Caracas vive una paradoja estos días que parece diseñada para quebrar ​hasta la más férrea de las voluntades: Nicolás Maduro ya no está, pero el poder —los resortes, el aparato de seguridad o ​el petróleo— sigue en manos del mismo entramado que lo sostuvo. La captura y traslado del dirigente chavista a Estados Unidos abrió un escenario inédito y explosivo: una presidencia interina encabezada por Delcy Rodríguez, señales de “cooperación” condicionada con Washington y, al mismo tiempo, una oposición que debe decidir si se reagrupa alrededor del mandato de las elecciones presidenciales de 2024 o si acepta que la nueva geometría del poder impone una negociación con las autoridades que la divide de facto.

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En ese tablero, María Corina Machado ​l​ibra una partida existencial. No porque haya perdido el apoyo social que le otorgaron las primarias y la campaña que culminó con la victoria de Edmundo González Urrutia —presidente electo para la oposición​, desterrado en Madrid—, sino porque, con Maduro fuera de escena, algunos actores internos vuelven a​ barruntar una vieja tentación: la de gestionar espacios dentro del Estado y convertir la interlocución con el poder real en una plataforma para disputar el liderazgo opositor.

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Oposición heterogénea

En esa nueva y cambiante realidad, la oposición venezolana -fatigada, perseguida y fragmentada entre la resistencia intramuros del país y el exilio- podría volver a discutirse a sí misma. “La oposición está unida”, señala en conversación con El Independiente Benigno Alarcón, fundador y  director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica de Caracas. “Lo que pasa es que hay actores de oposición que básicamente apostaron a su supervivencia y se alejaron de la oposición y pactaron con el Gobierno. Pero digamos que los partidos principales de oposición, los que ganaron, por ejemplo, la elección parlamentaria d​e 2015 y los que ganaron la elección presidencial de 2024, se mantienen totalmente cohesionados”.

Corina Machado llega a este punto como la dirigente opositora con mayor legitimidad popular y capacidad de movilización, pero también como la figura que más apostó, a cielo abierto, por la presión de Trump. Y ahora el presidente estadounidense, que se adjudica la 'captura' de Maduro y presume​ propios de​ los tímidos avances en ​l​a liberación de​ los presos​ políticos, ha decidido que la primera etapa pase por Delcy, no por Machado.

La oposición venezolana que tiene a la premio Nobel de la Paz como su rostro no es, sin embargo, monolítica. Alarcón insiste en la diversidad como dato estructural, no como excepción: “Es una oposición diversa ideológicamente. En lo que es la plataforma unitaria, que ha sido la alianza opositora por excelencia, hay partidos de todo tipo, de derecha e izquierda”. Y en medio de esa heterogeneidad, “María Corina Machado no forma parte de la plataforma unitaria, pero obviamente es la que la lidera porque ganó la elección primaria d​e 2023”.

El problema ahora en las filas opositoras es que la ​salida forzada de Maduro la ha logrado Trump, el mismo que la recibirá esta semana en Washington después de descartarla para liderar el país caribeño. ​En declaraciones a este diario, Rafael Uzcátegui, sociólogo y defensor de derechos humanos exiliado en México, lo formula con esta imagen: “La oposición mayoritaria está orbitando alrededor de María Corina Machado”. Pero introduce el elemento que explica el nerviosismo interno: “Hay un sector opositor que ahora encabezan Stalin González y Henrique Capriles que ha venido planteando la necesidad de realizar una transición que incluya al chavismo; entonces están dispuestos a colaborar”.​ "Ambas fuerzas tienen ahora una capacidad de influencia relativa, dado que se ha detenido y perseguido a toda la militancia de los partidos pol​íticos​", admite.

En Venezuela, “colaborar” es sinónimo de sospecha. Y por eso Uzcátegui va más allá del diagnóstico y describe la jugada: “Entre tantas cosas en juego la apuesta de Stalin y Capriles es desplazar al liderazgo de Corina Machado siendo protagonistas en este momento de la interlocución con Delcy Rodríguez”.​ Un desafío como diputados de la Asamblea Nacional que, a juicio de Alarcón, tiene un escollo: la legitimidad social. “Si sacas de la ecuación a Edmundo González, que sigue teniendo apoyo por haber ganado la elección del 2024, y a María Corina Machado, ningún opositor cuenta ​a​ día​ de hoy con sus niveles de apoyo”.

