Consiste la guerra, desde Carl von Clausewitz, en la continuación de la política por otros medios, esto es, alcanzar objetivos de carácter político mediante la compulsión, una vez agotados los mecanismos de la negociación y la persuasión. Toda guerra empieza por la determinación de un mando político que pretende alcanzar un estado final deseado mediante el uso de la fuerza. La determinación de ese objetivo político es pues lo que orienta el planeamiento estratégico que fija a su nivel unos fines que, de alcanzarse, suponen la victoria en las condiciones deseadas.

A su vez, esos objetivos estratégicos se traducen militarmente en objetivos operacionales, los que las unidades militares tienen que alcanzar a través de un plan de campaña en el que, de forma simultánea o sucesiva, se realizan distintas operaciones ofensivas y defensivas en el ámbito táctico para obtener el resultado esperado. La guerra pues transita desde el ámbito político hasta el soldado afectando a todos los aspectos de la vida, desde el económico al social, recorriendo todos los dominios: terrestre, marítimo, aéreo, espacial, ciberespacial y cognitivo.

Pensando en la ilegal guerra de invasión que se está produciendo entre la Federación Rusa y Ucrania, el objetivo político que perseguía inicialmente el presidente ruso, Vladimir Putin, bien pudiera ser impedir a toda costa que Ucrania se incorporase a la OTAN y, simultáneamente, alejarla de la UE, procurando incrementar su dependencia de la órbita económica de la Federación Rusa. El origen se puede rastrear en distintas intervenciones del presidente Putin que se producen a lo largo del tiempo, desde la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007 hasta las más recientes antes de iniciarse el conflicto el 24 de febrero de este año.

Mapa invasión rusa en Ucrania

Mapa de la situación en Ucrania a 6 de mayo de 2022
Mapa invasión rusa en Ucrania a 6 de mayo de 2022 E.I. Gráficos

Traduciendo este objetivo político en el planeamiento estratégico cuya puesta en escena vimos al inicio del conflicto, podemos deducir que éste se asemejaría bastante al siguiente: anular la voluntad de resistencia del gobierno y pueblo ucraniano, siendo necesario para ello: 

  • Debilitar políticamente a Ucrania fraccionándola territorialmente y segregándole la zona del Donbás desde Járkov a Mariúpol, y el litoral desde el mar de Azov al mar Negro, apoyándose como nueva frontera natural en el rio Dniéper. De facto, un país en guerra no puede ingresar en la OTAN puesto que al invocar el artículo V del Tratado de Washington es la OTAN en su conjunto la que se encontraría en guerra. Lo mismo cabría en puridad respecto a su admisión en la UE y el artículo 42.7 de su Constitución (Tratado de Lisboa) que se refiere en parecidos términos al citado anteriormente sobre la defensa mutua.
  • Crear una continuidad geográfica afín desde la parte continental de la Federación Rusa hasta la península de Crimea, garantizando su sostenimiento y supervivencia, especialmente en recursos hídricos y medios materiales. 
  • Debilitar económicamente a Ucrania haciéndola dependiente de la Federación rusa en suministro energético (gas, petróleo y energía eléctrica) y capacidad de exportación de bienes, negando su salida al mar Negro y convirtiéndola por tanto en un Estado continental forzado a la negociación para la exportación e importación por vía marítima.
  • Enlazar con los elementos afines de Transnistria, logrando un continuo entre las poblaciones rusófonas y rusófilas de Ucrania y Moldavia (Transnidstria, entidad autoproclamada independiente y no reconocida salvo por Abjasia, Artsaj y Osetia del Sur, irrelevantes las tres y no reconocidas por las NN. UU).

Estos objetivos estratégicos que perfilan y concretan el propósito político tienen que materializarse en objetivos operacionales, que son la aplicación del poder militar sobre el territorio. Serían los siguientes:

  • Degradar la capacidad de las Fuerzas Armadas de Ucrania para que no supongan una amenaza en el futuro para los intereses de la federación rusa ni impedimento para la adopción de posturas de fuerza unilaterales. Para ello, disminuir o anular según el caso la potencia de las unidades operativas y logísticas y la infraestructura militar (bases, depósitos, puertos, aeródromos…), los sistemas de mando y control, de defensa aérea y de control del territorio.
  • Controlar los centros productores de energía eléctrica (nuclear y otros), puertos y aeropuertos principales, así como las vías de comunicación que pudieran ser susceptibles de ser empleadas con finalidad dual (civil y militar).
  • Controlar las ciudades más pobladas y emblemáticas: la capital Kiev, Járkov, Mariúpol y, probablemente, Odesa.
  • Controlar los medios de comunicación pública y privada para construir un nuevo relato y apoyar la guerra de la información rusa. Denegar el acceso a las redes de información general ajenas a los intereses rusos controlando las tecnologías de la información y las comunicaciones.
  • Lograr el apoyo de la mayor cantidad de población posible, rusófila y otras, a la acción de invasión.
  • Controlar el ciberespacio en el ámbito geográfico ucraniano.

