Vacaciones, larga estancia, oficinas en la playa, golf, hoteles para "solo adultos", spas, lunas de miel, bodas, eventos empresariales... los hoteles Meliá en Cuba ofrecían algo "más que un viaje". Meliá vendía la idea de que sus hoteles cubanos eran la mejor forma de conocer el país hispano, una isla llena de historia debido, entre otras cosas, a la extensa estancia española en Cuba. Ofrecían una experiencia que, según la compañía mallorquina, "cambiarían tu vida". Pero ahora ya no se puede vivir esa prometedora experiencia. Su web ha dejado de estar operativa.

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"El más puro espíritu de la isla aguarda por ti en nuestros hoteles y resorts. A través de tradiciones, leyendas y experiencias, te invitamos a explorar junto a nosotros los caminos de una nación auténtica y maravillosa. ¡Deja que el Alma de Cuba guíe tus pasos!". Así invitaba hoteles Meliá a los turistas para alojarse con ellos, algo que ya no será posible tras la decisión que tomó la compañía de poner fin a sus servicios de gestión y comercialización hotelera en Cuba a partir del pasado 24 de julio. Y como un reloj de cuenta atrás, el mismo día, la web oficial de Meliá Cuba dejó de funcionar, ya que el día 23 todavía se podían realizar consultas.

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El comunismo abrió hoteles y ahora los cierra

Meliá abrió su primer hotel en 1990, un año antes de la caída de la Unión Soviética. Tras el colapso de la URSS, Cuba entró en una profunda crisis económica, por lo que no tuvo más opción que acercarse al mundo occidental y, concretamente, al turismo europeo y español. Así, Meliá abrió su primer hotel en la isla paradisiaca en plena crisis financiera. Sol Palmeras fue su primer alojamiento, aun lejos de los 34 que llegó a operar tras 36 años de historia. Una historia que empezó motivada por la crisis generada por el comunismo y que ahora, el mismo comunismo ha logrado cerrar.

La cadena española que llegó a gestionar hasta 34 hoteles en Cuba con cerca de 14.000 habitaciones fue el principal operador turístico extranjero del país caribeño. De hecho, en el año 2018 llegó a controlar casi 1 de cada 3 habitaciones de Cuba, con un 31,29% de cuota. Pero la tensión geopolítica con el gobierno de Donald Trump y el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos al régimen comunista de Miguel Díaz-Canel dificultó la viabilidad de las empresas radicadas en la isla. Washington endureció el acceso a suministros como la gasolina, lo que imposibilitó ejecutar una operativa empresarial estable.

De la nada al imperio hotelero

Con la caída de la Unión Soviética Cuba se quedó sin su principal aliado. Pero antes de esto, en 1989, año de la caída del muro de Berlín, el régimen cubano introdujo reformas orientadas al mercado para la liberalización económica, incluyendo la apertura al turismo, la autorización de la inversión extranjera mediante empresas conjuntas, la legalización del dólar y la autorización del autoempleo con microempresas privadas para ciertas ocupaciones.

La primera empresa conjunta fue formada en 1988 por una nueva corporación estatal turística, Cubanacan, con el grupo hotelero español Sol Meliá para construir y administrar un hotel en el balneario de Varadero. En 1994 se creó el Ministerio de Turismo (MINTUR) y se establecieron varias corporaciones turísticas estatales, así como cadenas hoteleras con el objetivo de promover la inversión extranjera relacionadas con la hostelería y el turismo. Por entonces, Cuba ya contaba con 27 hoteles en todo su territorio, pero aun se encontraba lejos del rally hotelero de los años 2000. "La llegada de turistas aumentó de poco más de 300.000 en 1988 a más de 1,8 millones en 2003, lo que representa un crecimiento anual compuesto del 17,5%, más del triple del crecimiento turístico mundial y caribeño", según recoge el informe de Gestión hotelera en Cuba y transferencia de buenas prácticas, realizado para la Universidad Carlos III.

El imperio hotelero sin hoteles de Meliá en Cuba

Contrario a lo que se cree, fue el gobierno de Cuba quien construyó los hoteles para luego ser gestionados por las empresas hoteleras. Entre 1990 y 2004 se construyeron numerosos hoteles con un fondo de desarrollo turístico que se administró de forma eficaz. Gracias a ello, el Ministerio de Turismo construyó decenas de hoteles, en ocasiones mediante un modelo de corporación conjunta. Empresas estatales como Cubanacán, Gran Caribe o Gaviota eran las propietarias. En ese momento entraban de lleno las gestoras hoteleras, como el caso de Meliá. El grupo español aportaba la marca, el sistema internacional de reservas, la comercialización, la formación de los empleados, los estándares de calidad y, en definitiva, la dirección del hotel.

Así, con los años, Meliá se fue extendiendo por la isla hasta llegar a tener hoteles en La Habana, Varadero, Cayo Coco, Cayo Guillermo, Cayo Santa María, Holguín, Santiago de Cuba, Trinidad o Cienfuegos. Su estrategia consistía en estar presente en todos los principales destinos turísticos, desde hoteles urbanos hasta grandes resorts de playa. Pero centrado en su estrategia de implicarse solo en la gestión hotelera. De esta manera, Meliá redujo drásticamente el riesgo financiero porque la inversión en el inmueble recaía principalmente en los socios cubanos.

Así, tras 36 años de imperio hotelero en Cuba, el grupo mallorquín termina su camino de expansión sinigual. El mismo que promovió la apertura de la isla hacia el turismo ha sido también el que ha empujado a la cadena hotelera a cerrar sus puertas debido a las diferencias con Washington: se trata del comunismo.