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La Luna llena no provoca terremotos, pero sí los padece por la Tierra

Al revisar datos de las misiones Apolo, detectan actividad geológica en la Luna inducida por la Tierra

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La Luna llena no provoca terremotos, pero sí los padece por la Tierra
Posibles pruebas de actividad tectónica pareja a fallas de la Luna

Posibles pruebas de actividad geológica reciente pareja a fallas de la Luna NASA

Resumen:

La Luna está más viva de lo se pensaba. Está lejos de provocar terremotos en nuestro planeta, pero algo se mueve como para agitar con violencia su superficie. Y esto es algo relativamente nuevo. Los objetos más pequeños del sistema solar han tenido oportunidad de enfriarse desde su formación. Por eso, entre otras razones, se ha tendido a pensar que la Luna no tiene tectónica de placas activas, como sí le ocurre a la Tierra. Nuestra vida se sustenta sobre una corteza fragmentada que flota en el magma caliente. Las piezas van a la deriva, se hunden, superponen y chochan, provocando terremotos. Parece que nuestro satélite también tiene actividad geológica sin placas, aunque es incapaz de desencadenar los nuestros sismos. Y la Tierra tiene algo que ver.

Son los lunamotos registrados durante la era de las misiones Apolo (1969-1975) los que han dado la voz de alerta. «El descubrimiento de fallas jóvenes en la Luna es una evidencia de actividad tectónica reciente, pero se desconoce cómo de reciente es», explican Thomas Watters y sus colegas de la Smithsonian Institution en un artículo publicado en Nature Geoscience. Entre 1969 y 1972, las misiones Apolo colocaron sismómetros a lo largo de la superficie selenita. Hasta que se desconectaron en 1977, se registraron 12.000 lunamotos, sólo unos pocos, relevantes.

El equipo de Watters ha tomado los datos de 28 de ellos, los más importantes registrados en cuatro localizaciones. Gracias a un algoritmo de redes sísmicas dispersas, han podido estimar los epicentros. «Encontramos que los epicentros de ocho temblores cercanos a la superficie están 30 km de una escarpa de fallas. A partir de un análisis temporal de ocho eventos, encontramos que seis ocurrieron cuando la Luna estaba a menos de 15.000 km de la distancia del apogeo», es decir, cuando estaba particularmente lejos de la Tierra.

El geólogo planetario y divulgador Nahúm Méndez Chazarra (@Nchazarra) explica a El Independiente que «una de las teorías dominantes afirma que, debido al enfriamiento, la Luna se contrae como cualquier cuerpo. En esta contracción, la corteza se fractura formando fallas que pueden seguir activas mientras la Luna sigue encogiendo hasta que se le acabe el calor». Pero lo novedoso es que «no todas están formadas por esta contracción, sino que en realidad las mareas que ejerce la Tierra sobre la Luna son las que está provocando nuevas fallas y la actividad que vemos en ellas».

Los autores se apoyan en que que la proximidad de los temblores de la Luna a las escarpas de la falla, junto con el movimiento de las rocas y la perturbación del regolito (la capa superior del suelo suelto), sugieren que está actualmente activa tectónicamente.

La Luna que agita la Tierra

A diferencia de los terremontos, los lunamotos pueden durar mucho tiempo. Hasta 10 minutos. Esto es debido a que no tiene océanos, capaces de amortiguar las vibraciones. Paradójicamente, la Luna sí es capaz de tirar de los mares de la Tierra. Por ello, algunos estudios vinculan los grandes terremotos a la luna llena o nueva. No hay ninguna base para pensar que pueda desencadenar uno, aunque puede ser un factor más que correlaciona estadísticamente con algunos, como el de Chile de 2010 o el de Japón de 2011, con las mareas más altas. Otro, de 2004, parecía indicar a coincidencias entre sismos y mareas bajas, pero sólo en las cuencas de los océanos profundos.

Sin embargo, un estudio de 2018 concluía que el peso de la Luna en los terremotos es mínimo, tras analizar datos de 204 terremotos de magnitud superior a 8, registrados desde el año 1600. El récord de mega terremotos en un mismo día (nada menos que 16) ocurrió siete días después de la Luna nueva. ¿Es eso estadísticamente significativo? No. El azar hubiera dicho lo mismo, según este estudio. Por otro lado, las mareas lunares serían mínimas en ese punto, así que esto no tiene ningún sentido físico.

Los lunamotos parecen darse con más frecuencia cuando la Luna está lejos de la Tierra

Los lunamotos parecen darse con más frecuencia cuando la Luna está lejos

Ahora, este estudio viene a correlacionar mareas y lunamotos, justo en sentido inverso. «Esta agrupación de eventos puede reflejar que la velocidad orbital de la Luna es más lenta en el apogeo (distancia en que está más lejos de la Tierra) que en el perigeo (cuando está más cerca), por lo que hay más tiempo para las tensiones se acumulen en el apogeo respecto a cualquier otro lugar en la órbita de la Luna», explican los autores.

«Este descubrimiento es muy interesante porque pone de manifiesto la existencia de otras fuentes de actividad geológica». Esto es algo que hemos podido ver en otros cuerpos del sistema solar, «pero no habíamos podido estudiarlo con detalle hasta ahora en la Luna, cuando las técnicas numéricas y analíticas nos han permitido volver a los datos tomados en los años sesenta y setenta».

La misión Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) contribuyó a la comprensión de la evolución tectónica de la Luna. Las imágenes de alta resolución obtenidas por la Cámara Lunar Reconnaissance Orbiter (LROC) revelaron una vasta red global de de fallas. Estas escarpas se interpretan como movimientos de una tectónica activa. El modelado analítico de las fuerzas de marea que contribuyen al estado actual de la tensión lunar indica que siete eventos cercanos al apogeo dentro de los 60 km de un escarpe de falla ocurren en o cerca del momento de las tensiones de compresión máximas, cuando los eventos de deslizamiento de falla son más probables.

Algo parecido en Marte

Nos hemos imaginado el interior de la Tierra (y de Marte), como una receta con chocolate fundido y láminas de manzana. Éstas serían las placas tectónicas sobre las que se asientan los continentes. Al poner la fuente con chocolate al fuego, como ocurre en el interior de la Tierra, el manto chocolateado empieza a bullir lentamente, moviendo las láminas, que pueden chocar. En Marte, el chocolate está sólido. No hay movimiento y el azúcar glasé se barre con facilidad, desapareciendo como si de la atmósfera se tratase. Eso es lo que pudo pasar al enfriarse el núcleo del planeta rojo que, sin embargo, sigue teniendo terremotos. | Vídeo: M. Viciosa y E. Moreno