Los meteorólogos empiezan a hablar abiertamente de un posible 'Superniño' y de su impacto en la subida ya acelerada de las temperaturas globales, siguiendo las últimas señales del Pacífico ecuatorial. Los expertos dibujan un escenario de alta probabilidad de que El Niño regrese en 2026, con la incertidumbre de si acabará siendo un episodio moderado o uno de esos eventos excepcionalmente intensos.

Rubén del Campo, portavoz de AEMET, explica que “con las últimas actualizaciones de los modelos, especializados en pronóstico del fenómeno de El Niño, detectan una probabilidad, alrededor del 60 %, de que este fenómeno pueda surgir a partir de finales de primavera, comienzos del verano del hemisferio norte, es decir, entre mayo y julio”, y que “ese fenómeno pueda persistir hasta finales del 2026”.

“El fenómeno de El Niño consiste en un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico Ecuatorial, del Pacífico Oriental Ecuatorial, calentamiento que se va propagando hacia la zona central del Pacífico y ese calentamiento anormal de las aguas acaba teniendo en muchas ocasiones consecuencias también en la circulación atmosférica”, explica el meteorólogo. “Básicamente aumenta la temperatura media global”, y que “los años que hay El Niño suelen ser más cálidos porque hay una gran cantidad de agua más cálida de lo normal, y eso tira de la temperatura media global hacia arriba”, añade.

El matiz por lo que ahora se mira más este fenómeno es porque estamos en un contexto de cambio climático. “Esto se nota y es importante porque no es lo mismo un efecto del fenómeno de El Niño en un planeta casi un grado y medio más cálido ahora que hace unas décadas, en el que el calentamiento no era tan acusado”, matiza.

De El Niño a 'Superniño'

En cuanto a la intensidad, Del Campo señala que “se está hablando mucho de si podríamos tener un fenómeno de El Niño muy intenso, muy fuerte, y lo cierto es que según las últimas predicciones y según también lo que considera el Servicio Oceánico y Meteorológico estadounidense, la NOAA, de la mano con sus modelos de predicción, hay una cierta posibilidad de que tengamos un fenómeno de El Niño muy fuerte”, con “una temperatura más de 2 grados por encima de lo normal en una determinada zona del Pacífico Ecuatorial”.

Aunque admite que “una probabilidad de una entre cuatro, una probabilidad del 25 %”, recalca que “depende de otros factores atmosféricos, de tipo de anomalías de viento en distintas zonas del Pacífico Ecuatorial, hasta el verano, y esas anomalías no es seguro que se vayan a cumplir”.

Mar Gómez, meteoróloga y autora de El tictac climático (Oberon) considera que “la probabilidad de que surja ahora mismo está en un 61 %, o sea, que todavía no es seguro si va a ocurrir”.  Aunque apunta que “lo más probable es que suceda”, y que “se prevé que pueda ser mucho más intenso:  “Normalmente, cuando hay estos porcentajes suele tender a que hay El Niño, pero todavía tenemos que esperar un poquito”, dejando abierto el escenario de un episodio moderado o de ese posible “superniño”.

Por su parte, José Miguel Viñas, meteorólogo de MeteoRed destaca que todavía hay posibilidades de que no vaya a ocurrir y lo más importante: cómo será. “El Niño va a ver, otra cosa es que al final sea un El Niño moderado o no. En principio debería de empezar ya a intensificarse en el otoño, y si al final se desarrolla como plantean algunos escenarios, ya estaríamos metidos prácticamente en invierno, últimos meses de este año, principios del próximo año, para ya tener, digamos, plenamente desarrollado ese evento y que sea un 'Superniño'”.

El huracán Kirk cruza el Atlántico.

Dónde se notarán los efectos de El Niño 

En principio el evento eleva las temperaturas en todo el mundo pero “los efectos de de El Niño siempre son mucho más evidentes en la propia cuenca del Pacífico, en el continente americano, pero sobre todo del ámbito tropical, mientras que en latitudes medias o altas no se detecta tanto porque ahí entra ya en juego la variabilidad que hay, por ejemplo, en Europa, dictada por el Atlántico Norte”, afirma Viñas.

Viña insiste en que “un evento de El Niño de por sí provoca siempre es una contribución positiva a la temperatura, es decir, hace subir algunas décimas de grado la temperatura del planeta ese año, los meses que está, digamos, activo, y luego altera bastante los patrones de circulación atmosférica y oceánica, pero si El Niño ya es más intenso, que es lo que apuntan, como digo, algunas predicciones, aunque no es seguro todavía, pues al final todo esto se amplifica y la temperatura va a ser mayor. Si además eso se solapa con el calentamiento de fondo que tenemos ahora mismo, lo normal es que este año y sobre todo el próximo 2027 la contribución fuera muy importante y estuviéramos de nuevo en un año récord de calor”, asegura. 

En cuanto a los efectos sobre la lluvia y las sequías, Del Campo recuerda que “los efectos pueden ser en ese sentido más adversos”, y que “también cambian los regímenes de precipitaciones”. Así, señala que “en algunas zonas, como por ejemplo en zonas de América del Sur, las lluvias son más intensas”, mientras que “en otras zonas, como por ejemplo en Centroamérica y el Caribe, se producen más sequías, es decir, hay una modificación de patrones”.

También cita que “en general, en los años de El Niño hay menos huracanes en el Pacífico”, lo que “conlleva una serie de efectos en cadena, ¿no?, que pueden tener una escala, si no global, sí muy amplia”.

Respecto a España, el portavoz mantiene que “no hay una correlación directa y clara entre el fenómeno del niño y efectos en el clima de España, porque nuestro clima, los tipos y patrones de tiempo meteorológicos que pueden afectar a nuestro país, se ven afectados por otros muchos factores”.

Aunque reconoce que “es verdad que en ocasiones un fenómeno de El Niño intenso puede favorecer o puede guardar cierta correlación con otoños más lluviosos”, advierte que “no siempre que hay un Niño vamos a tener otoños más lluviosos y no siempre que los otoños son más lluviosos es porque haya un evento de El Niño”. En su opinión, “no hay unas consecuencias muy marcadas, muy claras para España”, y “a nuestro país le afectan otros muchos factores, pero, como digo, en un contexto de calentamiento global, un fenómeno que tira de las temperaturas hacia arriba podría de alguna manera también tirar hacia arriba las temperaturas de nuestro entorno y provocar olas de calor con un plus de intensidad”.