«Me parece más moderna una canción de Billie Holiday que otras que se hacen ahora”, cuenta Alba Molina a El Independiente con motivo del estreno de su último álbum, El Beso, “el más personal” porque la producción ha caído en sus propias manos. Considera que “este disco es un estado de ánimo” en el que aparecen de manera “natural y espontánea” las voces de sus dos hijos.

Molina afirma que el flamenco «está en mi casa, en mi vida y en mis raíces», pero que nunca lo había cantando puramente hasta que grabó una trilogía de discos en homenaje a sus padres, el dúo Lole y Manuel, que consiguieron convertir el flamenco en un terremoto escénico. Para Lole y Manuel (2019), Caminando con Manuel (2017) y Alba Molina Canta A Lole Y Manuel (2016), la ayudaron a sobrellevar la muerte de su padre en 2015. “Me siento gitana, pero no canto flamenco”, aunque sí considera que lleva dentro un granito de la tradición musical que corre en las venas de su familia, pues “si me parezco a ellos en la cara, también me pareceré en las cuerdas”.

La fusión es necesaria, al igual que la conservación del flamenco puro

Se reafirma en que “la música antigua me parece más atemporal”, por eso “no escucho nada nuevo”, una tarea que ha quedado relegada a sus hijos en los viajes en coche. “Ella Fitzgerald, Cayetano Veloso, ese es el culto que me va”, apunta.

En cuanto al boom del flamenco en la conversación global gracias a la expansión internacional de Rosalía, Molina afirma que “lo que ella hace lo hace muy bien, pero no lo llamaría flamenco”, y añade que “la fusión es necesaria, al igual que la conservación del flamenco puro», considerando el respeto como la base para la creación musical. “Rosalía canta muy bonito, es una niña con mucha personalidad, muy inteligente y dulce, pero para cantar por bulerías me quedo con María Terremoto”, indica. «Aquí hay cabida para todo, pero yo prefiero ser más clásica».

En Las Niñas, grupo de principios de los 2000 cuyos acordes compartió con Vicky Luna y Aurora Power, Alba Molina cantó temas que hoy en día mantienen “una producción súper moderna”. Este es el caso de Ojú, una canción que la cantante considera que cabe perfectamente “en el Malamente”. “Cada cierto tiempo salen influencias de otro momento, ya está todo inventado”, afirma. Una de las frases de Ojú que han perpetuado en el tiempo es la de “que me quiten el piercing para trabajar en un banco”, algo que Molina espera “que haya cambiado”, aunque “todavía quedan muchos fascistas por ahí”.

El Beso es un álbum compuesto en gran parte durante el confinamiento, una época que para ella ha sido “bastante dura”, pues se ha encontrado “depresiva y no he tenido mucho ánimo”, excepto los días que ha podido componer y trabajar en el disco. «Por eso para mí la música es un estado de ánimo”, afirma. El encierro lo pasó “en un piso bastante pequeño con mis hijos”, pero considera que sin él “no habría producido yo el disco, algo bueno tiene”.

«Ha sido un año horrible, menos por El Beso, que me ha venido de una manera mágica”, afirma. “Estoy sin un duro, con lo justo para comer”, una situación que ha agravado la pandemia hacia un gremio que no cuenta con oportunidades para llevar a cabo sus espectáculos. “Me parece un error que no nos dejen hacerlos cuando todo está bien organizado”, afirma. “No es un bar donde la gente está bebiendo pegada”.

Alba Molina

Ha sido un año horrible, estoy sin un duro, con lo justo para comer

“Llega un momento en el que ya no te afecta personal o económicamente, sino que te parte el alma”, dice Molina, para quien la vida sin música carece de sentido. “Quiero cantar, necesito cantar, me pongo muy triste no sé qué hacer, no he hecho otra cosa nunca”. No se trata de únicamente un trabajo, sino algo que dice necesitar «para la supervivencia interna”.

Si tuviera que elegir una canción, sería la que da nombre al álbum, pues “redondea todo lo que es el disco para mí”. Aunque también destaca , un tema que nace de una estrofa que Alejandro Sanz, “con quien soy amiga desde que tengo 15 años”, compuso hace tiempo un día en el que ella dormía en su sofá. «Hace poco se lo recordé y me dijo, ¿cómo puede ser que tengas el estribillo en la cabeza si yo ni siquiera lo he grabado?”. Fue entonces cuando Sanz le propuso terminarlo y grabarlo junto a Dani Bonilla.

En cuanto al futuro, “no pienso mucho en él”, pero espera “que en algún momento todo esto pase y podamos montar una gira”. Quiere que sus hijos “hagan lo que ellos quieran”, pero considera que la música “no está para dedicarse a ella”. «El mañana no existe y hoy en día menos”, concluye.