El mundo tal y como lo conocemos está desapareciendo bajo una marea de algoritmos. No es una predicción a largo plazo, es un proceso que ya está aquí. Jon Hernández divulgador y experto en inteligencia artificial acaba de publicar 'La hostIA que viene', un libro en el que analiza la velocidad a la que se está imponiendo esta tecnología en todos los aspectos de nuestras vidas.
El fin de la inteligencia humana
La inteligencia humana, nuestro principal valor de diferenciación a lo largo de los siglos, está siendo amenazada. "Hemos creado una máquina que hace lo mismo que los humanos venimos haciendo con nuestra cabeza", explica el autor.
Jon Hernández compara esta irrupción de la inteligencia artificial con la Revolución Industrial. Eso sí, con la importante diferencia de la velocidad a la que se está produciendo. "Este proceso será diez veces más grande y diez veces más rápido. Si aquello tardó 40 años, esto son cuatro", advierte el divulgador. Hace referencia a ese acontecimiento histórico para explicar que ahora son los propios trabajadores los que tendrán que readaptarse y no la siguiente generación, "es el propio tejedor o carpintero el que tiene que reconvertirse, no sus hijos".
Hernández señala que la ventaja competitiva de la máquina es la optimización, "el nivel de inteligencia que tenía en diciembre de 2024, en diciembre de 2025 le cuesta 4.000 veces menos. Mi inteligencia no ha mejorado tanto" ironiza. Este avance desmesurado pone en el punto de mira el valor económico que aportamos, es decir, para las empresas ha dejado de ser eficiente el ser humano en ciertas tareas básicas, asegura el experto.
El riesgo para las nuevas generaciones
Uno de los puntos en los que enfatiza el autor en el libro es cómo los más pequeños se están enfrentado a este cambio. La irrupción de la inteligencia artificial en las aulas asusta a la gran mayoría. "No sabemos que efectos puede tener a largo plazo" resalta haciendo referencia al peligro que puede correr el desarrollo cognitivo de los más pequeños, "el peligro es que al delegar demasiado en la IA el cerebro de un joven no llegue a formar las estructuras necesarias para el pensamiento crítico".
Sin embargo, para el autor, no es un motivo para la prohibición o el rechazo a esta nueva tecnología, considera que el sistema educativo actual está basado en un "itinerario caducado". En su lugar propone presentar la inteligencia artificial como una "brújula". "Si no sabemos lo que va a venir, no les podemos preparar. Lo que podemos hacer es darles herramientas para que ellos mismos puedan reaccionar", explica.
La clave está en enseñar a los niños no solo a usar la IA, si no a razonar con ella, fomentando el pensamiento en lugar de la respuesta masticada. "Preparar a las nuevas generaciones para lo que viene. Ahora estudiarse los ríos de España no tiene mucho sentido, le pides a ChatGPT que te geolocalice y te dice en qué río estás". Hernández plantea con esto utilizar la inteligencia artificial como "tutores personalizados".
La regulación frente al "desarme" de la IA
La regulación es el gran campo de batalla actual para aquellos en contra del desarrollo de esta tecnología —para aquellos a favor también—, incluso el Papa León XIV llegó a pedir el "desarme" de la IA en su 'Magnifica Humanitas'. Para Hernández el problema es la lentitud de los legisladores, en su opinión se están dedicando a "apagar fuegos" en lugar de planificar.
Según explica el autor, el problema técnico para la regulación es la trazabilidad. Europa, una de las cosas que exige a la hora de permitir ciertas inteligencias artificiales es entender por qué una IA toma una decisión, pero Jon Hernández lo compara con "el día que aprendes a nadar" argumentando que, más o menos, sabes en qué periodo fue pero no el día y la hora exactas. "Es una red neuronal que no entendemos por dentro. No podemos exigir la trazabilidad cuando la IA no tiene ni por qué saber de dónde ha sacado esa decisión". Aunque destaca que no por ello las respuestas carecen de validez.
Además, existe el riesgo de la pérdida de competitividad. Advierte que una regulación estrictamente europea podría ser "una patada al tercer mundo" en términos económicos — aún más si China y EEUU no siguen las mismas normas—. "Necesitamos una regulación global. Cualquier regulación local o regional no nos va a ayudar". Menciona además que ya hay herramientas potentes que no se despliegan en Europa por miedo regulatorio y que esto nos está dejando en desventaja como continente.
Prevenir la catástrofe
La advertencia más repetida a lo largo de las páginas es la prevención de desastres. Para Hernández es importante recalcar que, históricamente, la humanidad solo ha regulado tecnologías peligrosas después de sufrir sus efectos. "Hasta que no hubo un Hiroshima o un Nagasaki, no existió un pacto para frenar las armas nucleares", recuerda Hernández.
El peligro actual reside en los incentivos económicos. Las empresas privadas están en una "guerra armamentística" que las obliga a tomar atajos en seguridad para no quedarse atrás. El autor teme que necesitemos un desastre —como el cierre accidental de una central nuclear por una IA fuera de control— para que la sociedad reaccione. "Deberíamos ser un poco más maduros como sociedad y no llegar a ese extremo. Ser capaces de prevenir y no de curar", afirma Hernández, aunque reconoce que el camino que estamos tomando parece ser el del aprendizaje por el error.
¿Qué nos queda a los humanos?
Ante este panorama, Jon Hernández plantea la pregunta "¿Cuál será nuestro valor cuando nuestra inteligencia valga cero?", el autor sugiere que estamos ante un cambio cultural profundo. "Debemos dejar de ver la IA como una herramienta y empezar a verla como una infraestructura que nos obliga a redefinir lo que el ser humano aporta a la sociedad".
'La hostIA que viene' es, en definitiva, un aviso para navegantes. La inteligencia artificial no es algo que vendrá, es algo que ya está transformando el mundo tal y como lo conocemos. En este nuevo mapa que se está dibujando la IA será la brújula, pero Hernández deja claro que somos nosotros quienes debemos decidir si la usamos para navegar o si permitiremos que nos arrolle.
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