Quedarían, por último, los objetivos tácticos que, para no ser reiterativo, son los que en esta guerra televisada vemos todos los días: bombardeos selectivos e indiscriminados, destrucción de puestos de mando y unidades, bombardeos de núcleos de comunicaciones e instalaciones, ataques a infraestructuras críticas, etc. Un breve y cruel resumen de lo que significa muerte, destrucción y devastación de un país.

Bien, esto era el desideratum de un plan de batalla que la realidad, como decía Helmuth von Moltke, ha reducido a cenizas en los diez primeros minutos de combate. ¿Qué ha ido mal? Desde mi punto de vista se han cometido cuatro grandes errores de inteligencia estratégica y de apreciación. 

  1. Se ha sobrestimado la potencia real de combate del ejército de la Federación Rusa, particularmente su plan de campaña, su capacidad logística y su sistema de mando y control.
  2. Se ha infraestimado la capacidad de resistencia del ejército ucraniano, su equipamiento, adiestramiento, iniciativa y voluntad de vencer.
  3. Se ha infravalorado la capacidad del pueblo ucraniano y especialmente de su gobierno que, a través del presidente Volodimir Zelenski, ha ejercido un liderazgo heroico que ha galvanizado al conjunto de la población -incluso rusófona- en contra de la invasión.
  4. Se ha errado completamente en la estimación sobre la capacidad de respuesta de la OTAN y de la UE, en primer término, y de gran parte de la comunidad internacional en la condena firme sobre la agresión injustificada, el acuerdo sobre la imposición de sanciones económicas de inmenso calado y en el compromiso de ayuda militar a Ucrania.

Consecuencia de todo ello es el resultado que hoy apreciamos. Fracaso en una pretendida acción relámpago particularmente en la ofensiva de Kiev con un elevado número de bajas en personal y material y un descrédito importantísimo sobre la capacidad real de las fuerzas armadas rusas en el plano militar.

Vemos también una redefinición de objetivos estratégicos que han transitado de lo deseado a lo posible, teniendo en cuenta que el punto culminante está próximo para ambos contendientes y que, de alcanzarse, degeneraría la situación en una guerra de desgaste sin ningún retorno útil desde el punto de vista de la construcción de un relato de éxito, necesario para la población rusa por una parte y para el sostenimiento a largo plazo de la causa ucraniana por otra.

Rusia busca urgentemente una situación operacional aceptable para así crear una imagen de éxito, siquiera limitado. Podría ser esta la liberación de todo el Donbás desde Járkov a Dnipro, pasando por Zaporiya, Mikolaiev y la frontera con Moldavia-Transnistria, aislando Odesa sin llegar a ocuparla. A partir de ahí, negociar un alto el fuego y un nuevo statu quo para alguna zona, pero no renunciando a lo ocupado (Crimea y ese Donbás ampliado, como se ve en el mapa).

La hipótesis más peligrosa sería que Putin llegara a construir un relato más agresivo, identificando la ayuda de la OTAN y la UE a Ucrania como una agresión a Rusia, lo que podría degenerar en una «amenaza existencial» que requiriera el uso de toda la fuerza disponible

La hipótesis más peligrosa sería que el presidente Putin, próximo al punto culminante, llegara a construir un relato más agresivo, identificando la ayuda de la OTAN y la UE a Ucrania como una agresión de la OTAN a Rusia utilizando a Ucrania, lo que podría llegar a degenerar en una «amenaza existencial» que pudiera requerir el uso de toda la fuerza disponible -incluida la nuclear- sobre el territorio de Ucrania, siempre sin agredir directamente a un país miembro de la OTAN.

El 9 de mayo se celebra la victoria en la gran guerra patria, la derrota del nazismo por parte de los aliados de la II Guerra Mundial, de la que, unilateralmente, se apropia la Federación Rusa como heredera de la Unión Soviética. Una guerra que costó más de 24 millones de muertos únicamente a la URSS y, de los cuales, al menos cinco millones, fueron ucranianos.

Lo que veremos en la plaza Roja de Moscú es probablemente la exaltación de un relato heroico, el otro, que mantiene y permite continuar el esfuerzo bélico de un país enorme que va camino de agotar todo su potencial humano y material en un conflicto que no le va a beneficiar en modo alguno y que le ha convertido en un verdadero apestado internacional. Triste Realpolitik del tercer decenio del siglo XXI donde la fuerza de la razón cede el paso a la razón de la fuerza. 


Francisco José Gan Pampols es teniennte general del Ejército de Tierra en situación de reserva.