La apuesta de Stalin y Capriles es desplazar al liderazgo de Corina Machado siendo protagonistas en este momento de la interlocución con Delcy Rodríguez

El experto también descarta una fractura estratégica en la Plataforma Unitaria y en el bloque que reivindica la victoria de 2024 a partir de los acontecimientos de la última semana: “Para nada. Esa posibilidad no la veo”. Y sobre el debate de fondo, si la oposición se verá obligada a aceptar una negociación que conserve parte del chavismo, es preciso: “Yo creo que sí están dispuestos a amnistías pero no, por ejemplo, a mantener al actual Gobierno en el poder y compartir poder con ellos. Eso está completamente descartado”.

En ese rechazo a compartir poder está el núcleo emocional del machadismo y, a la vez, su mayor dilema de gestión. Porque hoy, tras la salida de Maduro, la continuidad del sistema no se expresa en la figura del ex presidente sino en la estructura del Estado. La administración Trump ha decidido operar sobre esa​ andamiaje a través de Delcy Rodríguez y su hermano, bajo un relato de estabilización económic​a, reactivación de​ la explotación del petróleo vía inversiones de capital extranjero y control de daños.​ La transición política sería la tercera y última fase, sin calendario para elecciones.

Críticas internas a "una jefatura vertical" y reproches cruzados

Ysrrael Camero, historiador y dirigente de Un Nuevo Tiempo, lo describe con una metáfora de dominio colonial: “Estamos ahora en un punto de equilibrio inestable donde Estados Unidos ha reconfigurado el mapa del poder en Venezuela. Decidió apostar por Rodríguez y su hermano para que ejecuten su política de estabilización, reconstrucción de infraestructuras, y extracción de recursos”. “Como si fueran virreyes o capataces de un territorio conquistado”, desliza.

Camero, que no proviene del entorno de Machado, añade dos ideas que se escuchan cada vez más dentro de l​os sectores críticos de la oposición. La primera: el mapa opositor ha mutado hacia una hegemonía cada vez más vertical. “La mesa democrática se transformó en la plataforma democrática, esta se transformó en el comando Venezuela. Hay una hegemonía cada vez mayor del núcleo duro de María Corina. Entonces dejaron de ser organismos deliberantes de decisión a ser efectivamente una jefatura vertical y eso también generó unas tensiones internas”.

La posición en la que están, la Asamblea Nacional, se las regaló la dictadura

La segunda: la exclusión de quienes decidieron competir en elecciones posteriores al 28 de julio terminó de abrir la herida. “Los actores que decidieron participar en las elecciones posteriores al 28 de julio fueron excluidos o expulsados de la plataforma unitaria y algunos acusados de traidores”. El resultado es un archipiélago de oposiciones, con una diferencia crucial: quién está en el centro del relato y quién está en la periferia del poder real.​ Camero traza​ la radiografía con precisión: existen actores opositores dentro del entramado institucional con “un gobernador, algunos alcaldes​ y una microfracción parlamentaria en la nueva Asamblea Nacional”. Esos actores, dice, están “tratando de dar una pelea” por presos políticos y por una ley de amnistía, pero “a efectos prácticos… está en la periferia de los centros de decisión”.

Esa periferia, sin embargo, puede convertirse en centro si Delcy decide utilizarla como instrumento de legitimación. Y si Washington decide que esa interlocución es útil para vender una transición ordenada sin ruptura. Paola de Alemán, dirigente de Primero Justicia -un partido opositor de centroderecha del que Capriles fue expulsado en abril de 2025- ​r​ecalca que “en Venezuela la oposición real está unida en torno a Maria Corina Machado y al espíritu del 28 de julio, representado en el presidente electo Edmundo González Urrutia”. Define esa oposición real desde dos coordenadas. Una, democrática: “cuenta con la legitimidad democrática de los votos”. Otra, soberana: “representa los intereses del país (no depende de ninguna otra fuerza; ni de la dictadura, ni de EEUU)”.

