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El plan de China para contener las protestas: más vacunas y represión de "fuerzas hostiles"

Aquellos que han acudido a las movilizaciones han recibido avisos: "Usted ha participado en una reunión ilegal"

Vigilancia policial en Pekín

Un furgón y varios coches de policía en una calle del centro de Pekín. EFE

El liderazgo chino y los medios afines siguen sin mencionar la existencia de protestas contra la política de Covid Cero, que el pasado fin de semana se extendieron por más de una decena de ciudades, pero ya se han empezado a tomar medidas para evitar su expansión. Van a combinar una campaña de vacunación dirigida a los mayores especialmente con la represión de «las fuerzas hostiles», es decir, quienes participen en «reuniones ilegales». Algunos, no se sabe el número preciso, fueron detenidos, pero otros han sido identificados y están bajo vigilancia. El presidente chino, Xi Jinping, ha sido el principal defensor de esta estrategia, puesta en cuestión por muchos epidemiólogos, de modo que es vital para Pekín frenar a los descontentos.

Miles de ciudadanos se han lanzado a las calles, a pesar del riesgo que supone este desafío al régimen de Pekín, en Pekín, Shanghai, Guangzhou, Wuhan, Nanjing después de que murieran diez personas en un incendio en un edificio confinado en Urumqi, capital de Xinjiang. En Urumqui la vigilia por los fallecidos se transformó en protesta contra el Covid Cero, y las autoridades que lo impone, y la llama prendió rápido en otras ciudades. Especialmente relevantes fueron las manifestaciones en Shanghai y Pekín.

Las autoridades chinas han visto, aunque no lo muestren, que grandes sectores de la población, tanto jóvenes como mayores, obreros como estudiantes, están hartos con las restricciones. Han sido, por primera vez en mucho tiempo, unas protestas transversales y simultáneas en varios puntos del país. Al mismo tiempo, saben que su sistema sanitario no soportaría un aumento elevado de casos que requieran hospitalización. Y las tasas de vacunación son bajas, sobre todo entre la población anciana, a quienes culturalmente se les profesa más respeto que en la cultura occidental.

De este modo, el Ministerio chino de Sanidad ha presentado un plan para aumentar las tasas de vacunación entre los ancianos, sobre todo entre los mayores de 80 años. Apenas el 40% de los octogenarios han recibido tres dosis. El porcentaje en mayores de 60 años es algo superior, un 68,7%, pero insuficiente, según informa el South China Morning Post. China registró 38.421 casos de Covid el martes. La media de siete días de nuevos casos locales sin síntomas va en aumento: llegó a 31.075 el lunes, la más alta tasa en noviembre. A partir de ahora quien se niegue a vacunarse tendrá que exponer sus razones.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que al menos se hayan recibido cuatro dosis para evitar contagiarse con la variante ómicron. En consecuencia, hay aún mucha población en China que podría sufrir esta enfermedad, casi tres años después de que se detectaran los primeros casos en Wuhan, una de las ciudades donde han estallado las protestas en los últimos días.

China es una excepción en el mundo al aplicar desde el principio una política de tolerancia cero frente al Covid-19. En la mayor parte de los países afectados se alcanzó la llamada inmunidad de grupo. Xia Gang, vicedirector de la Oficina de Prevención y Control de Enfermedades, subrayó la importancia de la vacunación de refuerzo, especialmente para la población mayor.

La experiencia china ilustra con gran claridad la inutilidad del Covid Cero y las limitaciones inherentes a esta intervención en salud pública»

mark woolhouse, univ. de edimburgo, science media center del reino unido

El problema, y eso no lo van a reconocer las autoridades chinas, es que sus vacunas no son tan eficaces como las occidentales. Según Mark Woolhouse, profesor de Epidemiología en la Universidad de Edimburgo, del Science Media Center del Reino Unido,»desde el punto de vista de la salud pública, una opción para China es embarcarse en un enérgico programa de vacunación suplementaria utilizando vacunas importadas más eficaces. Pero la respuesta de cualquier país al Covid tiene inevitablemente una dimensión política, por lo que es posible que esto no ocurra. Si no ocurre, es difícil ver cómo terminará el ciclo de incursiones del virus y de cierres durante meses, incluso años». Añade Woolhouse cómo la experiencia china «ilustra con gran claridad la inutilidad del Covid Cero y las limitaciones inherentes a esta intervención de salud pública».

