la SEA o Ecologistas en Acción-M, han pedido al Ayuntamiento de Madrid que se repiense la sustitución del alumbrado de la capital por ledes. Acutalmente, el 40% de las luminarias ha sido reemplazado.

Madrid, desde los Pirineos

Madrid, desde los Pirineos Fernando Jauregui

Madrid, desde los Pirineos

¿Es posible ver Madrid desde los Pirineos? Lumínicamente, sí. La enorme cantidad de luz que devuelve la capital puede ser captada a cientos de kilómetros, rebotada por la atmósfera. El astrónomo del Planetario de Pamplona Fernando Jáuregui, repsidente de Cel Fosc, hizo una fotografía, con una exposición de 30 segundos en Belagua, en Navarra. Mandó los resultados a analizar, porque no se podía creer de dónde venía esa luz. La única conclusión posible es que tenía que ser la luz rebotada en el cielo de Madrid y su Corredor del Henares.

En 2011 el Consejo de Ministros aprobó un plan de 30 millones de euros para la sustitución de más de 120.000 puntos de luz por farolas más eficientes. Se apostó por la tecnología led. Tecnología blanca, porque aunque “pueden ser de cualquier color (hay bombillas cálidas led en cualquier ferretería), la máxima eficacia [del color ámbar-led] es de unos 100 a 135 lúmenes por vatio, frente a los 150 del blanco-azulado”. O sea, que para la calle, no compensaría.

En realidad, la eficiencia y eficacia es similar a la de las luces naranjas, aunque es cierto que el led presenta otras ventajas. “Son fácilmente direccionables”, por ejemplo y se puede aumentar o disminur su intensidad: “tenemos por primera vez la capacidad tecnológica de regular la cantidad de luz a demanda. Si hay más gente [pasando por una calle], subirla”, apostilla Sánchez. Aunque queda mucho por probar e investigar, lejos de ser un enemigo, “bien empleado”, el led puede ser un aliado de las estrellas.

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