El sitio web especializado USNI desveló este miércoles que Rusia está protegiendo la base naval de Sebastopol, en Crimea, con delfines adiestrados militarmente. Pero no, Los Simpson no predijeron esto. Delfines, ballenas, focas, morsas, leones marinos o belugas han formado parte de los ejércitos de Estados Unidos y Rusia al menos desde los años 60. Sus usos y fortalezas están bien documentadas en la historia militar, mucho antes de que tomaran por la fuerza Springfield en la ficción animada.

Los mamíferos acuáticos son excelentes rastreadores gracias a sus sistemas naturales de ecolocalización por sónar. Pueden encontrar a personal desaparecido, rastrear material, detectar minas subacuáticas, proteger instalaciones o actuar como espías con equipos de vigilancia adheridos a su cuerpo. Algunos informes también han señalado a Corea del Norte e Israel como países que cuentan con programas de este tipo.

En un artículo de noviembre de 2021 en la revista Sofrep, el NAVY Seal Brandon Webb relataba su formación contra estos animales, incluida también en sus memorias. Y aseguraba que eran usados muy a menudo como primera línea de defensa portuaria. «Les equipan con un dispositivo atado a la cabeza que contiene una aguja de gas comprimido y los entrenan para rastrear a los buzos enemigos. Una vez que el delfín te ha rastreado, te golpea; la aguja sale disparada y te pincha, creando una embolia. En unos momentos, estás muerto», resumía sobre las posibles capacidades del ‘enemigo’.

Oficialmente, la marina estadounidense siempre ha negado que sus animales acuáticos hayan sido formados para matar, y aseguran que es imposible entrenar a un delfín o un león marino para que distinga entre nadadores amigos y enemigos. «No están capacitados para tomar decisiones, sería ridículo esperar que tomen decisiones bajo el agua sobre si es un amigo o un enemigo y qué deben hacer al respecto», decía en 2016 un portavoz de la Marina a la revista Slate.

Sobre el papel, su uso oficial consiste en adherir una boya a las bombonas del buceador, que parpadea o explota en superficie y permite localizar al intruso. De hecho, un sistema muy parecido a ese es el que se utiliza en los entrenamientos como el que recibió el Navy Seal. El delfín reconoce a todas las personas, objetos o elementos de una determinada zona, para que sean después sus superiores humanos quienes decidan qué hacer.

El experto buceador del cuerpo de élite norteamericano describe que sólo hay dos formas de vencer al sofisticado sónar natural de los delfines. Cerca de la costa, pegarse a los malecones puede hacer fallar sus sistemas de detección. En aguas abiertas, la única solución es bajar profundo y aprovechar las ‘termoclinas’ -capas de agua con cambios bruscos de temperatura- para permanecer invisible al radar de los animales.

Las cinco especialidades de los delfines norteamericanos

Los Estados Unidos mantienen activos cinco equipos especiales dentro del United States Navy Marine Mammal Program, numerados como MK4, MK5, MK6, MK7 y MK8. En total, unos 100 animales estacionados en San Diego (California) y con atribuciones muy específicas.

Los equipos 4, 7 y 8 usan delfines y están especializados en la detección de minas. El 4 detecta minas flotantes, el 7 se centra en minas enterradas o ubicadas en el fondo marino y el 8 identifica corredores seguros para desembarcos.

El equipo MK5 recupera objetos perdidos en el mar con leones marinos y el MK6 mezcla delfines y leones marinos en las tareas de defensa portuaria. Los detalles del programa se comenzaron a desclasificar en los años 90, pero estaba en uso mucho antes. El programa comenzó a principios de los años 60 y los delfines ya se utilizaron en la protección de la base norteamericana de Cam Rahn Bay en la guerra de Vietnam.

La travesía de los delfines tras la caída de la Unión Soviética

Como tantas otras carreras armamentísticas, la de los delfines también avanzó de la mano de Rusia y la Guerra Fría. La URSS poseía su propio programa de mamíferos acuáticos, que irónicamente pasó parcialmente a formar parte del ejército ucraniano tras la desintegración soviética de inicios de los años 90.

Según una detallada información de la BBC en el año 2000, los ucranianos no vieron interés en mantener activo el programa y la mayor parte de estos animales pasaron a ser una atracción turística. Un reportaje de Los Angeles Times en aquel momento relataba como tres de estos delfines, Mack, Vakh y Diana, pasaron de ser usados como armamento militar a nadar con niños por 10 dólares como herramienta terapéutica. Los animales seguían en las mismas instalaciones militares de la bahía de los Cosacos de Sebastopol, con los mismos instructores que les habían enseñado sus habilidades de combate. Pero ahora haciendo otros ‘trucos’.

Algunos se alquilaban para shows acuáticos en el resto de Ucrania, en Rusia y hasta en Chipre, Arabia Saudí o los Emiratos Árabes, según relataba la información del LA Times. Otros, como los del instructor jefe Boris Zhurid, acabaron en Irán.

«Si fuera un sádico me habría quedado en Sebastopol, pero no puedo soportar ver a mis animales morirse de hambre. No nos quedaba medicina, que cuesta miles de dólares, ni teníamos más pescado o suplementos alimentarios», justificó en declaraciones al Komsomolskaya Pravda, en las que aseguraba estar dispuesto «a acudir a Alá, o hasta al diablo, mientras mis animales estén bien allí».

Los informes de la época también hablaban de animales entrenados para matar o plantar minas en el casco de barcos, como en la película El día del delfín (1973), a la que el ejército norteamericano atribuye la mayoría de los mitos sobre el uso militar de estos animales.

Zhurid, que encabezó el programa soviético con mamíferos en Sebastopol, no creía que esto fueran solo leyendas. “La detección y destrucción de buzos enemigos es una tarea real, pero no estoy autorizado para hablar de eso”, declaró al diario californiano, justificando que los delfines formaban parte de los programas contra el sabotaje y la subversión y que «se diseñaron varias armas» para ellos. «No podemos decir que los delfines estuvieran equipados con las armas en masa, pero existían algunos de esos diseños”, aseguraba en una entrevista en la que criticaba que el centro de investigación de Sebastopol se hubiera convertido en un «zoo militar».

Hvaldimir, la ballena espía que apareció en Noruega

El programa militar con mamíferos no resucitó en Ucrania hasta 2012, pero volvió a caer en manos de Rusia en 2014 tras el conflicto en Crimea. Y aparentemente no se ha dejado de desarrollar desde entonces. El ejército ruso hizo público en 2016 su intención de comprar nuevos delfines para ser entrenados militarmente y algunos expertos, como ahora, utilizaron imágenes por satélite para denunciar que estos animales se utilizaron durante la guerra de Siria en 2018.

En el Ártico, además, confía en ballenas y belugas para tareas de exploración por su mayor resistencia a aguas frías. El episodio más conocido sucedió en abril de 2019, cuando una beluga que portaba un arnés para cámaras con las palabras ‘Equipo San Petersburgo’ apareció frente a la costa noruega en el pueblo de Tufjord. El animal parecía bastante habituado al contacto humano y se acercaba a las embarcaciones para tratar de pedir comida.

Aunque en un principio se especuló con trasladar al mamífero a un santuario en Islandia en el que ya viven alguno de estos animales ‘perdidos’, principalmente chinos, el Gobierno apreció que la beluga buscaba comida por sí misma y continúa viviendo cerca de las costas noruegas. El animal fue bautizado popularmente como Hvaldimir, un juego de palabras entre la palabra noruega Hval (ballena) y el nombre de Vladimir Putin.