En los últimos días, a raíz de los nuevos movimientos en la guerra de Ucrania, se ha puesto el foco en los Vehículos Terrestres No Tripulados (por sus siglas en inglés, UGV). Las cifras que aporta el Ministerio de Defensa de Ucrania son elocuentes: solo en el primer trimestre de 2026, el uso de estos "drones de tierra" ha superado las 24.500 misiones en el frente. Lo elevado de esta cifra se debe a la versatilidad de estos aparatos, que pueden ser utilizados en diversas funciones como el traslado de heridos o el suministro de municiones.
La rápida proliferación de estos robots soldado obliga a los contendientes a desarrollar nuevos planes para contrarrestar la amenaza que suponen estos aparatos. Los cielos ya están saturados de inhibidores y otras defensas antiaéreas para cubrir las alturas, pero los drones UGV se desplazan por el suelo, abriendo un nuevo teatro de operaciones defensivas todavía por desarrollar. ¿Cómo combatir a estos soldados que no sangran?
La guerra electrónica
La mayoría de los UGV dependen de enlaces de radio para su control remoto, al igual que sus primos aéreos, tal y como señalan medios especializados como el Educational Technology and Change Journal. Para explotar esta posible debilidad, sistemas a base de cámaras como el Silent Sentinel están siendo adaptados con la finalidad de intentar "congelar" a los UGV, cortando la comunicación con el operador y dejando al vehículo inerte en mitad del campo de batalla.
En previsión de la llegada de modelos de UGV autónomos que no necesitan radios para desplazarse, la estrategias defensivas están evolucionado hacia el spoofing de sensores. Esto consiste en engañar a los LiDARS (tecnología de teledetección que usa pulsos de luz láser) y cámaras con las que cuenta el robot mediante ataques de suplantación de identidad. Así, el dron queda a merced de que el enemigo le haga creer que el suelo está lleno de obstáculos inexistentes para que se desvíen de la trayectoria de su ruta.
Regreso a la ingeniería básica
En ocasiones, las estrategias propias de la vieja escuela serán las más eficaces. Un ejemplo de ello son las barreras de alambre de alta tensión que buscan enredar cualquier aparato que trate de avanzar en torno a la posición defendida. Para ello se utilizan hilos de acero galvanizado de bajo peso pero de extrema resistencia que tienen la capacidad de engancharse a los ejes y cadenas de los UGV, quemando sus motores eléctricos si tratan de seguir avanzando.
Siguiendo esta línea, se encuentran contramedidas tan innovadoras como los proyectiles de espuma de poliuretano rápida (SPF) que, al impactar cerca del UGV, expanden una espuma rígida que bloquea instantáneamente sus ruedas o cámaras, dejándolo ciego y pegado al suelo.
Hard-Kill, la destrucción física del aparato
Pese a los avances tecnológicos de los modelos UGV, estos siguen siendo relativamente primitivos en comparación con el rápido desarrollo de la tecnología de drones aéreos. Así, los drones FPV "Caza-Robots" se han convertido en el depredador natural del UGV. Estos pequeños cuadricópteros suicidas están siendo programados específicamente para atacar la parte superior (la más vulnerable) de los vehículos terrestres, acabando con ellos en el acto.
Otra forma de eliminar estos sistemas es con el ataque de misiles ligeros como el Spike LR2. Estos modelos de proyectiles ahora incluyen perfiles de ataque especialmente optimizados para blancos terrestres pequeños y de baja firma térmica (que emiten muy poco calor hacia su entorno), lo cual convierte a cualquier dron terrestre en un blanco ideal para ellos.
Contramedidas a bajo coste
El gran reto que tienen los estrategas que han ideado todas estas defensas no es solo parar o destruir al robot, sino hacerlo de la manera más económica posible. Según datos expuestos por Brave1, el clúster estatal de tecnología de defensa de Ucrania, el balance es muy simple: mientras un UGV de suministros o una mina móvil puede costar apenas unos miles de euros, un misil encargado de interceptarlos puede costar diez veces más. Es por ello que la tendencia de defensa actual quiere apuntar hacia soluciones cinéticas simples (redes y cables) combinadas con bloqueadores electrónicos portátiles básicos y así crear sistemas defensivos mejores y baratos.
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