Este miércoles 12 de agosto, millones de personas en España alzan la vista al cielo para presenciar el primer eclipse solar total visible en la península ibérica desde 1905. Será, para la inmensa mayoría, una experiencia científica y sensorial irrepetible. Pero este fenómeno que la humanidad lleva siglos utilizando para confirmar cómo funciona el universo seguirá sin convencer a un sector de la población que continúa cuestionando la forma del planeta que habitamos. Según el último estudio "Cultura Científica en España", elaborado por la Fundación BBVA a partir de encuestas a más de 4.000 adultos, el 5% de los españoles cree que la Tierra es plana. Trasladado a la población total del país, ese porcentaje equivale a más de dos millones de personas, o lo que es lo mismo, una cifra similar a la población de Castilla y León.
El dato del 5% no es una cifra sacada de contexto. El estudio de la Fundación BBVA combina dos oleadas de encuestas, de 2.014 y 2.042 personas mayores de edad respectivamente, para radiografiar qué proporción de la sociedad española sostiene creencias que contradicen el conocimiento científico establecido. El terraplanismo no aparece solo: comparte espacio con otras convicciones igual de llamativas. El 28% que cree que los extraterrestres han visitado la Tierra, el 22% niega que el ser humano haya llegado a la Luna y el 15% rechaza la existencia del cambio climático.
El eclipse total de Sol atravesará la península de oeste a este y convertirá durante unos minutos el día en noche cerrada en buena parte del norte del país. Esto es, en esencia, una demostración geométrica en tiempo real: solo puede producirse porque la Luna, un cuerpo esférico, se interpone exactamente entre la Tierra, también esférica, y el Sol, proyectando una sombra que recorre la superficie terrestre siguiendo una franja de totalidad perfectamente calculable con años, incluso siglos, de antelación. Los expertos de la Agencia Espacial Europea que han preparado la cobertura científica de este eclipse recuerdan que la franja de totalidad de este año atravesará la península desde Galicia hasta Baleares, con una duración máxima de en torno a un minuto y cincuenta segundos en el punto central de la sombra lunar. Esa sombra, según los mismos especialistas, se desplaza sobre la superficie terrestre a una velocidad aproximada de 1.000 kilómetros por hora, un dato que solo tiene sentido si se asume una Tierra esférica en rotación y una Luna orbitando en tres dimensiones alrededor de ella.

Un modelo puesto a prueba gracias a los eclipses
La física detrás del fenómeno es un modelo que lleva más de un siglo siendo puesto a prueba precisamente gracias a los eclipses. El caso más célebre ocurrió el 29 de mayo de 1919, cuando dos expediciones científicas aprovecharon un eclipse total especialmente largo, de casi siete minutos, para fotografiar la posición aparente de varias estrellas brillantes situadas cerca del disco solar. El resultado confirmó que la luz de esas estrellas se desviaba ligeramente al pasar cerca de la masa del Sol, tal y como había predicho tres años antes Albert Einstein en su teoría general de la relatividad. Aquel experimento no solo confirmó una teoría revolucionaria sobre la curvatura del espacio-tiempo: también demostró, de paso, que el sistema solar se comporta exactamente como predice el modelo heliocéntrico, con planetas y satélites orbitando en un espacio tridimensional y no sobre un plano estático.
El terraplanismo, en cambio, no dispone de un modelo capaz de predecir cuándo, dónde y durante cuánto tiempo exacto se producirá un eclipse. Los cálculos que permiten anunciar con precisión de segundos que la totalidad comenzará sobre las 20:30 horas en un punto concreto de la meseta española, y que se prolongará durante poco más de un minuto y medio, dependen enteramente de la mecánica orbital que describe a la Tierra y la Luna como esferas en movimiento relativo alrededor del Sol. Ningún modelo de Tierra plana ha sido capaz de generar predicciones equivalentes con la misma exactitud, y los pocos intentos históricos de explicar los eclipses desde esa perspectiva recurren a mecanismos que no se sostienen frente a la observación directa del fenómeno, algo que millones de personas podrán comprobar por sí mismas la tarde del 12 de agosto simplemente mirando cómo la sombra lunar avanza de oeste a este sobre el paisaje.
Una oportunidad para la cultura científica
La comunidad científica no piensa dejar pasar la oportunidad. La Agencia Espacial Europea, en colaboración con el Gobierno de España, ha desplegado un amplio programa de divulgación en torno al eclipse, con eventos gratuitos de observación pública en León organizados junto a la Universidad de León y el Ayuntamiento, además de una retransmisión internacional desde el Observatorio Astrofísico de Javalambre, en Teruel, con la participación de responsables científicos de la propia agencia. El objetivo declarado de estas iniciativas es doble: garantizar una observación segura del fenómeno y aprovechar la expectación mediática para reforzar la cultura científica de la población, precisamente el terreno donde el estudio de la Fundación BBVA detecta las mayores carencias.
Los propios responsables científicos que han preparado la cobertura de este eclipse insisten en que cada fenómeno de este tipo despierta vocaciones científicas: el propio Santiago Ramón y Cajal situó el origen de su interés por la ciencia en la observación de un eclipse total en 1860. Esa misma chispa de curiosidad es la que la comunidad científica espera reavivar el 12 de agosto.
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