Apenas un mes después de que Xi Jinping lograra su tercer mandato como presidente, el líder chino afronta un desafío sin precedentes por las protestas en una decena de ciudades del país por la estricta política de Covid cero. En el último congreso del Partido Comunista Chino se reafirmó ese implacable control sobre quienes padezcan el virus, lo que ha generado un gran hartazgo entre los ciudadanos. Hay más de 300.000 personas aisladas y los contagios superan los 40.000, aunque muchos sean casos leves. El gobierno chino y los medios oficiales mantienen silencio, mientras las bolsas orientales abrían en rojo.

Al menos en una decena de ciudades, entre ellas Pekín, Shanghai y Chengdu, han sido escenario de protestas por estas restricciones a la libertad de movimientos este fin de semana. También hay muestras de disidencia en Langzhou, en el noroeste.

En Shanghai hubo quienes gritaron consignas contra Xi. En consecuencia se han dado enfrentamientos con la policía y los agentes de seguridad. Entre los detenidos, había dos periodistas extranjeros, uno de la BBC, porque las fuerzas de seguridad tratan de impedir que se difundan estas informaciones. Impidieron que realizara su trabajo y luego le retuvieron unas horas. También un cámara de RTVE fue zarandeado.

Este estallido de desobediencia civil, insólito en China salvo en regiones separatistas desde Tiananmen en 1989, se desencadenó después de que se incendiara un apartamento en Urumqi, en Xinjiang. Al menos diez personas murieron entre las llamas. Según los vecinos, las restricciones del coronavirus dificultaron el rescate.

«Hay entre sectores importantes de la población un alto nivel de hartazgo y malestar. Y parece que se está propagando de unas ciudades a otras con rapidez. Puede revelar una quiebra de confianza en las autoridades y su capacidad para resolver de manera satisfactoria los problemas derivados de la pandemia», señala Xulio Ríos, asesor emérito del Observatorio de Política China.

De vigilias a protestas

Primero empezaron vigilas y luego se transformaron en protestas. Fue la espita que hizo que muchos ciudadanos chinos, cansados de aguantar semanas enclaustrados, se lanzaran a las calles. Se exponen a duras penas de cárcel.

En Wuhan, donde surgieron los primeros casos de Covid-19, miles de personas marcharon por un barro comercial, en lo que parece que es la mayor protesta hasta el momento. Destrozaron barreras y tiendas donde se hacen las pruebas PCR.

El fin de semana la situación fue tensa en Shanghai, donde vigilias por los muertos se transformaron en protestas. «Solo queremos nuestros derechos humanos básicos. No podemos salir de nuestras casas sin que nos hagan un examen», decía un manifestante a The Guardian. «La gente de aquí no es violenta, pero la policía la detiene sin motivo. Intentaron agarrarme, pero la gente que me rodeaba me agarró con fuerza de los brazos y me hizo retroceder para que pudiera escapar».

El domingo por la tarde, cientos de personas se reunieron en la zona. Algunos se agitaron con la policía que intentaba dispersarlos. La gente sostenía hojas de papel en blanco como expresión de protesta. El sábado, la gente de Shanghai había coreado: «¡No a las pruebas de PCR, queremos libertad». Insistían: «¡Libertad! Libertad!»

Los incesantes cierres, las cuarentenas, las pruebas masivas y la vigilancia electrónica han producido mucha frustración, especialmente en los jóvenes. En Pekín, la capital, cientos de estudiantes se han concentrando en las universidades de Tsinghua y Pekín. Los jóvenes enseñaban hojas de papel en blanco como señal de su rechazo a la censura impuesta por el gobierno de Xi. El gobierno ha pedido este lunes a las universidades que envíen a los estudiantes a sus casas.

«No queremos pruebas de PCR, queremos libertad», decían los manifestantes en otro punto de la capital, según informa el Financial Times. El lunes la zona, en un canal junto al río Liangma, estaba rodeada de agentes. Toda señal de protesta se había borrado.

Cuando se elimina la pluralidad de sensibilidades en la cumbre del poder político, esas discrepancias se trasladan a la calle»

xulio ríos, asesor emérito del observatorio de política china

«En este tipo de movimientos aparentemente espontáneos la primera reacción es exigir responsabilidad a las autoridades locales, pero hay una asociación directa entre la política de Covid cero y Xi Jinping. Hay una lectura más profunda después del XX Congreso: cuando se elimina la pluralidad de sensibilidades en la cumbre del poder político, esas discrepancias se trasladan a la calle. En China se utilizan los movimientos sociales para expresar una contestación que tiene apoyo en una corriente del partido», apunta Ríos. «Hay que ver si se calma la ansiedad en esos sectores de la población o se propagan las protestas aún más».

En el XX congreso del Partido Comunista de China, Xi Jinping mantuvo las restricciones estrictas para evitar la propagación del coronavirus. Si ahora se retracta dará una imagen de debilidad, pero si se mantiene corre el riesgo de que estas protestas se extiendan y se agraven. Tendrán un efecto bumerán que será difícil ocultar incluso con las restricciones a la libertad de expresión.