El príncipe Harry (41 años) y Meghan Markle (45) preparan su retorno al Reino Unido. Tras seis años de exilio autoimpuesto en California, los duques de Sussex abandonarán su vida en el continente americano en las próximas semanas para instalarse en una residencia privada a las afueras de Londres, tal y como adelantaron este miércoles varios diarios británicos. El traslado llega justo a tiempo para escolarizar a sus dos hijos, Archie y Lilibet, de cinco y siete años, en un colegio británico de cara al inicio del curso escolar en septiembre. Pese al cambio de rumbo, la pareja mantendrá su condición de miembros no activos de la familia real británica y no retomará, al menos de momento, funciones oficiales.

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La decisión de regresar al suelo británico cuenta con el beneplácito de la corona y responde a un acuerdo familiar cuidadosamente coordinado. Según fuentes cercanas al Palacio de Buckingham citadas por The New York Times y The Guardian, el monarca recibió la noticia el pasado domingo con satisfacción, movido por el deseo expreso de pasar más tiempo con sus nietos. "El rey da la bienvenida a la oportunidad de ver más a su familia en el plano personal", señalaron fuentes del entorno regio al diario británico, matizando sin embargo que "no habrá cambios en su estatus como individuos privados". El acercamiento definitivo se gestó el pasado julio durante un reencuentro privado entre el matrimonio y Carlos III en su residencia de Highgrove, un punto de inflexión que abrió la puerta a este retorno pactado sin alterar el acuerdo de no representar formalmente a la institución.

Fracaso en la meca del entretenimiento

Este giro radical en la vida de los Sussex, anunciado a través de los medios y sin comunicado oficial, se produce tras el evidente desgaste de la aventura de seis años en Estados Unidos del matrimonio. Tras anunciar en 2020 su renuncia a las funciones reales para alcanzar la "independencia económica", la pareja buscó consolidar su posición en la industria del entretenimiento a través de su productora Archewell Productions. Sin embargo, tras años de proyectos envueltos en la polémica y desavenencias comerciales –como la ruptura de su contrato con Spotify–, la meca del cine ha terminado por darles la espalda. Como revelaron Variety y The Hollywood Reporter, gigantes como Netflix degradó su contrato inicial de 100 millones de dólares a un acuerdo de primera opción con menor remuneración, además de desvincularse del sello de estilo de vida de la duquesa. En los despachos de Hollywood, según testimonios recogidos por Variety, el descontento por la baja productividad de la pareja era ya un secreto a voces: "El ambiente en la compañía [Netflix] era de 'hemos terminado'".

El camino recorrido hasta esta vuelta a casa ha sido una constante escalada de tensión desde aquel convulso enero de 2020, cuando la pareja anunció su retirada sin el permiso previo de Isabel II. Aquel desafío derivó en la cumbre de Sandringham, donde la difunta reina dejó claro que no toleraría un estatus ambiguo de estar "medio dentro, medio fuera" de la monarquía, despojándolos de sus asignaciones y honores militares. Instalados ya en Montecito, la brecha familiar se profundizó con la explosiva entrevista concedida a Oprah Winfrey en 2021, la emisión de su propia docuserie en Netflix y la publicación a principios de 2023 de las memorias de Enrique, Spare, donde llegó a calificar a su hermano Guillermo como su "archienemigo". Mientras, los Sussex vivieron en la distancia el diagnóstico y tratamiento por cáncer de su nuera y del rey.

El papel por definir del 'hijo pródigo'

Este mes de julio, Harry perdió su juicio contra los tabloides británicos por vulneración de su privacidad. Fue el colofón a una larga batalla judicial en la que la mayoría de la opinión pública británica ha reconocido los argumentos del hijo pequeño del rey Carlos, aunque finalmente no ha podido respaldarlos con solidez ante el tribunal.

El carpetazo a este proceso hace mes y medio es una de las claves del retorno del hijo pródigo a casa. A su llegada al Reino Unido, cuatro años después de la muerte de Isabel II y la proclamación de Carlos III, a los duques les aguarda un escenario tan complejo como el que dejaron atrás. Aunque mantendrán sus propiedades en California y Portugal, deberán desenvolverse como ciudadanos privados y sin la escolta policial sufragada por los fondos públicos, el caballo de batalla legal que Enrique ha mantenido vivo en los tribunales hasta hace pocos meses. Mientras el entorno del rey celebra el gesto de apertura, la relación con los príncipes de Gales continúa totalmente congelada. Cronistas reales citados por The Guardian aseguran que el príncipe Guillermo ha recibido la noticia con enorme distanciamiento, anticipando un contexto tenso donde el matrimonio tendrá que convivir de nuevo con la implacable atención de los tabloides británicos.