Y a partir de ahí descalifica al resto​, desvelando descarnadamente los reproches: “Existen otros actores políticos que forman parte de las instituciones del gobierno de facto, que hoy es tutelado por Estados Unidos, y su trabajo es simular ser oposición. Sin embargo no lo son”. “Y no lo son por dos -apostilla- por dos razones: la posición en la que están (Asamblea Nacional) se las regaló la dictadura. No tienen votos que soporten la silla en la que están sentados. Es decir: no tienen legitimidad democrática; y, segundo, en principio, antes del 3 de enero, el espacio les fue concedido por la dictadura para simular ser oposición frente a Maduro. Después del 3 de enero, deberán responder a los intereses de la dictadura tutelada de Delcy Rodriguez, que no necesariamente son los intereses del país”.

A su juicio, “el 5 de enero Delcy Rodríguez juró como Presidente temporal y eso activa unos tiempos constitucionales”. “Los venezolanos debemos apalancarnos en la presión de fuerza que ofrece la administración Trump para volver ‘de la ley a la ley'. En ese sentido, deberíamos tener elecciones presidenciales en -más o menos- siete meses”, arguye. “Debemos aprovechar este tiempo para: liberar a todos los presos políticos; hacer reformas institucionales que nos permitan cuanto antes restablecer nuestros derechos político-electorales: legalizar partidos políticos, habilitar políticos inhabilitados, restablecer libertad de expresión, nombrar nuevo CNE,  permitir el regreso de los exiliados...; y abrir el espacio cívico y permitir al país en ingreso de organizaciones internacionales de derechos humanos”, ​e​numera.

Esperando a Trump

En esa misma dirección se mueve otra pieza que ha agitado a la oposición: el encuentro entre Trump y Machado en Washington la próxima semana, tras días en los que el propio Trump aseguró que no la apoyaría para liderar el país, alegando que carece de “apoyo o respeto” dentro de Venezuela. Esa reunión aparece atravesada por el episodio del Nobel. Machado, ganadora del ​g​alardón, ofreció a Trump compartirlo como gesto de gratitud. Trump dijo que sería “un gran honor” aceptarlo. Y el Instituto Nobel noruego salió al paso para recordar que el premio no puede revocarse, compartirse ni transferirse.

Lo anecdótico se volvió político. Porque la escena sirve como prueba de cargo para los críticos internos del machadismo: la oposición no sólo está subordinada a Washington; está atrapada en el ego del presidente estadounidense. Camero lo dice con crudeza: “Todo lo que está haciendo María Corina y compañía es más que todo una disputa por conquistar la voluntad de Trump, que se convierte como el gran decisor. Y eso es una señal profunda de debilidad”.

Todo lo que está haciendo María Corina y compañía es más que todo una disputa por conquistar la voluntad de Trump, que se convierte como el gran decisor. Y eso es una señal profunda de debilidad

Francisco Rodríguez, investigador del Center for Economic and Policy Research, plantea en una tribuna en el New York Times una tesis incómoda para la oposición: la popularidad de Machado no está en discusión, pero la viabilidad de gobernar sí podría estarlo en el marco de una transición que no desmonte las instituciones del chavismo. El autor insiste también en el maximalismo de Corina Machado que algunos le discuten internamente. “Incluso si Trump hubiera intentado reformar el sistema de gobierno de Venezuela y hubiera permitido que su partido tomara el poder, es posible que Machado no hubiera sido la líder adecuada. Su rechazo al compromiso con los miembros moderados de la oposición habría sido un obstáculo particular, ya que ese grupo tiende a desempeñar un papel crucial en las transiciones a la democracia”, esgrime Rodríguez.

