La atmósfera de nuestras latitudes, en el hemisferio norte, depende en parte de lo que ocurre en el Ártico. Un nuevo estudio del MIT encuentra que el cambio climático está inyectando más energía en la atmósfera que alimenta el tiempo de verano. Esto lleva a tormentas eléctricas más fuertes y condiciones más «estancadas» en América del Norte, Europa y Asia, derivando en episodios de contaminación.

En el estudio se advierte que el aumento de las temperaturas globales, especialmente en el Ártico, hace que haya más energía disponible para alimentar tormentas eléctricas y otros procesos convectivos locales, mientras que se destina menos energía a los ciclones extratropicales de verano. Estos son sistemas climáticos más grandes y suaves que circulan a lo largo de miles de kilómetros. Estos sistemas normalmente se asocian con vientos y frentes que generan lluvia, limpiando el aire de contaminantes.

Se observa la posibilidad de más días de mala calidad del aire en las áreas urbanas

«Se observa la posibilidad de más días de mala calidad del aire en las áreas urbanas», dice el autor del estudio Charles Gertler (@charlesgertler), del Departamento de Ciencias de la Tierra, Atmosféricas y Planetarias (EAPS).
Gertler y su coautor, el profesor Paul O’Gorman, de EAPS, están publicando sus resultados en la revista PNAS.

Los ciclones extratropicales se alimentan del gradiente de temperatura horizontal de la atmósfera: la diferencia en las temperaturas medias entre las latitudes norte y sur. Este gradiente de temperatura y la humedad en la atmósfera produce una cierta cantidad de energía en la atmósfera que puede alimentar los eventos climáticos. Cuanto mayor sea el la diferencia entre, por ejemplo, el Ártico y el ecuador, más probable es que se genere un ciclón extratropical.

Un estudio hecho con un algoritmo del MIT

En las últimas décadas, el Ártico se ha calentado más rápido que el resto de la Tierra, reduciendo en efecto el gradiente de temperatura horizontal de la atmósfera. Gertler y O’Gorman se preguntaron si y cómo esta tendencia al calentamiento ha afectado a la energía disponible en la atmósfera para ciclones extratropicales y otros fenómenos meteorológicos del verano.

Comenzaron observando el registro ‘ERA-Interim Reanalysis’, un proyecto que ha estado monitorizando temperatura y humedad del mundo desde los años setenta. A partir de estas mediciones, el proyecto produce una cuadrícula global de temperatura y humedad estimadas, a diferentes altitudes en la atmósfera.

A partir de esta cuadrícula de estimaciones, el equipo se centró en el hemisferio norte y en las regiones entre 20 y 80 grados de latitud. Tomaron la temperatura y la humedad promedio en verano en estas regiones, entre junio, julio y agosto para cada año desde 1979 hasta 2017. Luego, pusieron cada promedio anual de temperatura y humedad en un algoritmo, desarrollado en el MIT, que calcula la cantidad de energía que estaría disponible en la atmósfera, dadas las condiciones de temperatura y humedad correspondientes.

«Podemos ver cómo esta energía sube y baja a lo largo de los años, y también podemos separar la cantidad de energía disponible para la convección, que se manifestaría como tormentas eléctricas, por ejemplo, en comparación con las circulaciones a gran escala como los ciclones extratropicales», afirma O’Gorman.