La reclamación marroquí de la soberanía de Ceuta y Melilla no es una novedad. Pero los movimientos del Majzén y sus portavoces tras la entrada masiva de inmigrantes en los últimos días de julio sí adquieren una significación especial. En los últimos días, el ex primer ministro Saad Eddine Al Othmani, del Partido de la Justicia y Desarrollo, islamista moderado, y el ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, del Autenticidad y Modernidad (PAM), cercano al rey, han mostrado su sintonía, a pesar de sus diferencias, sobre la marroquinidad de las ciudades autónomas españolas. El patriotismo sirve así para contener las disensiones internas.

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Marruecos ha ido paso a paso en esta crisis. Primero, mostró su voluntad de colaborar en las devoluciones. Su argumentario, expresado a través del Ministerio de Exteriores, negaba el recurso a "chantajes" y "presiones". Y echaba balones fuera: habían avisado al Gobierno de España del riesgo de entradas debido a la sentencia del Supremo por la que se prohibían las devoluciones en caliente en llegadas por mar.

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El Gobierno de Pedro Sánchez no acusó en ningún momento a Rabat. Convocaron al embajador italiano por el desplante de su ministro, Antonio Tajani, pero no a la representante del reino alauí. Todo buenas palabras con Marruecos: estaban colaborando. Incluso Madrid reconoció que las mafias habían usado torrticeramente el contenido de la sentencia. Nada de acusar a Rabat de un ataque híbrido, cuando es evidente que en el reino alauí no vuela una mosca sin que lo sepa el Majzén.

Tampoco la Unión Europea miró hacia Marruecos con el dedo acusador. Alguna sugerencia velada sobre la vigilancia en la frontera, pero muy sutil. Italia abanderó la revuelta contra el Gobierno de Pedro Sánchez, al que culpa por la regularización reciente. En la reunión de ministros del Interior de la UE España logró trasladar el mensaje de que casi todos los que entraron ya habían salido de territorio español. Y que ninguno cruzó a la Península. De poco le sirvió a Meloni que mantuvo los controles a las llegadas por mar y aire. Aunque Ceuta y Melilla quedan fuera de Schengen.

Discurso coordinado desde Rabat

Y más de diez días después, mientras los ministros españoles desfilan por Ceuta, desde Rabat se traslada el relato sobre la soberanía marroquí de Ceuta y Melilla. Primero fue el ex primer ministro Othmani, un conservador islamista que fue primer ministro entre 2017 y 2021. Ya en 2020 se refirió a Ceuta y Melilla como "territorios marroquíes". En declaraciones al canal Al Ghad, dijo: "No es una cuestión de opinión. Están ocupadas de hecho". Y añadió: "Esto cuenta con un consenso nacional".

Como muestra de este consenso, el ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, del Partido Autenticidad y Modernidad, más centrista, ha insistido en esta línea, en varias entrevistas este martes y miércoles. "Este asunto [la marroquinidad de Ceuta y Melilla] sigue sobre la mesa. Cada vez que nos reunimos con los españoles planteamos la cuestión", ha dicho en una entrevista con la cadena Asharq News. Y ha añadido: "Seguimos reivindicando nuestros territorios y queremos resolver el problema mediante el diálogo". Ha subrayado Ouahbi que no hay plazos ni prisas.

En una entrevista con la agencia Efe, el titular de Justicia del Gobierno de Rabat iba más allá. Ha culpado al Gobierno de Sánchez por su política migratoria. Ha criticado a España por "aceptar" a los migrantes. "Nosotros impedimos la salida de los inmigrantes, no solo de los marroquíes, sino también de otros, pero cuando llegan a España son aceptados y se regulariza su situación", ha dicho Ouahbi, en un ejercicio de cinismo, dado que Marruecos permitió la salida masiva a finales de julio. Incluso advirtió de que su país podría suspender la aplicación del acuerdo de extradición con Madrid por la falta de reciprocidad de las autoridades españolas.

El problema no está en Marruecos, sino en Ceuta

En suma, se trata de que cale un mensaje: no tendríamos estos problemas si Ceuta y Melilla pertenecieran a Marruecos. Han convencido ya a importantes ideólogos del entorno MAGA, a congresistas de EEUU, y a las autoridades israelíes. Marruecos sabe que cuenta con apoyos internacionales fuertes.

A su vez, este discurso patriótico, este envolverse en torno a la bandera, contiene reivindicaciones que podrían ser peligrosas. Marruecos teme que las revueltas sociales de hace un año rebroten. Y el Majzén sabe que hay motivos para que pase: persiste la pobreza, la falta de inversión en educación y sanidad... ¿Cómo se explica si no que 80.000 personas quisieran saltar al otro lado sin pensar ni siquiera en que iban a comer esa noche? Esa pregunta no se la plantean porque prefieren mirar a Ceuta y Melilla para que no haya descontrol.

El argumentario de Marruecos sobre Ceuta y Melilla siempre pasa por el hecho de su ubicación, no de su historia. La cuestión es que Ceuta y Melilla jamás fueron territorio marroquí, por mucho que se encuentren en África. La presencia de la Corona española en Melilla se consolidó en 1497. Ceuta quedó incorporada definitivamente a la Monarquía española en 1580. El Estado moderno del Reino de Marruecos no nació hasta su independencia de Francia en 1956. Los juristas apuntan que no tiene ninguna lógica reclamar un territorio sobre el que nunca antes se tuvo soberanía. Pero Marruecos se ve respaldada por su buena relación con EEUU e Israel, y sabe cuál es el talón de Aquiles de España, y de la UE.