El analista plantea que si Estados Unidos optó por extraer a Maduro sin ocupar ni rehacer el Estado, entonces ha elegido trabajar, al menos temporalmente, con un aparato diseñado por el chavismo. Y en ese marco Machado, que construyó su liderazgo sobre el rechazo frontal a esa estructura, deja de ser una figura compatible para la primera etapa. Lo cual no la vuelve menos legítima, pero sí menos operativa en el diseño estadounidense.​ Una ​c​onstatación que golpea en el centro del dilema opositor. ​Para Uzcátegui​, "en este momento la estrategia maximalista está descompuesta por la interlocución de Trump y Delcy”

Pero el sociólogo añade otra intuición que atraviesa ​los pronósticos: esa relación con Estados Unidos “va a generar tensiones a lo interno del chavismo”. Delcy, por más poder que acumule, sigue operando sobre un sistema de lealtades construido en torno a Maduro y al relato antiimperialista. La estabilización, el petróleo y la interlocución con Trump son dinamita dentro del ​G​obierno. Y esa dinamita podría abrir una rendija para la oposición si sabe leer el momento. “Por ahora, a la oposición los une el sentimiento de haber sido ‘traicionados’ por Trump”. Y también la persecución que han sufrido del régimen​, comenta. “Yo veo muy difícil que el nuevo gobierno cese la persecución contra ese sector… Eso también cohesiona”.

Algunos observadores han destacado el rechazo que Corina Machado suscita entre las fuerzas armadas pero Alarcón lo rebate. “Desde la elección de 2024, los militares en Venezuela votan. En aquella cita el Gobierno perdió las elecciones en todos los cuarteles donde había mesas de votación. Para la Fuerza Armada, Corina Machado no sería un problema. Obviamente, la cúpula de la Fuerza Armada no ve con buenos ojos que la oposición -cualquiera que sea- tome el poder, porque ellos básicamente son leales al actual Gobierno. Otra cosa es cómo se piensa en los mandos operativos y de ahí hacia abajo”.

En un momento volátil e incierto, Machado juega en un terreno extraño: no en eleccione​s​ ni primarias, ni siquiera en una negociación tradicional con el chavismo, sino en la capacidad de reconfigurar su estrategia frente a un “nuevo régimen” dentro del viejo régimen. Un chavismo sin Maduro pero con instituciones, recursos y coerción. Un país sin dictador pero con dictadura, como resume Camero: “Nos quitaron el dictador y nos dejaron la dictadura”.​ En esa Venezuela, los actores que quieren negociar con Delcy no son necesariamente mayoría, pero sí pueden ser funcionales. 

María Corina Machado ha demostrado una coherencia y una firmeza que hasta ahora no ha tenido ningún otro liderazgo, y eso la gente lo reconoce

Otro de los factores, como ​s​ugiere Uzcátegui, es que “una mejora de la economía puede tener resultados políticos”. “Esa es la apuesta de los Rodríguez ahora. Las polémicas decisiones en materia económica que promueve Trump para Venezuela están siendo ejecutadas, en principio, por el chavismo”, apunta. La estabilización puede reordenar incentivos y fracturar tanto a la oposición como al propio bloque gobernante.

Sobre la posibilidad de que surja un liderazgo nuevo, sin herencias del pasado, que pueda eclipsar a Corina Machado, Alarcón reconoce dudas: “Nada es imposible, pero con toda franqueza me cuesta mucho verlo”. “El mejor momento para que eso pasara sería entre el 2024 y el 2026, donde la oposición ganó una elección y no pudo cobrar el resultado electoral, el Gobierno siguió gobernando. Estaba el terreno fértil para que apareciera alguien más, y resulta que ese alguien más no apareció. La realidad es que por ahora no veo ni tan siquiera a nadie asomarse que pueda ser esa persona”, arguye.

“Y la razón por la cual no ha surgido y veo difícil que surja un liderazgo que desplace a María Corina Machado, es porque ella ha demostrado una coherencia y una firmeza que hasta ahora no ha tenido ningún otro liderazgo, y eso la gente lo reconoce. Esa es la razón por la cual, a pesar de no haber podido tomar el poder, la gente sigue esperando que lo pueda hacer”, opina. Para Uzcátegui, Corina Machado -desde diciembre en el extranjero- tiene aún posibilidad de no verse arrastrada por la corriente adversa: “Si define una estrategia de abordaje a esta situación puede seguir siendo la líder de ese sector mayoritario, por ahora. Hay juego, y hay dos equipos en la cancha con la pelota”, concluye.