El día después las victorias son más dulces, aunque sean por la mínima, y las derrotas más amargas. El líder socialdemócrata, Olaf Scholz, ha dormido bien y ha amanecido con unos resultados que le permiten presumir de ganador. El vicecanciller ha sido tajante en su rueda de prensa este lunes en la Willy-Brandt-Haus. «Los votantes han fortalecido a tres partidos y son los que han de gobernar», en relación al SPD, que gana 53 diputados, los Verdes, que suman 51 y los Liberales que tienen 12 más que en 2017. Scholz quiere formar gobierno «lo antes posible» y ha dicho que la Unión debe aceptar que su puesto ahora es la oposición.

En la Konrad-Adenauer-Haus, sede de la Unión (CDU y CSU) las caras eran largas. El ex ministro de Finanzas Peter Altemeier, muy cercano a la canciller Angela Merkel, no podía ocultar su decepción con los resultados, los peores desde 1949. «Ni en las peores pesadillas habría imaginado unos datos tan malos», ha dicho Altmeier, antes de la reunión de la Ejecutiva de la CDU.

Más de dos millones de votos de los que ha perdido la Unión han ido a parar a socialdemócratas y Verdes. Son esos apoyos que lograba el doble partido conservador gracias a la canciller, Angela Merkel.

El candidato a canciller de la Unión, Armin Laschet, mantenía su oferta de formar una coalición con Verdes y Liberales, a pesar de las pérdidas de votos y de haber quedado segundos. El domingo por la noche habló con el líder liberal, Christian Lindner, y este lunes lo hará con la ecologista Annalena Baerbock. Pero hasta entre sus compañeros democristianos y socialcristianos hay dudas sobre este movimiento. El líder de la CSU, Markus Söder, insistía en que se trata de una propuesta, no de un mandato.

«Será canciller de Alemania quien tenga la mayoría en el Bundestag», ha dicho Laschet este lunes en la valoración de los resultados, tras la reunión de la Ejecutiva de la CDU. El aspirante conservador a la Cancillería ha asegurado que le mueve, no la aritmética, sino las ganas «de lograr algo positivo para el país».

Es evidente que Laschet intenta salvarse aferrándose a su oferta de coalición con Verdes y Liberales. Es la única manera de paliar el efecto de la derrota en las urnas, de la que es responsable. Su campaña ha ido de mal en peor, y se ha salvado de algo aún más grave debido a la maquinaria electoral de la Unión, muy bien engradada.

Mientras tanto, los kingmakers empiezan su baile. El líder de los Liberales, Christian Lindner, de 42 años, ofreció a los Verdes, que ahora pasan a ser coliderados por Annalena Baerbock y Robert Habeck, mantener antes conversaciones entre ellos. «No tengo ningún problema en que lo hagan. De hecho, si van a ser socios, es bueno que refuercen su confianza», ha dicho Scholz, tan templado como acostumbra.

Dos partidos bisagra y un destino

Verdes y Liberales tienen un pasado pesado. En 2017 las conversaciones encabezadas por la canciller, Angela Merkel, acabaron mal debido a que el líder liberal, Christian Lindner, rompió la baraja cuando ya estaban bastante avanzadas. Dicen que tuvo mucho que ver que no había química entre Merkel y Lindner. Ahora sin Merkel quizá sería más fácil pero sobre el papel la coalición semáforo parece la primera opción.

«En este momento parece que la coalición semáforo es la que tiene más posibilidades. Es la coalición de los ganadores. Laschet, después de que la Unión ha perdido nueve puntos, no está en una posición de fuerza, pero SPD, Verdes y Liberales tienen muchas diferencias. Las conversaciones podrían prolongarse más allá de Navidad», señala Leo Stebe, redactor de política en Inforadio de Berlín.

El clima es el gran tema de los Verdes, y los Liberales no quieren sacrificar la economía por el clima… Sería bueno para el país que se pusieran de acuerdo y así Alemania tuviera un nuevo comienzo»

leo stebe, inforadio

Leo Stebe explica cómo los dos puntos de fricción son la política fiscal y la climática. «El FDP quiere que las empresas paguen menos impuestos y así puedan invertir después de la crisis del coronavirus. Christian Lindner está en contra de las subidas de impuestos. Verdes y socialdemócratas son escétpicos. No creen que puedan mejorarse las inversiones si no se pagan más impuestos. Y sobre el clima, es el gran tema de los Verdes. Pero los Liberales no quieren sacrificar la economía por el clima. Lindner quiere menos prohibiciones y menos renuncias. Sería bueno para el país que se pusieran de acuerdo y así Alemania tuviera un nuevo comienzo».

El líder liberal aspira a ser ministro de Finanzas, pero esta cartera también está en el objetivo de los Verdes. Finalmente podrían conformarse con un superministerio de Medio Ambiente y Exteriores. De hecho, los Verdes tienen mucho más peso en el Bundestag (118 diputados) que los Liberales (92 escaños).

El vicecanciller ha sido el ganador de esta contienda electoral, más que su partido. Son muchos los votantes que han optado por él más que por el SPD y eso ha permitido a los socialdemócratas presumir de músculo aunque apenas cuenten con poco más del 25% de los sufragios.

En su intervención ante los medios, este día después de la jornada electoral, Scholz ha evocado los tiempos en que el SPD gobernó con los liberales, en los años 70, y con los Verdes, entre 1998 y 2005. «Ahora es el momento de formar una coalición social-ecológica y liberal». Es de momento la opción con más posibolidades de lograr la mayoría y gobernar Alemania cuando termine la era Merkel.