Astronomía

Caen ahora tres veces más meteoritos que en la época de los dinosaurios

Un estudio de los cráteres de la Luna y la Tierra determina que su tasa aumentó desde hace 290 millones de años

Cráter de Chicxulub Agencia Espacial Mexicana

Al mirar a la Luna se podría pensar que sus cráteres pertenecen a una época temprana de nuestro sistema solar, en que los asteroides campaban libremente, estrellándose contra el satélite o, directamente, sobre la Tierra. Cosas que «ahora no pasan». Nada más lejos de la realidad. De hecho, ahora sabemos que caen muchos más meteoritos desde que el que barrió a los dinosaurios aterrizó en México.

El número de asteroides que chocaron con la Tierra y la Luna ha aumentado hasta tres veces en los últimos 290 millones de años, según un nuevo estudio liderado por la Universidad de Southampton (Reino Unido). Estos hallazgos, publicados en Science, desafían nuestra comprensión previa de la historia de la Tierra. Una manera muy gráfica (y sonora) de verlo es a través de este impresionante vídeo que pone notas musicales a cada gran impacto de asteroide ocurrido en la Luna desde hace 1.000 millones de años. La melodía se acelera desde el año -290 millones.

La ciencia ha tratado de comprender la velocidad con que los asteroides han golpeado a la Tierra durante décadas, por lo general, estudiando los cráteres y las rocas que los rodean. El problema al hacer esto es que muchos asumieron que los más antiguos se han desgastado con el tiempo debido a la erosión y otros procesos geológicos.

Sin embargo, los investigadores ahora han descubierto que podemos aprender mucho sobre el historial de impacto de la Tierra al estudiar la Luna, porque ambos cuerpos son alcanzados en las mismas proporciones a lo largo del tiempo. Además, la Luna es inmune a muchos de los procesos, como la tectónica de placas, que destruyen gradualmente los cráteres de la Tierra. «El único obstáculo para hacer esto ha sido encontrar una manera precisa de fechar grandes cráteres en la Luna», dijo William Bottke, un experto en asteroides del Southwest Research Institute en Boulder, Colorado y coautor del artículo.

Mira a la Luna para saber tu historia

El equipo estudió la superficie de la Luna utilizando datos térmicos e imágenes recopiladas por Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA, determinando las edades de los cráteres selenitas. El radiómetro térmico de la nave espacial de la NASA, conocido como Diviner, mostró a los científicos cómo el calor irradia la superficie de la Luna, con rocas más grandes que emiten más calor que un suelo lunar más fino.

La coautora del artículo, Rebecca Ghent, científica planetaria de la Universidad de Toronto y del Instituto de Ciencia Planetaria en Tucson, Arizona, calculó la tasa a la que las rocas lunares se descomponen en el suelo y reveló una relación entre la cantidad de rocas grandes cerca de un cráter y la edad del cráter. El equipo dató las edades de todos los cráteres lunares con una antigüedad inferior a mil millones de años.

Los cráteres más jóvenes tienden a estar cubiertos por más rocas que los cráteres más viejos

Los cráteres más jóvenes tienden a estar cubiertos por más rocas que los cráteres más viejos. Esto sucede porque las rocas expulsadas por un ataque de asteroides se muelen durante cientos de millones de años por una lluvia constante de pequeños meteoritos.

Cuando el equipo comparó las edades y el número de cráteres en la Luna con los de la Tierra, hicieron el sorprendente descubrimiento de que son extremadamente similares, desafiando la idea de que la Tierra había borrado muchos cráteres. «Esto significa que la Tierra tiene menos cráteres antiguos en sus regiones más estables, no debido a la erosión, sino porque la tasa de impacto fue menor antes de hace 290 millones de años», señala Bottke.

Thomas Gernon, coautor del estudio, asegura que «probar que menos cráteres en la Tierra significan menos impactos plantea un desafío formidable». Sin embargo, Gernon exploró un camino para reconstruir la historia un tanto sorprendente: buscó volcanes de diamante extintos, llamados tuberías de kimberlita. Se extienden, en forma de zanahoria, un par de kilómetros por debajo de la superficie. Su investigación mostró que las tuberías de kimberlita formadas durante los últimos 650 millones de años en terrenos estables están en gran parte intactas; lo que indica que también se deben preservar grandes cráteres de impacto durante el mismo período y en los mismos terrenos. Esto explicó la similitud de los registros de cráteres de impacto de la Tierra y la Luna, y ayudó al equipo a establecer que la escasez de cráteres que se formaron hace más de 290 millones de años se debe a que hubo menos caídas de asteroides antes de esa fecha.

Las colisiones hace 290M de años en la zona de Marte y Júpiter pueden explicar que la tasa de asteroides haya crecido desde entonces

El trabajo del equipo llevó al descubrimiento de que la tasa de formación de cráteres en los últimos 290 millones de años ha sido de dos a tres veces mayor que en los 700 millones de años anteriores.

Se desconoce la razón de este salto en la tasa de impacto, pero podría estar relacionado con las grandes colisiones que tuvieron lugar hace más de 290 millones de años en el cinturón principal de asteroides entre las órbitas de Marte y Júpiter, anotaron los investigadores. Tales eventos pueden crear escombros que pueden alcanzar el sistema solar interior.

Mientras tanto, los hallazgos del equipo relacionados con la Tierra tienen implicaciones para la historia de la vida, que está marcada por los principales eventos de extinción y la rápida evolución de nuevas especies. Aunque podrían tener muchas causas, el equipo señala que es muy probable que los impactos de los asteroides hayan jugado un papel importante, en particular, en que los dinosaurios proliferaron antes de 250 millones de años atrás y «eran particularmente vulnerables a los grandes impactos, más que los grupos de animales anteriores», dice Gernon.

«Quizás sea justo decir que fue una cita con el destino de los dinosaurios: su caída fue algo inevitable, dada la oleada de grandes rocas espaciales que chocaron con la Tierra», concluyó Gernon.

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