Chet Baker y Eric Clapton como sonidos predilectos, acordes, sudor, sentimiento y una música de antaño que recuerda hasta qué punto la industria musical se ha McDonalizado. Sidecars no sabe quién lidera las listas, pero tampoco les importa. Es su producto, y su filosofía, lo que tiene verdadero peso. Hace dos semanas, arrebataron el número uno de ventas en España al Papa Francisco de la música urbana, Ozuna. El Caramelo del puertorriqueño se convirtió en gominola revenida cuando la banda madrileña, con un driblaje à la Messi, colocó al rock español líder en las listas.

El disco lo hacemos con un sentido y un orden en tiempos en los que las listas de reproducción van en modo aleatorio

«Si te soy sincero, no sabía quién era», señala Juancho Conejo, voz. «Después del notición investigué, Ger (bajista) me habló de él, me enseñó sus textos… y me alegré, me alegré mucho». A pesar de que tiene que haber sitio para todos, es una «buena esperanza para la gente que está montando bandas y para los grupos que pelean con un montón de tipos como éste». Consideran su carrera como un «manual de rock de garitos», y añaden que haber «conseguido quitarle el número uno a un tío que parece bastante machista» es siempre motivo de celebración.

Sidecars. De izquierda a derecha, Ruly (bajo), Juancho (voz) y Dr. Gerbass (bajo). Foto de Sergio Albert.

Ruido de fondo es su sexto álbum, que consideran el «más emocionante» hasta la fecha. «Si alguien nos hubiese dicho que íbamos a hacer el disco más vendido nunca nos lo habríamos creído», cuentan emocionados. Sidecars es un grupo de la vieja escuela, o «chapados a la antigua», como ellos mismos proclaman. Explican que «Ruido de fondo lo hacemos con un sentido y un orden en tiempos en los que las listas de reproducción van en modo aleatorio», y se consideran, además, unos románticos por seguir «concibiendo un disco como un todo. No está en cinta porque no existen ya reproductores».

Si alguien nos hubiese dicho que íbamos a hacer el disco más vendido nunca nos lo habríamos creído

Sidecars deja patente en todo momento la importancia que existe detrás de la idea, y se ven incapaces de seguir los pasos de una industria predilecta por el single. «Defendemos sacar un número grande de canciones porque permite tener un repertorio más amplio a la hora de trabajar», analiza Ruly. «Si fueran de una en una tendríamos que haber empezado a construir nuestra carrera hace 25 años», puntualiza.

La pandemia no hizo de las suyas durante la grabación de Ruido de fondo, aunque sí tuvieron que parar la mezcla del álbum, algo que les «vino bien para parar y descansar». Sidecars tenía planeado el tour de su vida, «de aforos que nunca nos habíamos atrevido a hacer y recintos donde no habíamos tocado antes», pero al final han tenido que conformarse con renovar «una gira de teatros» que conocen de sobra, pero que a día de hoy era lo que «más garantías nos daba de poder hacerlo de forma segura».

Demandamos que se ponga a la cultura en el sitio que corresponde

La cultura, y la industria en la que participan y conviven, atraviesa un momento «desolador», apuntan. «Ahora ha salido a la luz lo que realmente hay detrás, cientos de familias que trabajan de la música de manera directa o indirecta, que viven al mes con lo justo y que, en el momento en el que cierras el chiringuito y no permites hacer conciertos, no tiene para comer», y reclaman, asimismo, «atención para que se ponga al gremio en el sitio que corresponde».

Sidecars, el grupo que proclama lo antaño como lo nuevo, espera poder volver el próximo año a «los recintos grandes, pabellones, a estar sudando y a besarnos unos con otros de nuevo».