Fidel Castro nació hoy hace cien años en Birán, Cuba. En otros tiempos, la efeméride hubiera sido objeto de una celebración mayúscula del régimen que él construyó. Pero la isla no está para festivales. El centenario se ha abierto paso en La Habana en el momento más crítico para la dictadura en sus casi siete décadas de trayectoria. Sin grandes alardes ni citas multitudinarias a las que ya nadie quiere acudir, las conmemoraciones oficiales han quedado reducidas a un deslucido seminario internacional, el I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro, celebrado en el Palacio de Convenciones de La Habana. Allí, la voz del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se ha escuchado tan solo "por poderes" y mediante carta interpuesta.
Ha sido el teólogo y referente de la izquierda latinoamericana Frei Betto el encargado de dar lectura este miércoles al mensaje enviado por el mandatario brasileño. "Si hoy estoy por tercera vez al frente de la Presidencia de Brasil, es gracias al estímulo y la sabiduría de Fidel Castro", ha dejado escrito Lula, quien a sus 80 años aspira a un cuarto mandato en su país. El líder suramericano ha trasladado al pueblo cubano su deseo de que "la fraternidad y la justicia persistan en medio de la adversidad", en un momento en que la isla atraviesa una catástrofe económica y humanitaria sin precedentes.
Lula y Castro mantuvieron una estrecha amistad personal hasta la muerte del cubano en 2016. Sin embargo, la intervención por delegación del mandatario brasileño ha evitado un viaje presencial a La Habana, reflejando la soledad diplomática de un régimen cada vez más aislado e incapaz de asegurar suministros básicos a su población.
La bancada comunista acude al rescate
Ante la ausencia de grandes líderes internacionales en activo, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, se ha visto obligado a nutrir la agenda del centenario con delegaciones de partidos comunistas de diversos países. Entre ellos, el presidente del Partido Comunista de España, José Luis Centella, y el presidente del Partido de la Izquierda Europea, Walter Baier.
Especial relevancia ha tenido la presencia del jefe del Departamento Internacional del Partido Comunista de China (PCCh), Liu Haixing, quien transmitió un mensaje del presidente chino, Xi Jinping. Díaz-Canel agradeció expresamente el respaldo de Pekín "en contra del cerco energético y las órdenes ejecutivas del gobierno de EEUU", en referencia directa a la dura política de asfixia económica que la administración del presidente Donald Trump ha desplegado en los últimos meses contra la isla. Pekín, por su parte, exigió a Washington levantar de inmediato las sanciones y el bloqueo.
Denuncias de "guerra psicológica" y acoso de la CIA
El marco institucional del centenario ha servido como altavoz para que el régimen denuncie una presión externa que califica de insostenible. La viceministra de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal, cargó duramente contra Washington acusándole de aplicar un "castigo colectivo" sobre la población mediante motivaciones "netamente políticas" y "propósitos de dominación". Vidal respondió de forma directa al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien semanas atrás advirtió que la Administración Trump bloqueará de forma sistemática cualquier mecanismo que intente sortear el bloqueo de recursos sobre La Habana.

El propio Díaz-Canel acusó a EEUU de promover una "guerra psicológica" deliberada tras las recientes filtraciones en medios norteamericanos que confirman un incremento notable de agentes y recursos de la CIA desplegados en la isla para subvertir el orden interno. "No son filtraciones al azar, sino parte de un plan deliberado", afirmó el mandatario cubano al inaugurar el foro, vinculando directamente la intensificación de las medidas coercitivas con el año del centenario fidelista.
Un régimen contra las cuerdas
Más allá de los discursos oficiales de lealtad al legado castrista, la conmemoración coincide con un país sumido en una agonía económica y social profunda. Con más de 1.000 presos políticos en las cárceles tras las sucesivas olas de protesta desde 2021, la población cubana sufre cortes eléctricos continuados, desabastecimiento severo de alimentos y medicamentos, y la falta de agua potable.
Mientras el tardocastrismo intenta ganar tiempo aferrado a los homenajes a su fundador, la oposición y el exilio sostienen que la presión combinada de la crisis interna y la máxima presión diplomática y económica sitúan al régimen ante un agotamiento estructural inevitable.
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