Oliver Ibáñez está convencido de que la tierra es plana, y no es el único. Este youtuber español cree, por si fuera poco, que Leon Foucault no tenía ni idea cuando formuló su teoría de la rotación terrestre y, además, da por hecho que Loterías y Apuestas del Estado manda mensajes ocultos en los anuncios del Gordo o que Michelle Obama es en realidad un hombre.

En una serie de vídeos para sus, ahora, más de 92.000 suscriptores en YouTube, Ibáñez desgrana las claves de por qué considera que si uno arranca a correr llegará un momento en el que se caerá por una suerte de abismo cósmico infinito.

La culpa, considera, de que esté mundialmente extendida la creencia de la orondez de la Tierra la tienen a partes iguales la NASA, el sistema educativo y los medios de comunicación, no faltaba más. «Nos han hecho creer que la Tierra es una esfera giratoria que viaja a enormes velocidades por el espacio exterior», dice Ibáñez, que además añade que «todos los experimentos científicos que se han realizado para detectar el movimiento y curvatura de la Tierra han determinado que nuestro mundo es un plano totalmente inmóvil».

Pioneros espaciales

Aristóteles, en contraposición a Ibáñez, no tenía una conexión ADSL, pero sí que puede presumir de más seguidores a lo largo de los años. Ya en el siglo III el sabio de Estagira observó que en los eclipses de Luna la sombra de la tierra arrojada sobre el satélite era circular y que en el horizonte marino lo primero que se ve de un barco es el mástil.

No estaba mal tirada, aunque pasaron algunos años hasta que Erastótenes afinó un poco la idea. En pleno solsticio de verano determinó que en Siena el Sol incidía perpendicular a la superficie, por lo que no había prácticamente sombra al mediodía. A la vez, en Alejandría, ciudad en la que terminaría por hallar la muerte, sí que había sombra en el mismo momento.

Eso significaba, dedujo, que los rayos formaban cierto ángulo y que debían estar incidiendo en una superficie redonda, y no plana. De haber sido así, los rayos hubieran incidido de forma similar ya que se consideran paralelos.

De Alejandría a Madrid

Oliver Ibáñez parece un hombre obstinado, convencido de sus ideas. Sólo así se comprende que, además de compartirlas, rebata las teorías demostradas y comprobadas empírica y científicamente a los más expertos en la materia.

Es cierto que Madrid no tiene, a priori, el regusto histórico de Alejandría o Estagira, pero a nivel de pioneros espaciales la cosa no tiene color. Madrileño es Pedro Duque, el primer astronauta -y el primer ministro- de nacionalidad española en viajar al espacio, ya que Miguel López-Alegría renunció a la ciudadanía para adoptar la bandera estadounidense.

El propio Duque se mostraba sorprendido de que hubiera gente «que se cree de verdad que la tierra sea plana» y aludía directamente a Ibáñez, si bien sin mencionarle.

Al youtuber no le hizo falta mucho para entrar al trapo y explicarle, a un astronauta, que «la gente se cree que la Tierra es plana porque así lo indica el método científico y la simple observación», afirmando además que «la Tierra bola está basada en teorías que jamás se han comprobado y en imágenes fraudulentas creadas por ordenador».

Ibáñez debe considerar que Pedro Duque, en sus dos excursiones espaciales, debía estar a sus cosas. Sólo así se comprende que considere que el astronauta madrileño está equivocado. Habría que explicarle que Duque se montó en el transbordador espacial Discovery en octubre de 1998 y no piso tierra firme hasta nueve días después. Cinco años más tarde embarcó en un Soyuz TMA y se tiró 10 días en la Estación Espacial Internacional realizando las labores propias de ingeniero de vuelo.

La Estación Espacial Internacional tiene muchas cosas chulas, un montón de instrumentos, dispositivos, terminales, cacharrejos, botones, palancas e interrumptores que hacen que suenen y brillen pantallas aquí y allá.

¿Más cosas buenas que tiene este refugio espacial? Ventanas. A través de ellas Duque, hombre curioso, pudo comprobar en sus 19 días sin gravedad como la tierra es una esfera achatada por los polos y que rota y se traslada que da gusto, dando origen a los días y las estaciones. Esto viene en los libros de Primaria o, si no son millenials, en los de EGB. Punto, set y partido.

Pruebas por satélite

La primera imagen satelital de la Tierra la captó el satélite estadounidense Explorer 6 en agosto de 1959, aunque hubo que esperar hasta 1972 para que pudiéramos ver una instantánea en color de la imagen que tenemos en la cabeza cuando hablamos de la Tierra.

El programa Landsat es el que se ha encargado de que hayamos podido ver en alta resolución la superficie terrestre. Lanzados por el gobierno norteamericano, estos satélites circulan en órbita heliosincrónica a 705 kilómetros de altura. El primero de ellos despegó en julio de 1972 y, desde febrero de 2013, la octava generación está dando vueltas sobre nuestras cabezas.

«Earth is flat»

No sabemos si tienen dudas de la teoría heliocéntrica del polaco Copérnico, si no se acaban de creer lo del péndulo de Foucault o si se plantean la condición transgénero de Michelle Obama, pero hay tres personajes públicos muy influyentes que se posicionan del lado de Ibáñez en la disputa sobre los límites terrestres.

«Earth is flat«. Esas fueron las palabras del Kyrie Irving durante el pasado All Star, celebrado en Nueva Orleans, cuando le cuestionaron por sus teorías astronómicas. Irving, actual base de los Boston Celtics y educado en el campus de la prestigiosa y elitista Duke, provocó una cascada de declaraciones, todas ellas meditadas y sensatas, en las que el ex pivot de Los Angeles Lakers, Shaquille O’Neal se preguntaba: «¿China está debajo de nosotros?» Él mismo se contestaba con un «no» para relatar que, por tanto, la tierra no puede ser redonda. «Yo voy de Los Angeles a Florida en coche y no veo ninguna curvatura», contaba sorprendido el dominante ex jugador.

«Yo puedo hacer montajes con la cámara de mi teléfono, así que no sé», respondió Draymond Green, alero de los Golden State Warriors y Mejor Defensor del año pasado, cuando se le preguntó su opinión.

Todos ellos defienden la teoría de que la tierra es plana, pero eso es muy fácil cuando uno tiene varias decenas de millones en el banco y llega a su mansión cada noche. La vida no es tan sencilla para Mike Hughes, que aspira a romper con las ideas copernicanas y a dejar por los suelos a Pedro Duque y a la mismísima NASA.

Hughes es un conductor de limusinas que, a sus 61 primaveras, se ha pasado los dos últimos años construyendo un cohete casero en su garaje. Lleva alrededor de 20.000 dólares invertidos en un proyecto que, espera, le ayude a dar en los morros a los que defienden a capa y espada la redondez de nuestro planeta montado en su transbordador. Con este transporte pretende elevarse lo suficiente para otear el horizonte y confirmar que todo lo que se ve es plano.

«No creo en la ciencia. Yo entiendo de aerodinámica, de dinámicas de fluidos y de cómo se comportan las cosas en el aire. Pero esto no es ciencia, sólo fórmulas. No hay diferencias entre la ciencia y la ciencia ficción», ha explicado Hughes.

Hace unos meses decidió llevar a la práctica sus propias palabras y se ha lanzado con su cohete. La gravedad, haciendo lo suyo, le ha devuelto rápidamente al suelo, aunque de forma más amable que en la anterior ocasión: en 2014 se pasó tres días en el hospital.