«No tengo piedad de ellos. Quiero que vivan lo que nosotros vivimos”. Ruslan reside en Zaporiya, la capital del oblast (región) que la Federación Rusa acaba de anexionarse de forma ilegal tras un simulacro de votación. Antes de la invasión rusa del 24 de febrero de 20221 vivían en la ciudad unas 700.000 personas. La ciudad, cercana a la central nuclear más grande de Europa, en Enerhodar, está sometida a los bombardeos rusos día tras día. Este pasado fin de semana fueron muy intensos. El martes ha muerto una persona. “El enemigo continúa aterrorizando a los civiles de Zaporiya. Un ataque con 12 misiles S-300 alcanzó instalaciones públicas, una escuela, un dispensario y un concesionario de automóviles”, ha señalado la administración militar en su canal de Telegram. 

En las últimas dos semanas han muerto 73 personas en Zaporiya y más de 200 han resultado heridas, según la jefatura de la policía de la región. Es el epicentro de los ataques con misiles de la Federación Rusa.

Ruslan y su familia no querían mudarse cuando ocurrió la invasión a gran escala. Zaporiya está a treinta minutos del ejército invasor ruso, que tiene bajo su control la central de Enerhodar desde marzo pasado. Los ataques con misiles a los edificios residenciales son constantes. Son los primeros que temen una desastre nuclear. Hace un mes empezaron a repartirse pastillas de yodo y planes de emergencia.

El domingo el balance fue dramático. Los misiles rusos mataron a 17 personas que dormían plácidamente en sus viviendas y 89 resultaron heridos. Zaporiya volvió a ser bombardeado el lunes, cuando toda Ucrania ha sufrido una ofensiva aérea masiva, en represalia por la explosión en el puente de Kerch, que une Crimea con Rusia.

Aunque hay fuentes que apuntan que estaba ya planeado anteriormente para acallar a los halcones del Kremlin, que quieren que Putin siga por esa línea y deje a Ucrania sumida en el terror y en la oscuridad. Las infraestructuras energéticas fueron un objetivo prioritario en este ataque masivo de Rusia. 

“En mi tienda, las ventanas se rompieron porque un misil cayó bastante cerca de donde trabajo”, dice Ruslan. Su conexión es inestable porque muchas redes móviles están sobrecargadas en Ucrania en estas jornadas , ya que las personas intentan comunicarse con sus familiares en todo el país. “Traté de convencer a mi esposa y a mi hijo de que se fueran de la ciudad hace unos meses porque era demasiado peligroso, pero decidieron quedarse”, señala. “Mi hijo está a punto de graduarse de la escuela secundaria y mi esposa trabaja en la biblioteca. No querían ir a ningún lado”.

En la primavera Zaporiya era una de las ciudades donde iban a parar los que huían de enclaves asediados como fue el caso de Mariúpol. Fue la primera escala de los primeros liberados de Azovstal. Hubo en su momento decenas de miles de refugiados procedentes de todo el sureste del país.

«Rusia, Estado terrorista»

Ruslan tampoco quería dejar su ciudad natal cuando comenzó la guerra; y decidió quedarse incluso cuando Rusia comenzó a aterrorizar a Zaporiya diariamente. “Es bastante irónico que hace solo una semana Putin anunciara que se anexionó Zaporiya y que es parte de Rusia”, dice Ruslan. «Y, sin embargo, siguen bombardeándonos todos los días. Si nos consideran Rusia, ¿por qué nos bombardean? ¡Son un puñado de terroristas! Rusia es un Estado terrorista, y cualquiera que vea lo que hemos visto aquí en Zaporiya les dirá lo mismo2, continúa. 

La singularidad de Zaporiya

Según explica Serhii Hrabskyi, experto militar ucraniano, en Television Service of News (tch, en ucraniano), «Zaporiya es un elemento bastante singular de nuestra defensa. Habiendo perdido la capacidad de llevar a cabo operaciones activas en la orilla derecha del Dnipro (Jersón) el enemigo sólo tiene una oportunidad de afectar de algún modo a la situación e intentar conseguir algunos resultados desplegando sus tropas en la orilla derecha. Desgraciadamente, Zaporiya es la única zona donde todavía es posible. Tras el éxito en Jersón y Nova Kajovka, Zaporiya es la única zona en la que los invasores pueden cruzar el Dnipro y llegar a la orilla derecha del río. Por eso el enemigo lleva a cabo estos bárbaros ataques contra las ciudades y pueblos para crear las condiciones previas a la futura campaña ofensiva».

Según el experto, estas acciones son puras actividades terroristas. «Existe una curiosa creencia común entre la cúpula militar del enemigo. En realidad es algo que ya presenciamos en Mykolaiv. Por alguna razón, esperan que los civiles empiecen a exigir la retirada de las unidades militares de la ciudad. Creen que estos ataques destruyen nuestra organización de retaguardia».

Ruslan está lleno de ira contra los atacantes rusos. “Están tratando de asustarnos, aterrorizar a la gente, y por eso destruyen lo que pueden y nos matan. Saben que no pueden ganar, así que mientras tanto quieren matar a tantos ucranianos como puedan”.

No tengo piedad de ellos. Los rusos disfrutan matando ucranianos. Solía tener amigos en Rusia, pero ahora todos celebran la guerra»

ruslan, de zaporiya

“No tengo piedad de ellos. Los rusos disfrutan matando ucranianos. Solía ​​tener amigos en Rusia, pero todos han estado celebrando el genocidio de los ucranianos. Les gusta lo que está haciendo su gobierno y celebran la guerra”, apunta con perplejidad. 

Ruslan ha estado administrando una pequeña tienda de productos lácteos, pero no está seguro de poder mantenerla abierta. Sin embargo, a la gente le gusta mucho su lugar y todavía tiene clientes, por lo que quiere mantener en pie el negocio.

«Hay misiles y explosiones todos los días ahora. Yo tiemblo cada vez, y me asusto, pero también sé que tengo que seguir trabajando para mi gente. No puedo abandonar mi hogar así. Nadie quiere ser un refugiado”. Y rememora la última vez que vio cerca la muerte. «Recuerdo la explosión cuando se rompieron las ventanas de mi oficina. Me caí al suelo y recé para vivir. Si no dejé mi ciudad entonces, no creo que lo haga nunca», concluye.