El 23 de mayo de 1992 el juez antimafia Giovanni Falcone conducía un Fiat Croma blindado de color blanco por la autopista que une las ciudades sicilianas de Trapani y Palermo. A su lado iba su mujer, Francesca Morvillo, magistrada en el Tribunal de Menores, y de cerca les seguían en otro vehículo tres miembros de su escolta. El reloj marcaba exactamente las 17 horas, 56 minutos y 48 segundos cuando mil kilos de explosivo TNT, que estaban escondidos debajo de la carretera, fueron activados justo cuando el vehículo de Falcone pasaba por encima. El estallido mató a los cinco ocupantes de los dos coches, provocó un cráter de cuatro metros de profundidad en la carretera y fue incluso registrado como temblor por el Instituto Nacional de Geofísica de Monte Cammarata.

En aquel momento Falcone tenía 53 años y se había convertido en el azote de la mafia. Seis años antes había conseguido un hito sin precedentes: sentar en el banquillo y condenar a más de 300 mafiosos en el conocido como maxiproceso de Palermo. Solo 57 días después de su asesinato su compañero Paolo Borsellino, otro de los jueces antimafia más conocidos, perdía la vida junto con cinco de sus escoltas al estallar un coche bomba cargado con explosivos frente a la casa de su madre. Aquellos asesinatos sacudieron a la sociedad italiana y enfrentaron directamente al Estado con sus responsables: la mafia siciliana de la Cosa Nostra.

La orden de acabar con la vida de los dos magistrados la dio Totò Riina, apodado La Bestia, que en aquel entonces era el capo supremo de la Cosa Nostra y que ha pasado a la historia por ser uno de los líderes más sanguinarios y despiadados. Pero no fue el brazo ejecutor de las muertes. «La persona que puso el artefacto en la autopista fue Matteo Messina Denaro, siguiendo las órdenes directas de Riina», asegura la jueza Yolanda Pardo, que explica que su papel en el asesinato de Borsellino no está tan claro, aunque se cree que también colaboró.

Pardo ejerce como jueza en Barcelona desde hace una década, pero conoce profundamente los entresijos de la mafia, que comenzó a estudiar durante sus estancias en las universidades de Palermo y Nápoles. En 2020, de hecho, escribió Las Mafias italianas: un estudio criminológico y de los principales procesos judiciales. Descuelga el teléfono admitiendo que está «emocionada». No es para menos, porque este miércoles las autoridades italianas confirmaron el histórico arresto de Messina Denaro. El mafioso siciliano llevaba tres décadas en paradero desconocido, un periodo en el que le había dado tiempo a erigirse como el líder de la Cosa Nostra y de ser condenado a varias cadenas perpetuas a las que ahora, por fin, hará frente.

«Es un golpe muy importante. Era el último capo de la vieja Cosa Nostra. En Italia hay una gran emoción«, asegura Pardo, que explica que ha estado durante todo el día en contacto con antiguos amigos de su etapa en el país transalpino: «Me han dicho que hay gente que ha salido llorando a la calle por esta captura. Falcone y Borsellino fueron jueces muy amados por el pueblo».

Periodo de incertidumbre

«El territorio siciliano da para esconderse y vivir como un pastor. No es tan abrupto como Reggio Calabria, pero la omertà -la ley del silencio- y la comunión con el pueblo te permite estar escondidos años. Hay pueblos enteros bajo la omertà. Los habitantes les dan alimentos o medicina y ahí no se puede meter nadie», asegura Pardo. Lo cierto es que el historial de mafiosos fugados de la justicia durante años sin dejar rastro es enorme. Sin ir más lejos Bernardo Provenzano, antecesor de Messina Denaro al frente de la Cosa Nostra, estuvo 43 años en paradero desconocido. Y su propio padre, Don Ciccio, que fue un capo local de la Cosa Nostra, estuvo los últimos ocho años de su vida fugado de la justicia, hasta su muerte en 1998.

Según explica Pardo, en realidad Messina Denaro no estaba destinado a ser el gran capo de la Cosa Nostra. Pero los que sí lo estaban fueron cayendo uno a uno, y su relación con Riina, que le consideraba su brazo derecho, terminó por hacer el resto. «En los años 80 la Cosa Nostra aúpa a Messina. Fue un periodo en el que la sangre circulaba como quería. Palermo parecía Beirut. Ibas a tomar una pizza a un restaurante y podías salir por los aires», asegura la jueza.

Más allá de su relación con la muerte de los dos jueces, Messina Denaro es recordado por el asesinato de Giuseppe Di Matteo, un niño de apenas 13 años hijo de un pentito (el nombre que reciben los mafiosos que se arrepienten y colaboran con la justicia). El pequeño fue secuestrado durante 779 días y finalmente estrangulado hasta la muerte. Su cuerpo fue disuelto en ácido. Todo como castigo a su padre por su traición. «Aquello conmocionó a la opinión pública. La Cosa Nostra no mataba ni a niños ni a mujeres, era el código de honor. Pero ahí se empieza a romper, comienzan las guerras entre mafias y se llevan a quien sea por delante», afirma Pardo. 

Messina Denaro era considerado el líder de la Cosa Nostra desde la detención en 2006 de Bernardo Provenzano, que a su vez había relevado a Riina en 1993 al frente de la organización. Su arresto es un golpe casi definitivo a la antigua estructura de la Cosa Nostra, que ha cambiado mucho con los años. «Como dice Roberto Saviano, «ahora dispara menos pero controla más», recuerda Pardo que considera que lo que está claro es que «ha acabado una etapa». Ahora la organización criminal está descabezada y se encuentra ante un periodo de incertidumbre: no se conoce quién puede ponerse al frente ni de qué manera se agruparán. Pero nadie duda de que lo harán. Más de 150 años de historia en el crimen organizado les avalan. 

Tres décadas después puede decirse que los asesinatos de Falcone y Borsellino quizás no fueron un movimiento muy inteligente por parte de la Cosa Nostra, que ha ido perdiendo jerarquía e importancia a base de duros varapalos judiciales e investigaciones policiales. Si bien hoy en día sigue teniendo gran influencia, ha perdido el liderazgo como la principal mafia italiana en favor de la ‘Ndrangheta, la mafia de Calabria, que actúa de manera mucho más sutil. «Se les fue el control de las manos con los asesinatos a los jueces. Han jugado siempre con el respeto del pueblo y con la omertà, por eso se hicieron grandes. Y no esperaban que la ciudadanía empezara a serles infieles. Pero por primera vez los héroes fueron dos jueces, y no un capo. Fue un antes y un después. Se equivocaron y lo saben«, concluye Pardo.