Manipular ropa, alimentar a una persona dependiente o ayudarla a vestirse. Son tres tareas básicas en el ámbito asistencial, tareas que ocupan mucho tiempo a los trabajadores y no aportan especial valor añadido. Pero solo pueden hacerlas otras personas. Hasta ahora. El objetivo último de los proyectos de investigación del Instituto de Robótica e Informática Industrial (IRI) participado por el CSIC y la Universidad Politécnica de Cataluña que dirige la matemática e informática Carme Torras es crear robots capaces de realizar este tipo de tareas.

El proyecto Clothilde se ha impuesto un reto no menor en el ámbito de la robótica: la manipulación de ropa. Es decir, la manipulación de objetos no rígidos, con unos contornos variables que se alejan mucho de los objetos que habitualmente manipulan los robots de uso ampliamente extendido en el ámbito industrial.

Pero el proyecto que lidera Torras pretende, precisamente, olvidar el ámbito industrial, ya muy estudiado, para llevar la robótica a entornos sociales, y más concretamente al asistencial. Por eso necesitan robots capaces de trabajar con parámetros mucho más variables. «Es imprescindible», explica la investigadora, si quieres crear un asistente capaz de alimentar a personas dependientes, vestirlas, o doblar ropa para ayudar en la logística de centros asistenciales.

Objetos deformables

«Manipular objetos rígidos es fácil» señala Torras, «con un objeto deformable tienes que prever sus cambios de forma«. La ropa, además, añade «dificultades de aprehensión» que ha obligado a su equipo a diseñar una pinza especial capaz de coger una pieza de ropa y resbalar por ella hasta llegar al extremo.

La manipulación de ropa era una «investigación puntera» cuando empezó el proyecto, en 2018, recuerda Torras. Por eso Clothilde (CLOTH manIpulation Learning from DEmonstrations) es un proyecto europeo financiado con 2,5 millones de euros, dentro de los programas de investigación Horizonte 2020 para el periodo 2018-2022, aunque ya ha sido prorrogado un año más debido a la pandemia.

La manipulación versátil de ropa es un objetivo muy ambicioso, reconoce Torras, pero su equipo completará el proyecto con tres prototipos capaces de doblar prendas de ropa, poner una chaqueta o calzar unos zapatos a una persona. Uno de los próximos objetivos: poner y quitar EPI’s a los sanitarios.

Para conseguirlo ha sido necesario crear robots capaces de aprender a partir de la demostración y repetición de estas tareas. «El aprendizaje continuo es más importante con objetos deformables, porque no tienen unas coordenadas fijas». Ese aprendizaje y capacidad de adaptación será esencial además en entornos asistenciales en los que el robot tendrá que adaptarse a diferentes personas.

Los robots deben ser programados además para gestionar todas las variables y para interpretar imágenes que les permitan realizar esas tareas. Un trabajo realizado por diferentes equipos, que Torras integra para llegar al resultado final.

«Mi trabajo es hacer puzles, descomponer todos los elementos del proyecto, asignarlos y ensamblar los resultados» ironiza la investigadora. El objetivo final es crear robots para la logística de centros sanitarios o asistenciales, pero también para los procesos logísticos de las grandes empresas de comercio electrónico, asegura.

Alimentación mecánica

Al margen de Clothilde, uno de los proyectos de los se declara más satisfecha es el desarrollo de un robot capaz de alimentar a personas dependientes, testado en el centro sociosanitario Pere Virgili. Se trata básicamente de un brazo mecánico con una cámara de color y profundidad y un sensor de fuerza programado para interpretar cuándo puede alimentar a la persona -porque abre la boca mirando a la cámara- adaptarse a su ritmo y acatar órdenes sencillas.

«Es muy importante el diseño con los usuarios» explica Torras. En este caso, los sanitarios apuntaron las necesidades por cubrir: reducir el tamaño del robot, que fuera capaz de cambiar de herramientas -estaba preparado solo para alimentar con cuchara- y una interfaz más amable. Pero lo más importante, y en cierta medida sorprendente, fue el entusiasmo con el que los usuarios aceptaron el robot, explica la investigadora.

«El 50% de los dependientes necesita ayuda para comer» señala, por lo que un robot de estas características facilitaría mucho el trabajo de los cuidadores, que podrían dedicarse a dar atención de calidad.

Un uso ético

Pero también es importante «regular un uso no solo seguro, sinó también ético de los robots en entornos asistenciales» advierte Torras. Para empezar, añade, solo los usuarios que dieran su consentimiento podrían ser alimentados por un robot.

En general, los usuarios que han participado en estas pruebas, o en otras como la implementada por el Ayuntamiento de Barcelona con Misty, un robot de asistencial para personas mayores solas «no lo ven intrusivo». Tampoco en el caso de un robot creado para los ejercicios de entrenamiento cognitivo a enfermos de alzheimer o demencias seniles. «Todos los usuarios querían jugar con el robot, en contra de lo que nos temíamos, ninguno le tenía miedo».

Por eso Torras advierte que «hay que evitar que el robot engañe«. Es decir, que no pueda parecer que es «un ser vivo, que se preocupa por ti», porque es la puerta de entrada a relaciones de dependencia emocional con las máquinas. O que lleven a esas personas a aislarse, porque consideran cubiertas sus necesidades de comunicación.