Susan Sarandon nunca ha necesitado filtros, pero últimamente su nombre ha destacado más de lo normal. En apenas unas semanas, la actriz ha encadenado su detención a manos de la policía neoyorquina, el recorrido en festivales de su nuevo trabajo independiente y unas declaraciones sobre el compromiso político y el paso del tiempo que distan de los manuales de corrección habituales.
Una entrevista concedida a El País ha desatado una oleada de comentarios después de que Sarandon, que acaba de cumplir 80 años, hablara con ironía de la etiqueta con la que suelen atacarla: "A veces me llaman comunista. Creo que es simplemente la manera más fácil que tienen algunas personas de decir que les parece que alguien está como una cabra, que es un izquierdista". Sin embargo, el eco que rodea a la ganadora del Oscar no responde únicamente a esa declaración.
Ni demócrata, ni comunista, ni arrepentida
Sarandon desmontó en su charla cualquier intento de encasillamiento. Aclaró que no forma parte del Partido Demócrata y defendió su condición de ciudadana al margen del bipartidismo: "Desde luego no soy comunista. Aunque tampoco soy demócrata. Ya lo he dicho. Soy patriota. Soy independiente".
No oculta su simpatía por perfiles como Zohran Mamdani porque "está consiguiendo cambios reales y concretos en Nueva York", pero rehúye las lealtades ciegas. Esa independencia le ha acarreado consecuencias directas en la industria. Sus posicionamientos sobre la crisis humanitaria en Oriente Medio precipitaron la rescisión de su contrato con su agencia de representación en Los Ángeles.
Frente a las consecuencias laborales, Sarandon descarta cualquier lamento personal: "Lo importante es que yo no soy una víctima; deberíamos estar hablando de las víctimas y de lo que está ocurriendo en Gaza y Cisjordania". La actriz recordó que este tipo de represalias ya formaban parte de su carrera antes de las redes sociales. Durante la crisis del sida en los noventa, la Academia de Hollywood la vetó temporalmente por aprovechar su intervención en la gala de los Oscar para denunciar el encierro de refugiados haitianos seropositivos en Guantánamo.
La trayectoria contestataria sitúa sus raíces en las protestas universitarias contra la guerra de Vietnam y en sus expediciones a Nicaragua en 1984. Para Sarandon, la implicación social no admite tregua: "Llevo mucho tiempo siendo activista porque creo que tienes una responsabilidad dentro de tu comunidad de hacer todo lo que puedas para asegurarte de que la gente tenga comida, tenga una casa y pueda vivir con dignidad".
De las palabras a su reciente detención en Nueva York
La firmeza de sus declaraciones se trasladó a las calles. El 25 de septiembre, la policía de Nueva York arrestó a Sarandon en los alrededores de la sede de Naciones Unidas. La intérprete se sumó a la movilización impulsada por colectivos como Jewish Voice for Peace para protestar contra la intervención del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en la Asamblea General.
Vestida con una camiseta que lucía el mensaje "Fund people, not bombs" ("Financia a las personas, no a las bombas"), se pudo ver a Sarandon esposada hacia los vehículos policiales junto a rostros como Hannah Einbinder (Hacks), en una jornada en la que también participó Cynthia Nixon (Sexo en Nueva York).
Esa detención hace apenas un mes volvió a reactivar el recuerdo de otros pulsos con las fuerzas del orden. En 2018 ya se le arrestó en Washington durante una protesta multitudinaria contra la separación de familias en la frontera. También, meses después, por apoyar las movilizaciones a favor del salario mínimo en el sector hostelero.
La mención a España: de la ovación en los Goya a la política exterior
En España, las reflexiones de la protagonista de películas como Thelma & Louise o Quédate a mi lado han tenido un seguimiento especial. El pasado febrero, la intérprete recogió en Barcelona el Goya Internacional concedido por la Academia de Cine. Reivindicó entonces la necesidad de mantener el coraje cívico frente a las tragedias contemporáneas.
Ha abordado también la postura diplomática frente al conflicto en Oriente Medio: "Me encanta España. Estoy segura de que en vuestro país hay algunas cosas terribles, como en todas partes. Pero España e Irlanda realmente han dado un paso al frente y han desafiado al resto de países a ser más responsables moralmente, y eso lo agradezco".
La conversación dejó además un gancho cinéfilo inevitable. Sarandon recordó que su sintonía con Pedro Almodóvar viene de lejos (llegaron a compartir pancarta en Los Ángeles durante una manifestación contra la guerra de Irak) y aprovechó para lanzarle una queja: "Me encantan todas las películas de Pedro. Tiene un punto de vista muy particular. Lo admiro muchísimo. Estoy un poco enfadada porque nunca me ha puesto en ninguna de sus películas, pero no pasa nada". Una declaración de intenciones que reabre el viejo sueño de ver a la diva neoyorquina convertida en 'chica Almodóvar'.
'The Accompanist': su último proyecto que el público aún no ha visto
La actualidad en torno a Susan Sarandon coincide con la promoción de The Accompanist (La acompañante). Es la ópera prima como director de Zach Woods (Silicon Valley), coprotagonizada por Aubrey Plaza y Everly Carganilla. Presentada en el Festival de Tribeca y aún en ruta por certámenes a la espera de su estreno comercial o en plataformas, la cinta sitúa a la actriz en la piel de Sylvia, una madre de acogida excéntrica y marcada por el duelo que recibe a una niña separada de su abuelo con demencia.
Pese a que la crítica ha señalado cierta irregularidad en la mezcla de comedia negra y realismo mágico, la interpretación de Sarandon ha sido unánimemente elogiada por dotar de crudeza y humanidad a su personaje. El proyecto guarda además una fuerte carga personal, ya que tanto la madre de Sarandon como la de Plaza crecieron en el sistema de tutela estadounidense. La actriz aprovecha para visibilizar esta realidad denunciando el desamparo institucional al que se enfrentan estos menores al cumplir los 18 años.
Sin intención de guardarse nada para el final, Sarandon encara esta etapa decidida a "dejarlo todo en el campo". Si tuviera que resumir su paso por el mundo, le bastaría con "Estuvo ahí". Entre manifestaciones y proyectos independientes que desafían las normas, la actriz demuestra que no tiene ninguna intención de bajar la voz.
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