Ellas toman la píldora. Cada día. Son las responsables de evitar un embarazo no deseado. Ellos confían y se desentienden. En las parejas la responsabilidad casi siempre recae sobre las mujeres. Los tiempos están cambiando y ellos pronto tomarán el testigo de la anticoncepción a largo plazo más allá de la irreversible vasectomía. Desde hace una década la ciencia busca un anticonceptivo masculino que frene la producción de esperma temporalmente, como la píldora hace con los óvulos. La investigación ha dado sus frutos. Este año comienza el mayor ensayo clínico del mundo de un anticonceptivo hormonal masculino.

El estudio corre a cargo del Instituto Nacional estadounidense de Salud Infantil y Desarrollo Humano y la ONG Population Council. Participarán 420 parejas de Estados Unidos, Reino Unido, Italia, Suecia, Chile y Kenia. Durante unos 4 años ellos tendrán que aplicarse media cucharadita de un gel en la piel de los brazos y hombros cada día.

El gel contiene dos hormonas, progestina y testosterona, que evitan la producción de esperma con capacidad para fertilizar. La progestina (una versión sintética de la hormona progesterona natural) impide que los testículos produzcan la testosterona necesaria para fabricar esperma. La testosterona aportada a través del gel es suficiente para mantener los niveles habituales en la sangre, lo que reduce los posibles efectos secundarios derivados de su carencia, como la pérdida de masa muscular o la dificultad para tener una eyaculación.

Es un mecanismo muy parecido al de la píldora anticonceptiva para mujeres, que incluye progestina (que hace lo mismo, pero en los ovarios) y estrógenos (hormona, típica femenina, en lugar de testosterona, que es la masculina). «Como aún no se conoce una manera de administrar la testosterona vía oral lo hacemos vía transdermal», explica Diana Blithe, directora del programa de los NIH que está desarrollando el gel.

Durante los primeros 4 meses la mujer también tendrá que utilizar un método anticonceptivo. Pasado ese tiempo se estima que los espermatozoides habrán disminuido a menos de un millón por mililitro de esperma. “Con esa cantidad es muy improbable que se produzca un embarazo”, explica Javier Angulo, urólogo del Hospital de Getafe. “Hoy en día con 20 millones por mililitro podemos considerarlo normal. Cuando yo inicié Urología hace 30 años un valor menor de 40 millones por mililitro era por debajo de lo normal. Los cambios en el recuento se deben a la polución, la mala alimentación, el tabaco, alcohol…”, ilustra.

Una vez que el recuento de espermatozoides sea lo suficientemente bajo, las mujeres abandonarán sus métodos anticonceptivos. Entonces, las parejas usarán el gel anticonceptivo como única forma de control de la natalidad durante un año.

Atrofia testicular de los culturistas

La fórmula en gel está demostrando ser más segura que la inyectable. El anterior gran ensayo de un anticonceptivo hormonal masculino, de la Organización Mundial de las Salud y el Instituto de Salud Reproductiva CONRAD, consistió en dos inyecciones cada 2 meses al hombre, una de testosterona y otra con progestina. Consiguieron reducir al mínimo los espermatozoides, pero los efectos secundarios forzaron el fin del estudio. Los cambios de humor de gran parte de los participantes eran demasiado acusados, tenían acné, uno de ellos no recuperó la fertilidad y hubo algún caso de depresión grave con intento de suicidio.

“El exceso de testosterona provoca problemas vasculares, cambios de humor, dificultad para controlar los impulsos agresivos, aumenta el grosor de las cuerdas vocales y como consecuencia empeora la apnea del sueño y si se prolonga demasiado tiempo puede provocar atrofia testicular, como sucede con algunos culturistas”, explica Carlos Balmori, urólogo y Especialista en Medicina Sexual y reproductiva del IVI Madrid.

Con el gel la introducción de hormonas en el organismo es más gradual. Al no haber fluctuaciones severas, como las provocadas por las inyecciones, no se producen los efectos secundarios exagerados.

Si el ensayo con el gel sale bien, el fármaco tardaría como mínimo 5 años en ser aprobado por la FDA para ponerse a la venta al público. “El estudio está muy bien planteado. El efecto es reversible al dejar la medicación, al menos en lo que se refiere al recuento y a la motilidad. Aunque es posible que la morfología (el aspecto normal de los espermatozoides) podría no recuperarse igual de bien”, valora Angulo. Aún está por ver.

La responsabilidad de la anticoncepción debería ser compartida. Los efectos secundarios tendrían que distribuirse entre los dos miembros de la pareja.

Hoy en día los métodos anticonceptivos para hombre se reducen a la vasectomía, permanente, y los preservativos, que fallan en un 13% de las ocasiones. No hay un método reversible y de larga duración. Por eso el peso de la anticoncepción suele recaer sobre la mujer, que dispone de más métodos con esas características, como el DIU, la píldora, las inyecciones de hormonas cada tres meses o el anillo vaginal mensual. El 64% de las mujeres casadas utiliza un método anticonceptivo.

“La responsabilidad de la anticoncepción debería ser compartida. Los efectos secundarios de los medicamentos tendrían que distribuirse entre los dos miembros de la pareja. Cinco años tomas tú la píldora y cinco años yo, por ejemplo”, dice Pilar Pardo, investigadora en transversalidad de género en políticas públicas en la Universidad Complutense. La píldora femenina tiene efectos adversos también destacables, como la predisposición a formar coágulos, hinchazón, cambios de humor, incluida depresión, dolor de cabeza y acné.

Los hombres sobre todo los más jóvenes, están abiertos a la idea de usar un anticonceptivo hormonal, según las encuestas disponibles. «Los hombres suelen relacionar la fertilidad con su masculinidad, por eso creo que costaría que aceptaran tomar el anticonceptivo», opina la profesora Pardo. De la misma opinión es el doctor Angulo: «En nuestro entorno posiblemente no tendría mucha aceptación, debido al machismo cultural. La pérdida de masculinidad no es fundada puesto que el gel no parece afectar a la esfera sexual», comenta.

“Hasta que un producto no está en el mercado tras haber demostrado que es seguro y eficaz no gana popularidad. Cuando lo logra, otras empresas empiezan a desarrollar productos similares ”, asegura Blithe.

A los ellos también les gustaría poder regular su propia fertilidad y evitar verse forzados a la paternidad. “Esto sucede ahora, que tienen responsabilidad legal sobre los hijos, pero hasta los años ochenta aquí en España si eran hijos fuera del matrimonio eran ilegítimos y la madre asumía su cuidado. Incluso estaba prohibido investigar la paternidad”, esclarece Pardo.

¿Y ellas? ¿Confiarían en su pareja? ¿O preferirán mantener las riendas de la fertilidad en sus manos?