Marine Le Pen se juega mucho en el tribunal de apelación de París. Su futuro político depende de su decisión. Y su plan sería presentarse a las presidenciales el año próximo si la corte lo permite. La sentencia del tribunal de primera instancia, de marzo de 2025, fue severa. Cuatro años de prisión, dos de ellos suspendidos (durante el resto del tiempo deberá llevar una tobillera electrónica), 100.000 euros de multa y, sobre todo, cinco años de inhabilitación. Todo ello por organizar un sistema de malversación de subvenciones del Parlamento Europeo, que financió durante dos décadas las actividades de su partido, Reagrupación Nacional, en Francia.

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Le Pen cree que hay "una pequeña posibilidad" de que el tribunal la declare inocente o, al menos, le devuelva el derecho a participar en la carrera electoral por el Elíseo. Ella insiste en su inocencia y en primera instancia se presentó como una víctima política pero no tuvo éxito. La corte de apelación puede mantener la culpabilidad pero suspender la aplicación preventiva de la inhabilitación. Eso le permitiría aspirar al Elíseo por cuarta vez. El juicio durará un mes y se espera que la sentencia se conozca en verano.

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La líder de la extrema derecha se ha estado preparando para la batalla final por la jefatura del Estado desde 2011, cuando tomó el relevo de su padre al frente de la extrema derecha francesa e intentó "normalizarla". Es cierto que ya ha sufrido tres derrotas en las elecciones presidenciales, pero en cada una de ellas ha aumentado radicalmente el número de votos obtenidos. En 2022 obtuvo el 41,45 % de los votos. Nunca había estado tan cerca del éxito. 

El plan B de Bardella cobra fuerza

Sin embargo, en esta recta final no solo tiene problemas con la ley. Los franceses también están empezando a darle la espalda. Un análisis exhaustivo de la opinión pública encargado por el diario Le Monde muestra que los escándalos de corrupción han dañado gravemente la imagen de Le Pen. Solo el 36 % de los encuestados considera que "ha sido tratada por los tribunales con más severidad que el francés medio". La estrategia de víctima de la justicia que adoptó tras la sentencia condenatoria en marzo no ha funcionado.

Los votantes no solo parecen resignados a que un tribunal superior no absuelva a Le Pen, sino que incluso consideran que el "plan B" será más eficaz. El plan B se llama Jordan Bardella, líder de facto del partido a sus 30 años. El 49 % de los encuestados por encargo de Le Monde cree que Bardella "tiene más posibilidades de ganar" en 2027 que Le Pen, y solo el 18 % opina lo contrario. Estos sentimientos son especialmente evidentes en el electorado de extrema derecha. Aquí, hasta el 70 % apuesta por el actual líder del partido y solo el 20 % por su predecesora. 

¿Cómo se explica este ascenso de Bardella, un joven sin estudios superiores y sin experiencia política en cargos de responsabilidad? Por un lado, la propia Marine Le Pen le cedió las riendas del partido hace años para concentrarse en la carrera presidencial. Ha estado favorecido por los medios afines a la ultraderecha. Domina las redes sociales y así llega a los jóvenes, sobre todo con sus videos en TikTok. Ha logrado atraer a las grandes empresas al ofrecer incentivos fiscales. Y no lleva el apellido Le Pen, para muchos asociado al antisemitismo del patriarca.

Marine Le Pen aún conserva la esperanza. Al menos hasta el verano.