Dos dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech aportan un 90% de protección mientras que la china Sinova evita la enfermedad grave o la muerte en un 70% de los casos.

A pesar de ir contracorriente, las autoridades sanitarias chinas han asegurado que las normas han de perfeccionarse en consonancia con las llamadas «20 medidas» del Consejo de Estado, anunciadas a primeros de noviembre. Mantienen que no habrá una relajación, aunque sí una adaptación en determinados enclaves.

En todo caso, el liderazgo chino ha culpado a los gobiernos locales por los recursos utilizados para frenar las infecciones y por ser opacos a la hora de aplicar las medidas de bloqueo, pero siempre sin mencionar las movilizaciones.

«Algunos gobiernos locales adoptan un enfoque único y toman medidas políticas excesivas que han desatendido las demandas de los ciudadanos», ha dicho el portavoz de la comisión, Mi Feng. Las prórrogas habrían sido «imprudentes».

En realidad, sí se han relajado algunas restricciones en algunos lugares, como en la provincia de Guangdong, con el fin de que reducir el impacto en la vida cotidiana. Algunos manifestantes denunciaban con las hojas en blanco la censura (una metáfora de todo lo que querrían decir y no pueden) pero también otros eran muy concretos: «Queremos ir al cine».

«Actividades de infiltración y sabotaje»

La principal agencia de seguridad china ha pedido que se reprima a las «fuerzas hostiles» sin citar explícitamente las protestas. La Comisión Central de Asuntos Políticos y Jurídicos del Partido Comunista, que supervisa la aplicación de la ley nacional en toda China, ha señalado, a través de la agencia Xinhua, que es «necesario reprimir las actividades de infiltración y sabotaje de las fuerzas hostiles de acuerdo con la ley».

En Shanghai y Pekín, la policía seguía patrullando aquellas zonas en las que se habían convocado reuniones a través de Telegram. Muchos de los que participaron en las protestas el fin de semana han informado a la BBC que la policía se ha puesto en contacto con ellos. Ignoran cómo han descubierto sus identidades.

Quienes no contestaban al teléfono se encontraban con la visita de la policía en sus domicilios. La advertencia era seria: «Usted ha participado en una reunión ilegal».

Precisamente un reportero de la BBC, Ed Lawrence, fue retenido unas horas y previamente fue golpeado por la policía en Shanghai. El embajador chino en Londres fue llamado a consultas. Un portavoz del gobierno chino dijo que el periodista no se había identificado y estaba realizando acciones que iban más allá de su trabajo.

Las fuerzas de seguridad pedían los móviles a los viandantes para confirmar que no tenían redes privadas virtuales (VPN) y para revisar sus mensajes en Telegram, red social a la que no se puede acceder por la red china. La mayoría de los ciudadanos chinos tienen limitado el acceso a las VPN.

Rápidamente se han difundido mensajes con ajustes para borrar rápidamente los datos del móvil. «Qué hacer si te roban el teléfono o te lo quita la policía», señalaba un mensaje. Van a tratar de protegerse para evitar detenciones, pero está claro que el sistema de vigilancia en China funciona.

Xi Jinping ha arriesgado mucho, incluso el crecimiento económico del país. El empleo juvenil ha llegado al 20%. Ya quedó claro en el XX Congreso del Partido Comunista que se reafirmaba en la tolerancia cero al Covid. Entonces promovió al responsable del cierre de Shanghai, Li Qiang, como número dos. El liderazgo chino no puede permitirse que se ponga en duda su infalibilidad.

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